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To the Happy Couple
06/20/25 | 1h 9m 32s | Rating: TV-MA
Ana survives Cristina’s attack. She refuses to let her get away with it, but Christina denies having done anything wrong. Clara and Mateo’s wedding is at risk from meddling family and a surprise guest.
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To the Happy Couple
-Ests embarazada?
-Deja ya esta guerra, Cristina.
-Ni lo suees.
Esto acaba de empezar.
-Ana, ahora que Alberto no est, necesitas a alguien que te cuide.
Y estara dispuesto a hacerme cargo de ti y de tu hijo.
-Tendremos que poner orden antes de que vosotros mismos destruyas Velvet.
-Marco!
-Buongiorno a tutti.
-Ay, mi madre!
-Sois de la misma hermandad?
Si es que Dios los cra y ellos se juntan.
-Polito el Gallito.
-El pasado pasado est, no?
Quiero que informes a los empleados de esto.
Mi primer paquete de medidas.
El camino para hacerse con estas galeras es la lealtad.
Comportndose as... -Lealtad?
Y cundo se supone que iba a contarme lo de su embarazo, seorita Rivera?
-Trata de pasar desapercibida.
No la liamos ahora.
Entendido?
-Mateo?
Mateito!
-Madres!
-Ole, ole y ole!
-Qu pasa?
-Que se nos casa tu hija.
-Otra vez?
-No, no, Fernando.
Rita no.
La otra.
-Madre, traigas el vestido de los domingos, eh?
-Pues claro, hija.
Y cul me iba a poner si no?
-Este es un lugar seguro.
Aqu no suele venir nunca nadie.
-Se puede saber qu est haciendo aqu ese hombre?
-Le persigue la polica.
-Cmo?
-Cuando pienso lo mal que me comport contigo y que ahora ests aqu ayudndome.
Te llamar desde Francia en unas horas.
-Entra, que va a salir todo muy bien.
-Y bien?
-Bien qu?
-He encargado de hacer una preseleccin.
Ahora pactar contigo a quien ponemos en joyera.
-Has preguntado a Patricia sobre sus necesidades?
-Me da igual, Patricia.
A m me importan las galeras.
Quiero un juego limpio en Velvet.
-Con Cristina eso es imposible.
Usted y yo nos parecemos ms de lo que cree.
Y se lo voy a demostrar.
-No la quiero aqu, Brbara.
No voy a permitir que ocupe un lugar que no le corresponde.
-No se atreva a echarme un pulso.
-Puedo hacerle la vida muy difcil aqu.
-Me da igual lo que usted haga.
-Mejor.
As no me molestar cuando eche a Ana de las galeras.
-Cuidado, seor Otegui.
Mucho cuidado.
-Acabo de llegar a Londres y lo nico que pienso es que no ests aqu, Ana.
Te echo de menos.
-Esas cartas eran tuyas?
-Mierda!
Si yo no voy a tener un hijo de Alberto, t tampoco.
[grito] [ msica en ingls] -Cristina.
Entra.
Pasa, pasa.
Qu ha pasado?
Ana.
-Ana.
Es Ana, Brbara.
-Qu te ha hecho?
-No, no.
He sido yo.
Discutimos y la... la he empujado por la escalera.
-Cmo?
-Pero qu he hecho?
Qu he hecho?
-Tranquila.
Tranquila.
Tienes que mantener la calma.
-No puedo soportar que vaya a tener un hijo de Alberto.
Brbara, me estoy volviendo loca.
Necesito que me ayudes.
-Cristina, es muy importante que tu hermano no se entere.
De acuerdo?
Ven.
Est bien.
Pero tienes que contarme exactamente qu es lo que ha pasado.
-Fui a su habitacin porque quera... Bueno, no s.
No s lo que quera.
Llegu a su habitacin y no estaba, pero yo entr igualmente.
Y cuando entr, vi encima de la mesa una caja que estaba llena de cartas.
Cientos de cartas de Alberto.
Cientos de cartas dicindole cunto la quera.
Y yo me volv loca de celos.
Brbara, romp todas las cartas, romp todo lo que haba.
Y me fui.
Pero cuando llegu a la escalera me encontr con Ana y... -Te ha visto alguien?
-No lo s.
No lo s.
Estaba muy asustada.
Y cuando la vi tirada en el suelo, inconsciente, sal corriendo.
Y si la he matado?
-No digas eso, Cristina.
-Si soy una asesina, Brbara?
-Cristina, no digas eso.
T no eres una asesina.
Esto es muy serio.
No puedes contarle a nadie lo que ha sucedido esta noche.
De acuerdo?
De acuerdo, Cristina?
-S, s.
A las 7: 30 salimos de las galeras.
Nos fuimos al club de campo a tomar algo y despus te fuiste a tu casa porque estabas agotada.
-Pero si no... -No, pero nada!
Yo no s qu es lo que le habr pasado a Ana.
Ni s qu es lo que va a contar cuando se despierte.
Si es que se despierta.
Pero tiene que ser su palabra contra la tuya.
Contra la nuestra, porque yo estoy contigo, Cristina.
-Yo no s si voy a ser capaz, Brbara.
-Cristina, t quieres que tu hijo crezca en la crcel?
T no has hecho nada, Cristina.
Me oyes?
Nada.
Y ahora te voy a preparar la habitacin de invitados.
Es conveniente que te quedes aqu.
-Qu le vamos a decir a Enrique?
-De Enrique me encargo yo.
Llevamos toda la vida engandonos, as que... esta no ser la primera vez.
-Don Emilio, no hay que adelantar acontecimientos.
Clmese, por favor.
-Cmo quieres que me calme, doa Blanca?
Ha tirado a Ana por las escaleras.
Ha estado a punto de matarla.
Esta mujer tiene que pagar por lo que ha hecho.
Tiene que pagar.
-Don Emilio.
-Qu ha pasado?
-Pues que... -Cristina Otegui ha tirado a Ana por las escaleras.
-Qu?
-Y cmo est ahora?
-El doctor lleva un rato con ella, pero an no sabemos nada.
Solo que hemos encontrado a Ana inconsciente, tendida en el suelo.
-Dios mo.
-Pero ya se ha despertado, as que vamos a intentar mantener todos la calma.
-Respire hondo.
Grese.
Tiene un par de contusiones en las costillas.
Es algo muy molesto, pero no hay tratamiento.
Se curar con tiempo y reposo.
Intente no hacer esfuerzos.
-Y el beb?
-Est perfectamente.
No he notado desprendimiento de placenta y he odo su latido alto y claro.
-Gracias, doctor.
-No me las de a m.
Desde la sal de arriba.
Ha tenido mucha suerte.
Un accidente en su estado... -No ha sido un accidente.
-Cmo dice?
-Est seguro, doctor?
-Ha sido solo un susto.
Ese nio viene fuerte como un roble.
-Muchas gracias, doctor.
Cualquier cosa seguimos en contacto.
-A su disposicin.
-Adis.
Adis.
-Don Emilio, me ha dicho su sobrina que la cada no ha sido un accidente.
-No, seor.
-En ese caso creo que deberan advertir a las autoridades.
-No se preocupe, doctor.
Nosotros nos encargaremos de todo.
-Muy bien.
Adis.
-Adis.
-Don Emilio.
-S, doa Blanca.
-Puede ser muy comprometido para Ana denunciar a doa Cristina.
-S, ya no lo tena nada fcil siendo madre soltera.
-S, pero es que en este caso se estara jugando su puesto de trabajo.
-No, doa Blanca.
Qu dice?
Se estara jugando mucho ms.
Se estara jugando la vida.
-Madre ma, esto es increble.
-De esta mujer me espero ya cualquier cosa.
-Claro, porque est como un cencerro.
-Bueno, ahora lo importante es pensar en ti y en el beb.
Tienes que recuperarte.
-No voy a pasar esto por alto.
-Bueno, gracias a todos por su atencin, pero se ha hecho muy tarde.
Ana tiene que descansar.
Por favor.
Cmo te encuentras?
-Voy a denunciar a Cristina.
S lo que me va a decir, que es muy difcil.
-No, no, no.
Cuenta con mi apoyo.
S, creo que no solo tiene que pagar por lo que ha hecho, aunque para m que ya en parte lo est pagando, sino que hay que impedir lo que pueda volver a hacer.
-Gracias por estar a mi lado.
-Ahora lo que tienes que hacer es descansar.
-Me voy a mi cuarto.
-No, no, no.
T te quedas a dormir aqu.
-Pero el doctor dijo que estoy bien y usted tiene... -Yo lo nico que tengo que hacer es procurar que descanses y nada ms.
Eh?
As es.
[ msica alegre] -Mateo.
Mateo, despierta.
-Qu he hecho para que me traigas el desayuno a la cama?
-No es el desayuno, es el men para la pedida de esta noche.
Tus madres han mandado a Petra con las pruebas para que elijas un plato.
Cul te gusta?
-No s, puedo decidir despus de la ducha?
-No, porque no tenemos tiempo, porque hemos quedado para desayunar.
-Ah, no, el desayuno ese.
Qu pesadas!
-No lo he dicho yo.
Entonces cul?
-Eh... No s, Clara.
No me apetece comer pato confitado a estas horas de la maana.
No s.
Cmo huele, adems!
-Mira que eres raro, hijo.
-A m lo que me apetece desayunar es otra cosa.
Te vienes a la ducha?
-Uy, s, a la ducha.
Que tengo el pelo y todo arreglado ya.
Mateo, Mateo, no.
No, en serio.
Que no me da tiempo.
Que tengo que ir a buscar a mis padres y todo.
Mateo, que no, que no.
-Ven a la ducha.
Mateo!
Me enfado, eh?
No!
Buenos das.
-Gracias, Digna.
-Vaya, vaya.
No se hizo el cielo para vagos y perezosos.
-Lo siento, madre.
Me pas a recoger a Clara y nos hemos encontrado algo de trfico por el camino.
-No te preocupes, hijo.
Ya saba yo que la culpa sera de ella.
Pero venga, pasad.
He dejado a nuestro invitado con tus tas y creo que se tiene que marchar pronto.
-Invitado?
Qu invitado?
Buenos das!
-Mateito, cario!
-Mira, Lady bigotes!
Es Mateo!
-Padre Amancio!
-Mateo, cunto tiempo.
An te echamos de menos en el coro de la iglesia.
El mejor bartono que hemos tenido.
-El mejor, mi nio!
-Estupendo!
-Usted debe ser la prometida.
-S, s, es esa.
-Clara Montesinos.
-Mucho gusto.
-Encantada.
-El padre Amancio oficiar la boda, as que tenemos que empezar ya con los preparativos.
-Bueno, ms que los preparativos, lo esencial es comprobar que llegis convencidos al santo sacramento.
Debe moveros el alma y no la carne.
Hoy en da muchas parejas van a la altar solo para... -Padre, de verdad, eso para nosotros no es ningn problema.
-Mateo.
-Muy bien.
Aclarado eso, me ponis un poquito ms de chocolate?
-Ah, s, claro.
Pero siga, siga, que ya estamos todos.
Un poquito ms de chocolate al padre.
-Todos?
-S, padre, todos, todos.
Y Felipe?
-El canario?
El gato de mi ta se lo comi hace un tiempo.
Ni siquiera la jaula pudo salvarlo.
-Me refera a su padre, Mateo.
-Ah, claro, mi padre.
-No saba que el canario se llamaba como l.
-Menudos pjaros los dos!
-Como dice, Herminia?
-No, no, simplemente que mi marido no se encuentra en casa porque est en el trabajo.
Ya sabe usted que la clnica le ocupa mucho tiempo.
-Me imagino que vendr a la pedida.
No tendr consultas por la noche.
-Por las noches es cuando ms tarea tiene.
-Qu cosas dices, Sagrario!
-Un poquito ms de agua, padre.
-Por supuesto que estar esta noche.
Tuvo que salir a primera hora de la maana por una urgencia en la clnica.
Creo que una primeriza se puso de parto.
-Madre, vamos a por ms buuelitos de chocolate.
No vaya a ser que el padre se quede con hambre.
-Una ensaimada, padre.
-Uy, estn riqusimas!
-Se puede saber a qu ha venido todo eso?
-A qu te refieres, Mateo?
-Ese seor no va a venir a la pedida de mi boda.
-Hijo mo, parece mentira que ests hablando de tu padre.
-Es que no es mi padre!
Nunca lo ha sido y no lo va a ser el da de mi boda!
Pero cmo puede decir todo eso despus de todo lo que le hizo?
-No tena otra salida.
Qu quieres?
Que todo el mundo se entere de que vivimos separados?
-Pero por Dios, madre, todo el mundo sabe que la enga mil veces.
Lo raro sera que apareciese en la boda.
-Pero t qu pretendes, inconsciente?
Quieres que me sealen con el dedo, que me retiren el saludo, que no nos dejen comulgar en la iglesia?
-Pero usted se ha vuelto loca?
Nos dej tirados hace ms de 20 aos!
-No me los recuerdes.
Bastante lo sufr.
Pero es tu padre.
Y si no viene a la iglesia... -Que no!
El que se casa soy yo.
Y no lo quiero ver por ah el da de mi boda.
Ni esta noche aqu tampoco.
Por mucho que se empee, ese cura o usted.
Entendido?
Padre, lo siento, pero se nos han acabado los buuelos.
Y, bueno, Clara y yo nos vamos ya.
-Ya?
-Pero si no habis probado bocado.
-Ya he hablado con mi madre todo lo que tena que hablar.
As que, padre, disclpenos.
Esta reunin era para conocer a la novia y, bueno, misin cumplida.
-Una monada.
-Muchas gracias.
Nos vemos esta noche.
-Que aproveche, padre.
-Muchas gracias.
Un placer, Mateo.
-Pero qu est pasando?
-Un suizo ms, padre?
-Por supuesto.
-Tenga.
-Mateo, no te pongas as.
-Cmo quieres que me ponga?
Estoy cansado de aparentar, aparentar, aparentar.
Siempre igual.
Clara, si ese hombre viene esta noche, no me caso.
-Lo ests diciendo en serio?
-No quiero que mi boda se convierta en otra batalla campal.
Mi padre es un tipo despreciable.
Me dej tirado.
Eso no se lo voy a perdonar jams.
T sabes lo que es cada noche escuchar a tu madre llorar porque no sabamos dnde estaba metido.
Pues suerte la tuya.
-Y eso qu significa?
Que vas a cancelar la boda?
No, si te lo pregunto porque, como mis padres ya estn de camino, pues para decirles algo a ellos.
-Clara, siento de verdad que... -Porque yo entiendo que tu padre te haya hecho dao, pero yo pensaba que esto era importante para ti y para m.
-Lo es.
Clara... -Mateo, interrumpo algo?
-Buenos das, seor Cafiero.
Yo ya me iba.
-Por eso no tengo novia.
-Esto no es asunto tuyo.
-Anda, ven.
Quiero ensearte algo.
De momento creo que con dos dependientes ser suficiente.
Hoy empezarn el training.
Luego ya podrn ellos mismos formar a restos de personal.
-El trni...?
-Entrenamiento.
-Ah, entrenamiento.
De qu?
-Espero no haberme equivocado con usted, seor Infantes.
-No, no, no, seor Cafiero, no.
Lo que pasa es que yo no vena preparado para entrenar, la verdad.
Yo pensaba que me haban seleccionado para el departamento de joyera, pero bueno, si lo que se trata es de jugar a ftbol, yo como delantero no tengo precio, adems, rematando de cabeza.
-Se est haciendo gracioso conmigo?
-No, no.
El seor Cafiero se refiere a una persona que les va a ensear cmo funciona el departamento.
-Ah, muy buena idea.
-Me gustara saber porque nadie me ha avisado de que haba una reunin de mi departamento?
-Buenos das, Patricia.
Creo que seguimos con dificultades para entender que lo que antes era tuyo ahora me pertenece.
-Y yo empiezo a pensar que esas dificultades son que haya una mujer al frente.
-Solo estamos coordinando a los nuevos dependientes, nada ms.
-Ellos?
Sinceramente no creo que ella est cualificada para el puesto.
-Tengo entendido que son familia, cul es el problema?
-Que quiero lo mejor y ella no lo es.
Y usted si va a seguir tomando decisiones a mis espaldas y menoscabando mi autoridad?
-Patricia, basta.
Desde que he llegado, lo nico que he escuchado es queja tras queja.
Este es el nuevo departamento y estos tus empleados.
Si quieres te quedas aqu al frente y si no, ya sabes dnde tienes la puerta.
-Se puede saber qu es tan graciosa?
-No, nada, que lo tiene usted todo controlado.
-Cada uno tiene lo que se merece.
Vamos, Jons?
Nos estn esperando.
-S, ya no tengo nada que hacer aqu.
-Rita.
-Tranquila, mujer.
Si el mdico ha dicho que est todo bien.
-Conoces al padre de Mateo?
-Ese era el padre de Mateo?
-Quin?
-Clara, que me ests haciendo un lo.
Que Ana est mejor y al beb no le ha pasado nada.
-Que no te estaba hablando de Ana, ni... te quera decir que al final... Le ha pasado algo a Ana?
-Venga que te cuente porque vaya, vaya.
A ti qu te ha pasado?
Pero a t tambin?
-Es que ni s por dnde empezar.
[golpes a la puerta] -S?
Seorita Rivera, venga.
Eche un vistazo a esto.
Es la lnea en la que estamos trabajando en Miln.
-Perdn.
-Est bien, seorita?
-No.
Precisamente por eso vena a verle.
Ayer, Cristina Otegui me tir por la escalera.
No sabe la vergenza que me da tener que estar contndole estas cosas.
-Por qu lo hace?
-Porque voy a denunciar a Cristina.
Y quiz la imagen de las galeras se vea perjudicada.
-Haga lo que tenga que hacer.
-Gracias.
-Ana, espere.
Si realmente le preocupa su seguridad y la de su hijo, no creo que lo ms conveniente sea enfrentarse directamente a los Otegui.
A las galeras no les conviene otro escndalo.
Y yo puedo echar a Cristina.
Si me da 24 horas, me ocupar de que ella misma abandone Velvet.
Por las buenas o por las malas.
Confe en m.
Ana.
-24 horas?
Si no, tendr que denunciarla.
-Est bien.
Seora Otegui.
Seora... -Buenos das.
Aunque no lo parezca.
-Dnde est su hermana?
-Todava no ha llegado.
Ocurre algo?
-S.
-Adelante.
Mi hermana es incapaz de realizar un acto.
-Tan seguro est?
Una mujer celosa puede hacer cosas terribles, y su hermana no est en sus cabales.
No puedo permitir este tipo de actos en las galeras.
-Y qu pretende que haga yo?
-Darle a su hermana una salida digna.
Una que nos beneficie a todos.
A usted el primero.
Digamos que entre su embarazo y todo lo sucedido, cualquier mdico la incapacitara para seguir trabajando.
Yo mismo hablara con su padre para ganarse de nuevo su confianza.
Pinselo.
Es por el bien comn.
-Vera, mi hermana no est bien desde hace un tiempo.
Si consiento en hacer esto, que conste que ser exclusivamente para ayudarla.
-No me cabe la menor duda.
Lo dejo en sus manos.
-Brbara.
Ests con Cristina?
Esperadme, que tengo que veros.
-Tu hermano lo sabe.
-Cmo has podido empujar a Ana por las escaleras?
-Cmo?
-Qu, vienes como portavoz de la modistilla?
-Ya est bien.
Anoche encontraron a Ana tirada en el suelo de las galeras.
-Qu barbaridad!
Y cmo se encuentra, la cose bastas?
-Quieres parar de una vez?
-Ayer Brbara y yo estuvimos en el club de campo.
No s cmo te atreves a llegar aqu y acusarme de semejante modo, Enrique.
-Pero de verdad os creis que soy tan imbcil?
-Esa chica ha enloquecido con la muerte de Alberto.
Quiere acabar con mi reputacin, no te das cuenta?
-Cristina, llevas meses as.
Yo no s hasta dnde vas a llegar, pero si hasta te has puesto una barriga falsa, por el amor de Dios, la obsesin con Ana te va a matar.
-No va a parar hasta que consiga arruinar mi vida.
-Ha hablado con Marco Cafiero.
Est de su lado.
Tienes que tomarte un tiempo de descanso.
Conozco un balneario donde hay gente que te podra ayudar.
Est en Francia.
-Te has vuelto loco!
Soy tu hermana, por Dios!
-Ahora s que te has pasado de la raya, Enrique.
-Yo?
Pero si todo esto es culpa tuya.
Todo el da metiendo cizaa y con los planes de venganza, todo el santo da con lo mismo.
-Lo nico que he intentado hacer es ayudar a tu hermana, cosa que t no has hecho.
-Ayudarla?
Has creado un monstruo, muy parecido a ti, por cierto.
-Eres un desgraciado.
-Ten cuidado.
-Enrique, que te quede clara una cosa.
Yo no soy una marioneta en manos de nadie.
Voy a acabar con esto ahora mismo.
Te voy a demostrar delante de ella que todo esto ha sido una farsa.
-Puedo ayudar?
-Dnde est esa?
-Dnde est la mosquita muerta que no contenta con llevarse a mi marido?
Ahora pretende tambin echarme de mi propia casa.
T.
-No tengo nada que hablar contigo, Cristina.
-Pues yo contigo s.
Por qu todo el mundo se tiene que creer todas las mentiras que salen de su boca?
La boca de una embustera que lo nico que quiere es destrozarme la vida.
-Clmese.
-Ests loca.
-S.
Estoy loca por tu culpa.
-Clmese, seora, por favor.
Clmese!
-Don Emilio, djeme.
-No te voy a consentir que me vuelvas a amenazar.
No te tengo miedo.
-Pues deberas.
-Cristina, cario.
-Brbara, djame.
Esta zorra tiene que pagar por todo lo que me ha hecho.
-S!
Hazlo aqu y demustrame a todos quin eres!
-Esto es lo que quieres?
No?
Eh?
Volverme loca?
Quitarme de en medio?
No?
Que me encierren?
Eso es lo que quieres?
Verdad?
Pues enhorabuena, estoy loca porque tu maldita historia de amor me ha vuelto loca.
Basta, seora Otegui!
Basta!
-Cristina.
Ya est.
Ya est.
-Me das pena, Cristina.
[gritos] [ msica en ingls] -Qu mal conduces, hijo!
Hasta el pobre capn se ha mareado.
Verdad que s?
-Qu vena yo bien atento, que si no... -Pues si iba todo el camino dormido.
-Bueno, no seas impertinente.
Toma el capn primero.
-No s yo por qu tenemos que venir a esta cena.
-Fernando.
Yo no he visto a Bigote ese pedirme permiso a m para nada.
Y eso que soy el padre de la novia.
-No te andes salores.
La nia va a casar con una familia de postn.
Y aqu la gente en Madrid es ms moderna.
A m me queda adems plancharme un poquito el vestido antes de ir a la fiesta.
-Si quiere le llevo a algo, eh?
-No.
Bueno, la grande, coge, a ver si puede con ella.
-S, claro, yo saba que lo de Clarita vena de casta.
-Eh?
Me decas algo, hijo?
-No, no, no, no, en absoluto que... Joder!
-Digo yo que en una tienda tan grande pues tendrn plancha y de todo, no?
Adems hay tiempo, las cenas por la noche ya.
Ay, Clara!
Clara, hija!
-Madre!
-Ay, mi nia!
Qu guapsima!
-Pero dnde van con todo eso?
-Hombre!
No iba a venir a la prdida de mano de mi hija con las manos vacas.
-[inaudible] Clarita, que... tu madre no ha visto claro nunca eso de tu boda y ahora que por fin te casas ha tirado la casa por la ventana.
-Y si me caso.
-Eh?
-Que nada, que hoy est siendo un da muy complicado.
Y eso es un capn?
-No, no, no, no es un capn, no.
Es Ricardito, el capn.
-Bueno, qu?
Me enseis tu habitacin?
Quiero aflojar un poco la faja, hija.
-Sabes qu viaje llevo?
-Gracias, hija.
Oye, que sepas, la chatina es para vosotros.
-Ay, qu noche de gases me espera!
-Oigan, y el capn?
-Seor De la Riva, nos conocimos en la cena de la embajada Americana.
-Lo siento, no lo recuerdo.
Llego tarde, perdn.
-Seor De la Riva, dnde ha estado todo el da?
-Ha venido a buscarme, verdad?
-A buscarle a quin?
-Creo que me estn siguiendo desde que he salido esta maana de casa, s, s.
Me llevo esquivando un coche negro todo el tiempo por la calle y ahora le he visto aqu la entrada de las galeras y creo que es la polica, doa Blanca.
-La polica?
Pero qu est diciendo?
-Es que han debido detener a Toni, y creo que me ha delatado.
Ay, Dios mo, yo no puedo ir a la crcel!
-Tranquilcese, nadie va a ir a la crcel.
Seor De la Riva, tranquilcese, por favor.
-Seor De la Riva, podemos hablar un momento con usted?
-Conmigo?
-S, necesitamos hacerle un par de preguntas.
-Seores, quieren acompaarme?
Les llevar a una sala donde puedan hablar tranquilos.
-Le conoce?
-S, Antonio.
Antonio Latorre.
Sus padres y mis padres eran amigos.
-Cundo fue la ltima vez que le vio?
-Hace mucho?
-Una semana?
Un ao?
-No lo recuerdo.
Por qu la pregunta?
-Esa es una informacin que no podemos darle por el momento.
-No s, agente.
Entindame, se presentan aqu, me invaden a preguntas sobre una persona que hace muchsimo tiempo que no veo.
Ustedes saben quin soy?
-Precisamente, porque sabemos quin es usted y los contactos que mantiene en Francia tenemos indicio de que le ha podido ayudar a escapar del pas.
-Ha huido del pas?
-Est localizable.
Quiz volvamos a vernos.
-Aqu estoy, para lo que necesiten.
-Buenos das.
-Dios mo.
[timbre] -Gracias, digna.
-Mateo, hijo.
Qu susto me has dado.
Por un momento he llegado a pensar que no vendras.
-Y usted es capaz de celebrar la pedida sin m.
Total el novio.
Buenas noches!
-Pero, qu cosas dices?
Hijo, yo lo nico que intento es hacer las cosas como las hace todo el mundo.
-Que sepa madre que esto lo hago por Clara.
Porque si es por m, me caso en cualquier ermita y se acaba tanta farsa.
-Cmo estn, Mateo?
Quieres aprovechar este ratito para confesarte?
-Padre, aunque no lo crea en el pecado, me siento como en casa.
-Mateo, por Dios.
[timbre] -Ya voy yo.
-Deben ser los padres de la novia.
-Clari...!
Qu desea?
-Mateo.
Hijo.
-Creo que se est confundiendo.
-Quizs me confund en el pasado.
Pero ahora no.
-Le agradecera que se marchase.
Hoy es el da de mi pedida.
Me gustara estar con mi familia.
[bocina] -Para, Fernando!
-Padre, se puede saber qu hace!
-Qu voy a hacer, hija?
Avisar de nuestra llegada, estos no son ricos?
Pues que se noten y que manden al servicio a recibirnos.
-Claro!
Que as llegamos nosotros, dando la nota!
-Pero ya sabes cmo es tu padre, que le gustan mucho los escndalos.
Calla ya!
-Bueno, les voy a pedir que sean discretos, que la familia de Mateo... -S, son unos estirados.
Pero los Montesinos estamos hechos a tono.
Estoy bien, hija?
-Va muy elegante, madre!
-Oigan, las luces del coche.
-Clara, cielo!
-Dime que seguimos adelante con la boda.
-Hijo!
Dame un abrazo, que ya eres como de la familia, no?
Qu guapo!
-Qu tal?
-Mi madre y mi padre.
-Adelante, bienvenidos a casa.
-Ya te digo yo que estos muy ricos no son.
-Fernando, calla, que la nia nos va a sacar de pobre.
-Hola, qu tal?
-Usted es la madre?
-Yo soy la madre, encantada.
-Tantsimo gusto.
-Buenas noches.
-Muchas gracias por la invitacin.
Qu casa tan grande, no?
-Adelante.
-Yo soy la hermana y l es mi marido.
-Mucho gusto.
Pasen.
-Encantada.
Un placer.
-Igualmente.
-Yo se lo he dicho, pero se ha empeado en venir.
Debe ser que no se cree que ests realmente bien.
-Pues en cuanto llegue Carlos usted se va a descansar, que tambin lo necesita.
-Yo preferira quedarme, hija.
-No, Cristina ya no est.
Y an as yo echar la llave.
-Entonces me ir, s?
Muy atento este muchacho, no?
-Me ha ofrecido hacerse cargo de nosotros.
-Hija, sabes que puedes... -Lo s, lo s.
Y nunca pens que podra llegar a valorar una posibilidad como esta, pero... tengo miedo.
Si Alberto estuviera aqu... -Eh, eh... [golpes a la puerta] -Adelante.
-Seor Cafiero, puedo hacer algo por usted?
-No quiero molestar, es solo que ya me marchaba y quera comprobar que todo estaba en orden.
-Yo ya me iba.
Cualquier cosa, hija.
Buenas noches.
-Buenas noches.
-Gracias por su ayuda antes, seor Cafiero.
-Llmeme Marco.
He hablado con Enrique y parece que Cristina se va a quedar ingresada un tiempo hasta que recupere la razn.
Lamento que haya tenido que pasar por todo esto.
Pero ahora no se hunda.
Esa mujer ya no ser una amenaza para usted.
Puede estar tranquila.
-Gracias.
Carlos.
-Seorita Rivera, nos vemos maana.
-Buenas noches.
-Buenas noches.
Buenas noches.
-Cmo te encuentras?
-Bueno.
-Ha sabido algo ms?
-No.
Acabo de hablar con el contacto de Hendaya y no.
Ni rastro.
Nadie sabe nada de Toni.
-Si Toni le hubiese denunciado, usted ahora no estara aqu.
La polica le habra detenido.
-Posiblemente tenga razn y una vez cruzada la frontera ya no tenga sentido mirar atrs.
Siempre fue un egosta.
-No debera juzgarle tan duramente.
No todava, al menos.
Es un viaje muy largo y quizs l todava no haya tenido ocasin de contactar con usted.
-Qu ms da?
[timbre telefnico] -Galeras Velvet, dgame.
-Con Ral de la Riva, por favor.
-S, s, ahora mismo se lo paso.
-Toni?
-Ral, lo he conseguido.
Lo hemos conseguido.
Gracias por todo, de verdad.
Jams podr recompensarte por todo lo que has hecho por m.
Me siguieron hasta la frontera, pero estoy fuera, Ral.
Soy libre, libre por fin.
-Te deseo lo mejor, Toni.
-Esto no es un adis, Ral.
Solo un hasta luego.
-Lo s.
-Debo dejarte.
-Suerte.
-Gracias.
-Y ah est el moroso, completamente borracho y en calzoncillos, en plena procesin de San Antonio.
Usted perdone, padre.
Menos mal que vino su novia, la Sansona, y se lo llev all.
O es que las fiestas en Porrillo son buenas.
Estn ustedes invitados el ao que viene.
Si quieren venir, verdad que se lo pasan muy bien, Fernando?
Esto es una maravilla.
-Llvatelos, por favor, llvatelos.
-Pero si todava no te ha pedido matrimonio.
-Que no se pide, Rita, que no se pide.
Que esto es una cena para que se conozcan las familias y los novios se dan los regalos y ya est.
-Cundo sacas el tuyo?
Porque bien que luces el anillo pero que yo sepa Mateo no... -Muchas gracias por hacerme sentir peor.
Ya te dije yo que esta cena no era buena idea.
-Como araaba, araaba, y claro, sacaron y la encontraron as.
Mira, los dos hijos que tuvo eran unos raquticos.
Entre las cosas estas de que la persona nace un da de chaman.
Qu les parece?
-Don Felipe, por favor, me pondra otra copita?
-Por supuesto.
-Esto de dnde es?
-Es un oporto.
-Pero no debera bebrsela de una sentada, podra sentarle mal.
-El doctor Ruiz Lagasca es nico dando lecciones.
-No me diga que es usted mdico.
Ay, pues cunto me alegro yo.
Porque fjese, fjese cmo se me ponen los tobillos en cuanto llevo mucho tiempo sentada.
Como dos botijos, lo ve?
-Van ustedes a disculparme, pero es que yo tengo otra especialidad.
-Su especialidad son las mujeres.
A qu s, madre?
-Hijo, por Dios, qu cosas tienes.
-Mi especialidad son las mujeres porque me paso el da atendiendo partos.
-Eso es una maravilla.
Clarita, que suerte, hija.
Tener al mdico en casa.
Eso s que es un ahorro, eh?
-Bueno, padre Amancio, ya se ha hecho un poquito tarde.
Adems, creo que lo tenemos todo claro, no le parece?
-Lo que hay que hacer es casarles.
-Y en rgimen de gananciales, eh?
-La verdad es que son una familia un poco curiosa.
Estoy seguro que va a ser una boda muy divertida.
-Uy, eso seguro.
-La pena es que el doctor no va a poder estar con nosotros en la ceremonia.
-Cmo?
-Ah, no, no, no, est bromeando.
Qu cosas tienes, hijo?
No se preocupe.
All estaremos su padre y su madre para acompaarle al altar.
-No hay nada ms importante que los hijos vean en los padres un referente de amor y fidelidad.
-Amn, padre.
Eso le digo yo siempre.
-Hijo.
Me permites un instante?
Permiso.
No te voy a consentir que me faltes al respeto.
-Un poco tarde para pensar en eso, no crees?
-Si estoy aqu esta noche es por ti y por tu boda.
-Muchas gracias, doctor Lagasca, muy amable.
-No te comportes como un cro, quieres?
-Cro?
Qu cro?
Al que no viste crecer?
Al que dejabas colgado cada cumpleaos?
Al chaval que lloraba porque su padre no fue a verlo en un solo partido los domingos?
O con 13 aos que me tuve que ir a Londres y a ti te dio exactamente igual?
-Basta!
Basta ya.
-Te duele?
A m s que me dola.
A m s que me duele ver como mi madre se siente una desgraciada porque su marido la abandon.
Por qu?
Por una mujer?
Por todas las mujeres?
No quiero que vengas a mi boda, entendido?
Eres la ltima persona que quiero que est all.
Uno de los das ms felices de mi vida.
-Mira t qu cosa!
Mi primer diseo de moda masculina y es para la boda del bigotito.
-Ay, bigotitos!
-Mira, Lady bigotes, como t.
-Ral, disculpe una cosa.
No quedara ms elegante el chaleco en color negro?
-Doa Julia, del traje del novio va opinar exclusivamente el diseador del traje del novio.
Gracias.
-Mira, el novio ms guapo de Espaa.
-Del mundo!
-La verdad es que es una suerte que siempre se pareciera a m y no al sinvergenza de su padre.
-A ese ni le nombres.
Por qu tiene que nombrar al sinvergenza?
-Ya, ya, ya!
-Mateto.
-Fuera de aqu, por favor, madres!
Es el da de mi boda!
Necesito paz.
Estar tranquilo.
Seguro que ustedes necesitan ms tiempo que yo para prepararse.
-Pero entindelo, es que nos hace ilusin, hijo.
-Doa Julia, yo s que le hubiera encantado que Mateo fuera una nia para volcarse totalmente el da de su boda, pero no es el caso.
Y me gustara hablar de cosas de chicos porque es un da muy especial y me entiende cosas de hombres.
-Pero... -Pero nada, doa Herminia!
Vayan al taller.
En el taller les esperan y les van a entregar los vestidos que eligieron.
Van a estar guapsimas.
-Ral, cudemelo.
-S, doa Julia.
Yo se lo cuido.
S, por all vayan.
Vayan, s, Ahora entiendo todo.
Son agotadoras.
Mateo, tranquilo.
-Tranquilo?
Tranquilo por qu?
Llevo cinco meses al servicio de esta boda, de mis madres, de los mens, de mis suegros, de esta maldita chistera!
-Oye, que esta chistera ha sido de da ma.
Pero tmatela como un juego.
Solo es algo de clase, de glamour.
-No quiero clase, no quiero glamour.
Quiero ser feliz.
Me gustan las cosas sencillas.
-S, sencillsimas, vamos.
Qu valor!
Coches alemanes, champn francs, moda italiana.
Anda, Mateo, por favor.
-Ral, te lo digo en serio.
Ahora mismo estoy siendo vctima de una boda que nunca quise.
-Mira, entiendo una cosa, Mateo.
Esto no lo haces por tus madres.
Esto lo haces por Clara, la mujer de tu vida.
Y este tambin es su sueo.
-A ver si con el perfume te espabilas, porque con esa cara cualquiera dira que es la boda de tus sueos.
-Es que la boda de mis sueos no incluye 300 invitados, 5 sacerdotes, 3 fotgrafos y hasta una gran alfombra roja.
-Clarita.
-Bueno, una gran alfombra roja s, pero desde luego que yo quera una boda mucho ms sencilla y romntica, pero las madres de Mateo han tenido que encargarse ellas de todo.
-No ser para tanto.
-Que s, Rita, que s, que yo para no enfrentarme he cedido en todo.
En los centros de flores.
-Miles de flores por todas partes.
-En que Mateo eligiera el men.
-En que mi madre eligiera el men.
-En confesarme con ese cura.
-Con el cura ese, mintindole como un bellaco.
-Y hasta en que se ponga esa ridcula chistera.
-Va a llevar chistera?
-Entonces por qu lo haces?
-Por ella, claro.
-Por l?
Porque quiero casarme con l?
-Pues ya est.
Eso es lo nico que importa, Mateo.
Que os queris, lo dems da igual.
Y a la porra la chistera.
Me da igual la chistera.
A m tampoco me gustaba la chistera.
Ya est, fuera chistera.
Mateo, Mateo, amigo.
No te puedes echar atrs.
Ya no.
Todos nos sentimos muy cojos sin Alberto.
Pero l era un romntico.
Y le hubiera encantado ir a esta boda.
No le vamos a decepcionar.
Verdad que no?
-No.
-Verdad que no?
Qu es esto?
-Mira, ya s lo que te falta.
Lo que te falta es... -No te ras.
-El lazo.
-Te ests riendo.
-Que no.
-No te ras.
-Pero si te queda muy bien.
Mira qu mona.
Ay, que pesa en la mueca!
Rita!
-Clara, ests preciosa.
-Y t ests... -Estoy enorme.
Ya lo s, que parecemos dos Anas.
-Oye, cuidado, eh?
Que mi sobrina es muy sensible y hasta que lo entiende todo.
-No digas tonteras.
Y esa cara?
-Los nervios.
S, es normal.
A m me pas lo mismo.
-Toma, seguro que con esto se anima.
-Que... Quera que tuvieras un detalle mo el da de tu boda.
Te los compr por si los queras llevar hoy.
Son de la coleccin de Alberto.
-Gracias.
-Pero qu pasa aqu?
-Pues que estamos sensibles y yo con las hormonas revolucionadas ni te cuento.
-Bueno, las emociones para luego, chicas.
Que an tenemos que arreglarnos y se nos va el tiempo de las manos.
-Bueno, voy a arreglarme, eh?
-Bueno, a ver cmo te queda esto.
-Bueno, voy a llevar el pelo recogido.
-Vas a estar preciosa, Clara.
Venga.
-Pero, hija, an no ests?
-No, an no estoy.
A usted le parece que estoy?
Pues eso.
Se me ha echado el tiempo encima ayudndole a Clara.
[timbre telefnico] -Esa debe ser tu madre.
-Otra vez?
-Margarita, tienes que entenderla.
Est muy nerviosa y adems bastante tiene ya con lo que tiene.
-Ya, padre, pero es que yo he hablado con ella cinco veces y adems estoy sin empezar.
Por qu no va usted?
Eh?
Que est hecho un pimpollo.
-Margarita.
[timbre telefnico] -S.
[timbre telefnico] S?
-Rita, hija, porque ha tardado tanto en cogerlo?
Ya os haca yo camino de la iglesia.
-No, no, no, an no.
Pero bueno, cunteme, qu ha pasado esta ltima media hora para que vuelva a llamar?
-Ah, pues mira, que de pronto me he acordado que no te he dicho lo del ramito de azahar.
-Azahar?
-S, para que se lo pongas en la liga a tu hermana.
Como esta noche, es una noche de bodas.
Vamos, que es la primera noche con su esposo, ya sabes, pues para que le d suerte, como a ti.
Eh?
-Ay, nuestra Clarita, que est hecha una principiante, eh?
-Ay, qu lstima, hija.
Un da como hoy, sin una madre que le d consejos.
La pobre est hundida sin usted, ya se lo digo.
-Si es que las desgracias nunca vienen solas.
T te crees?
Las dos piernas rotas.
Mira que le he dicho veces a tu padre que cuando despierten los capones me limpie el corral de atrs.
Pues nada.
-Hgame el favor de no volver a contarme la historia del corral.
Porque es que yo me cuelgo del palo ms alto.
-Desde luego, hija.
Cra cuervos.
-Pero, madre?
-Rita?
-Madre?
Uy!
-Rita?
-No la oigo bien.
Madre!
Se la oye usted muy lejos?
Me oye usted a m bien?
Ay, vaya que me voy a tener que cortar!
Bueno!
Hasta luego, eh!
Con Dios!
-No te olvides que el velo tiene... [pitido] Me parece que... Ay!
A ver si llego!
Ah est.
-Pero an ests sin vestir?
-Y para qu?
-Cmo que para qu?
Que la boda es en una hora!
No s lo que te ha dado, pero no llegamos a tiempo.
-Es que hace un mes que hice el examen, Rita.
A m no me han llamado de verdad para darme ninguna noticia.
Yo me he roto los cuernos, pues para qu?
Para estudiar, para darte un futuro mejor.
Y yo qu hago yo con los reyes godos ahora mismo?
Yo qu hago con, con Ataulfo?
Con Sigerico?
Con Wallia?
Con Teodoredo?
Con Turismundo?
Teodorico?
Eurico?
Con Ararico II tambin?
-Pedrito, que no es momento para pensar en eso ahora.
Es la boda de mi hermana y es importante que est a su lado.
Entiendes?
Me ayudas?
-S.
Esto no sube.
-Qu gracioso.
-Rita, de verdad, mi amor, que esto no, esto no sube.
-Me ests llamando gorda?
-Gorda?
No, no, para nada, para nada.
Lo que pasa es que yo no s, Rita, que la gente cuando se casa, pues... dicen que la cadera se les... -No lo puedo creer.
Que esto me pasa por pedir ayuda!
-Rita, carta para Pedro!
-Por m como si tienes la baraja entera.
Te puedes creer que el merma de mi marido me acaba de romper la cremallera del vestido por estar pensando en los reyes godos?
-Precisamente de eso te estoy hablando.
Las notas.
-Las notas?
-Claro.
-Pedro!
-Primo!
-Qu?
Qu pasa?
-Te han llegado las notas.
Y?
-Qu?
-Tan mal ha ido la cosa?
-Que soy apto.
He aprobado.
-Enhorabuena, Pedrito.
-No me lo puedo creer.
Es verdad que yo pensaba que no iba a ser apto nunca.
-Cmo no ibas a ser apto?
Si los Infantes somos aptos para lo que queremos.
-Pero bueno, que ha salido en paos menores.
-Ya, perdona, que te he escuchado a gritar.
-Tira, cmbiate!
-Que soy apto!
-Oye, y t?
Que bien te has aviado!
-Muchas gracias, cuada.
-Me voy a arreglar esto, que si no, no llegamos.
-Anda, ven aqu, apto!
[golpes a la puerta] -Adelante.
-Pero qu haces ah arriba, hija?
Ya ests bajando.
Con cuidado.
Despacito.
Despacito.
Mira aqu, subirte ah.
-To, que estoy embarazada.
No enferma.
-Ya s que no te gusta que nadie haga las cosas por ti, pero te quedan muy pocas semanas.
Cmo estamos?
-Bien, muy bien.
Hoy est un poco... La nota?
-S, no me digas que vamos a tener un futbolista.
-Y si es nia?
-Que sea lo que tenga que ser, hija.
Y despus, tanto ella como l, pues que sean lo que quieran ser.
-Y a usted qu le gustara ms?
-A m me gustara, fjate, llevarle al Parque del Retiro los domingos por la maana para escuchar a la banda municipal.
-Eso ser si se porta bien.
-No, eso ya es cosa tuya.
Yo, pues para m, se acabaron los sermones.
Vena a decirte, a menos cuarto en la puerta.
-S, he quedado con Carlos, que va a llevarme en coche.
-Vale.
[golpes a la puerta] -Adelante.
Qu quiere ahora, to?
-Perdona.
-Patricia.
-No quera molestarte.
-No, no te preocupes.
Pasa.
Estaba arreglndome para ir a la boda.
Pasa algo?
-No.
Quera darte la capa de bautismo de Alberto.
Pens que querras tenerla.
-Claro, me encantara usarla.
Gracias.
-Cmo ests?
-Bien.
Deseando verle la carita.
-Yo quiero insistirte en que si... si puedo ayudarte en algo, por favor cuentes conmigo.
-Gracias.
-Dejo que termines de arreglarte.
[ msica en ingls] -Otro escndalo ms para los Otegui.
Por favor, Enrique, hagamos esto como personas civilizadas.
-Una mujer civilizada no se va con el primer chulo con el que se cruza en el club de campo!
-El chulo del que hablas se llama Jean Paul.
Estuvo a dos rondas de ganar Wimbledon.
Y su familia es una de las ms ricas de Francia.
-Me da exactamente igual.
No te vas a ir con l.
-Claro que s me voy a ir con l!
Sabes a lo que he estado sometida estos ltimos meses, eh?
Me has sido responsable de todo lo que le ha pasado a tu hermana.
-Y no ha sido as.
-Lo ves?
-Y no ha sido as!
-No, no ha sido as!
Tu hermana estaba hundida.
Yo lo nico que he hecho ha sido ayudarla.
Ella se va a recuperar pero a m qu me queda a tu lado?
Nada!
No pienso dar marcha atrs.
-Como cruces esa puerta no me vuelves a ver en la vida.
-De eso se trata, Enrique!
-Espera!
Espera!
Espera!
Esprate!
No te vayas.
Yo te quiero.
-T solo te quieres a ti mismo, Pichn.
-Pues lrgate.
Vete a vivir esa vida ideal con el hortera.
Y no vuelvas nunca!
-Chao, chao.
-Enrique?
Enrique?
-Me ha dejado.
-Tenais los das contados.
-Cmo ha podido atreverse a dejarme?
-Enrique, no ests solo.
Reconoce que te ha dolido ms el orgullo que su marcha.
[ msica en ingls] [timbre de telfono] Debera coger el telfono.
S?
S, Valentn.
Has recuperado las minas?
Cunto me alegro!
Los zafiros!
Me encantan los zafiros.
Claro?
Buen viaje.
Aqu te espero, mi amor.
-Mateo, un novio siempre encuentra algn motivo por el que brindar que no sea la boda, no?
-Pues no es el da, Marco.
-Por el amor de tu vida.
-Y por no haberlo compartido.
-No cantes victoria, an no ests casado.
nimo.
No creo que puedas engaar a otra con ese bigotito.
-Pero bueno, mrate.
Yo buscndote por todas las galeras y t aqu brindando.
Perdn, es que se tiene que ir a casar.
-Disfruta, valiente!
El altar est hecho para los hombres de verdad.
-Qu quiere?
Qu dice?
Qu vulgar, no?
-No s lo que dice, es muy vulgar.
-Muy vulgar.
-Vmonos.
-Me gustara ir ms rpido, pero es que no puedo.
-Quieres dejar de justificarte, hija?
-Es que parezco una anciana.
-Es que es muy listo.
-Bueno, tampoco soy tan listo.
-Pues s, porque estuvo ah noche tras noche ah dndole todo.
-La verdad que s.
-Que no... -Se lo voy a decir a Don Emilio.
-Bueno, se va a poner un orgulloso.
-Don Emilio.
-Eh?
-Que... que soy apto.
-Apto para qu?
-Bueno, que... vamos, que he aprobado.
-Oh!
Pedro, qu alegra!
-Enhorabuena, Pedro!
-Voy a felicitar a su mujer, porque paciencia como la de ella... -Vaya, yo me escupo!
-Rita!
-Muchas gracias, Don Emilio!
-No, no, no!
-Como me pesa esto!
-Esto, dice.
Va a ser una nia, seguro, preciosa.
-Pues a m me gustara que fuera nio y le llamara Alberto.
-Ana, tienes que pasar pgina.
No te lo tomes mal, pero tener constantemente el recuerdo de Alberto.
-Carlos, este nio tiene un padre y va a estar presente siempre, se llame como se llame.
-No quera molestarte.
-No pasa nada.
-Ana, vamos.
-Qu?
Cmo est la novia?
-Hecha un manojo de nervios.
Espero que no nos d alguna sorpresa.
-Bueno, y conociendo a tu hermana, la que le espera a Mateo, es menuda.
-Vamos, adentro.
Vamos.
-Pasa, pasa, que voy muy lenta.
-Ay, no, no, Sagrario.
-Esta despistada.
-La foto de familia!
Ay, muy bien, gracias!
Ah, bienvenidos!
Qu tal?
[ msica de piano] -Haces todo esto por Clara, Mateo.
Haz las cosas bien.
S un hombre.
-Guapo!
-Pedro.
-Te das cuenta, hijo?
Ya estn empezando a murmurar que tu padre no ha venido.
Hola.
-Qu hace aqu?
-Hijo, no nos armes un escndalo en la iglesia, por favor.
-Le dije que no quera que viniese.
Pens que le haba dicho que no quera que viniese.
-Cre que sera conveniente que el cura no me echara en falta.
-Vaya, al final la iglesia va a conseguir lo que nosotros nos logramos en 20 aos.
-Mateo!
-Pero usted qu se cree?
Que por venir aqu a poner la cara vamos a hacer borrn y cuenta nueva?
Me importa una mierda lo que la gente piense de mi padre, si viene o no viene a la boda.
Y sabe por qu?
Porque seguramente lo que piensan es mucho mejor que la curda realidad.
-Perdname.
S que no puedo volver atrs, pero antes de que empieces esta nueva vida, quera pedirte perdn.
-Muy bien.
Ya lo ha dicho, ya puede marcharse.
-Es muy duro enfrentarse a los errores cuando sabes que ya es tan tarde.
Confo en que formars la familia que yo no supe tener.
Enhorabuena.
-Quiz encuentre un sitio al fondo.
[ msica en ingls] -Tranquilo, cario.
Tranquilo.
-Ya est, ya est, ya est.
Va, va, va. [ msica nupcial] -Rita!
Rita!
Rita!
Rita!
-Rita, tu padre?
-Ay, madre, que esta no viene.
-Qu pasa?
-Qu hace ese hombre?
-Lo que me faltaba.
Qu est pasando, padre?
-No, no, no pasa nada.
La novia que necesita solo un minutito ms.
Tu hermana que dice que no sale del coche.
-Qu?
-Rita!
Rita!
-Nada que no tenga remedio.
-Menuda familia.
Gracias a todos por venir.
Gracias.
-Le voy a decir algo a Mateo.
-Ni se te ocurra.
-Pero que mira la cara que tiene.
-Calla, disimula.
-No puede estar pasando esto, por favor.
-Hijo.
-Pobre Mateto, con lo bueno que es.
-Clara, abre!
-Si abro me vais a llevar a rastras a la iglesia y yo as no me caso.
-Que eso no es lo importante, hombre.
Que lo importante es el amor y que te casas con Mateo.
-Lo ves, me ests dando la razn, porque parezco un merengue gigante.
-Se puede saber qu te pasa?
Clarita, que eres la protagonista, con lo que a ti te gusta, hija.
Que est la iglesia llena, ni en tus mejores sueos.
Haz el favor de abrir ahora mismo!
Te voy a dar una soma de palos que te voy a dejar tuerta.
-Si es que la culpa es ma, que por no discutir con Mateo le he dado manga ancha a esas tres.
Y ahora mrame.
Estoy cansada de fingir ser alguien que no soy.
Llevo cinco meses preparndome para ser la mujercita ideal de la alta sociedad.
Pues no, se acab, porque ya estoy harta.
Que yo nac en Porrillos, me he criado entre vacas y a m me ha dado igual siempre el dinero.
-Vamos a ver, que no puedes dejar a Mateo plantado con dos palmos de narices.
Si t lo tienes claro, entra y le dices que te casas, pero as, no.
Que no te puedes ir sin decir nada.
-Pero que est la iglesia llena de gente.
-Bueno, pero yo te cubro, t entra por un lado, hasta que la alcances.
-Ya saba yo que esto se nos iba a ir de las manos.
-Menuda vergenza, dejarte plantado as, de esta manera.
-Y con todos los invitados aqu presentes.
-La prensa, con la de fotos qu nos han hecho.
-Claro que podamos esperar de esa.
-Qu bochorno para la familia.
-Ya, ya, fuera.
A su sitio, fuera.
Ya.
-La novia.
-Hija.
-Viva la novia!
-Viva!
-Viva la novia!
-Viva!
-Hija.
-Mateo, no s cmo decrtelo, pero... -No me quiero casar, no quiero.
-Qu ha pasado?
-Nada, nada, una pjara.
[ msica nupcial] -Ests bien?
-En el nombre del Padre, del Hijo y del Espritu Santo, pueden sentarse.
Queridos hermanos, estamos reunidos para unir en santo matrimonio a Clara y Mateo.
-Mateo, no es por ti, pero es que no me quiero casar.
-Clara, mrame.
No me quiero casar.
-Tenemos que hablar.
-Tenemos que hablar.
-Qu?
-Ya se han casado?
-Padre, un momento, por favor.
-Mateo, hijo.
Dnde vas?
-Ven aqu.
-Pero qu hace?
Un momentito, ahora s.
A ver, Clara, yo... A ver, cmo te explico esto?
-Mateo, yo te quiero mucho.
Y yo tambin, Clarita, yo tambin.
-Pero no me quiero casar.
No as.
-Yo tampoco.
-Madre ma, vaya lo que faltaba!
-Es que est as vestida no soy yo.
Y yo no quiero convertirme en una de esas seoritinas de ah fuera.
-Yo tampoco trago a la mitad que estn ah fuera sentadas, la verdad.
-Y por no hablar de tus madres, que es que son insoportables.
Mira cmo me han disfrazado, Mateo.
Estoy ridcula, no te ras.
-Ests ridcula, pero ests preciosa.
Y tu madre con el capn qu?
-Pobrecita, con las dos piernas rotas.
-Quin?
El capn?
-Siento interrumpir, pero el micrfono est abierto.
[risas] -Padre, csenos aqu.
-Aqu?
-Si la novia quiere, claro.
Csenos aqu a solas.
Sin nadie que nos condicione.
Clara.
Quieres casarte conmigo aqu?
-Pero qu hacen ah dentro, por favor?
Qu est pasando?
Pero qu est pasando?
Qu pasa ah dentro?
-Clmese de la Riva, por favor.
-Primo, hay boda o no hay boda?
-Pues yo no s.
-Estoy atacada.
[ msica en ingls] -S!
-Viva los novios!
Viva los novios!
-Qu, qu, Ana, Ana?
-Que estoy de parto, que ya viene.
-Un mdico!
-Un mdico!
-Un mdico!
-Un mdico!
-Disculpe, Rita.
Se llama Rita, verdad?
-S, s.
-Me ayudar en el parto.
-Yo?
-S.
Y de paso, tome nota.
La mancha es un cloasma gestacional.
Mire, si de algo s, es de partos y embarazos.
-Estoy embarazada?
-S.
-Ana, necesito que empujes con toda tu fuerza.
A la cuenta de tres.
Una, dos, tres.
Lo ests haciendo muy bien.
Una vez ms, que ya viene.
Y la ltima.
Otra ms.
[llanto de beb] -Qu ha sido?
-El nuevo director, Marco Cafiero, toma una nueva medida.
A partir de ahora, los empleados ya no vivirn en las galeras y tendrn que buscar un nuevo hogar.
Seores, la polmica est servida.
Tras un tiempo recuperndose, Cristina Otegui regresa a Madrid para reencontrarse con la que fue su enemiga, la ahora diseadora de xito, Ana Rivera.
Firmarn la paz o seguirn la guerra?
El piloto de Airsa, Carlos lvarez, no abandona la idea de conquistar a Ana Rivera y formar una familia a su lado.
Sonarn campanas de boda?
Estar preparado el corazn de Ana para volver a amar?
Alberto Mrquez est vivo!
Cristina Otegui ha descubierto que el joven Mrquez, dado por fallecido en el accidente de Airsa, sigue con vida.
Decidir compartir la noticia o callar para siempre?
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