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Stay Away from Me
-Don Rafael Mrquez, dueo de las Galeras Velvet, ha sido hallado muerto esta misma noche.
-Tu padre se cay desde la ventana del despacho.
-Eso es imposible.
En esa ventana hay una barandilla y nadie se cae a no ser que le tiren.
-Tu padre se ha suicidado.
[timbre telefnico] -S.
Y el mdico dice que se ha puesto peor.
-Y estas telas?
-Del taller.
-Pero t ests loca?
Doa Blanca sabe perfectamente los metros que tiene.
-Son telas de la temporada pasada, no tienen por qu enterarse, no las vamos a usar.
[golpes a la puerta] -Luisa?
-Y Luisa?
No le habr pasado algo a su marido?
-Est en la calle, el lugar que le corresponde a las ladronas.
-Luisa, perdona que te haya metido en este embrollo, no saba qu hacer.
Te prometo que no voy antes de que se levante nadie.
-Si alguien se atreve a pisar una flor tan bonita como esta mujer, se las tendra que ver conmigo.
-No puedes estar siempre siguiendo a una persona, Pedro.
-Yo pienso que si la quieres tiene que hacer algo.
Doa Blanca, ha llegado un telegrama para usted.
-Est bien, Blanca?
-No s cmo me ha encontrado.
-Qu haces con eso?
Estabas hurgando en mis cosas!
-Pero a qu viene todo esto?
-Respecto al negocio familiar Galeras Velvet, el 60 % de las acciones de Galeras Velvet pasa a disposicin de Don Alberto Mrquez, mi hijo, quedando el 40 % restante a repartir entre mi mujer y mi hija.
-El resto... -No me lo puedo creer.
-Es que t crees que le vamos a dejar que haga lo que le d la gana?
Ni Alberto, ni muchsimo menos ella.
-Estos das han sido muy difciles, Ana.
Yo no quiero huir ms de nadie, ya estoy cansado de tener que esconderme.
-Qu haces, Alberto?
-Quieres casarte conmigo, Ana?
-S, claro.
Claro que s.
-Has descansado bien?
-Muy bien, gracias.
-Pues me alegro, porque no s si esa tranquilidad te va a durar mucho tiempo.
-Saba que haba deudas, pero en la ruina?
-Don Alberto, qu puede decirnos sobre la situacin -econmica de las galeras?
-No tengo nada que decir.
-Se rumorea que su padre no sufri un accidente.
-Cmo se puede haber enterado?
Si no nos conceden este prstamo, estamos hundidos, Mateo.
-Don Alberto Mrquez?
-Don Andrs, cmo est?
-Lo lamento, pero no podemos ayudarle.
-10 millones suponen un compromiso para m y quiero que t tambin te comprometas.
Mi hija y t tenis la misma edad, la misma educacin.
Ella est muy ilusionada contigo.
Nosotros formamos parte de tu proyecto y t del nuestro.
Una familia, entiendes?
-Ese desgraciado se piensa que soy gilipollas.
No puedo aceptar un trato as.
No s cmo pagar las deudas, Ana.
Voy a tener que vender.
-"Perdname por lo que estoy a punto de hacer.
T has hecho todo lo que podas por salvar las Galeras Velvet.
Pero yo an no.
No puedo casarme contigo.
Dselo y salva las Galeras".
-Ana!
[ Alba Llibre: "Falling in Love"] -Llevo un rato llamando, seora, pero no contesta.
-Gracias, Elvira.
Puede retirarse.
Ana?
Bajars a desayunar?
-Yo voy a empezar.
-Lo siento, pero si la costurera no sabe de puntualidad, no es mi problema.
-Ana no est en su habitacin.
-Has mirado en la de Alberto?
Si no sabe de puntualidad, tampoco sabr de decoro.
-No est en ninguna de las dos.
-Di algo, Ana, por Dios.
Pero qu te ha hecho?
-Nada.
-Nada?
Y llevas tres horas llorando como una Magdalena.
-Luisa, vete ya, de verdad.
Doa Blanca puede venir en cualquier momento.
-Por m no te preocupes, espero a que entris en el taller y luego me marcho.
Si me prometes que vas a estar bien.
-Os lo prometo.
Solo que se acab.
Yo no soy la mujer que l necesita.
-Encrguese de que las cajas de los complementos no queden -a la vista de los clientes.
-Dnde est su sobrina?
-Disculpe, Don Alberto.
-Est aqu?
-No lo s.
Mis ltimas noticias eran que mi sobrina estaba alojada en su casa.
Ha pasado algo?
-Eso debera preguntrselo a ella.
Pensaba que eras ms valiente.
-Sabes que lo soy?
-S, por eso desapareces en mitad de la noche y dejas una msera carta.
-Se puede saber qu est pasando en mi taller?
-Lo lamento, Don Alberto, no saba que era usted.
-Lo siento, este no es lugar para tratar temas personales.
-Vuelvan al trabajo.
-A dnde vas?
-A recoger tus cosas.
-Estate quieto!
Sultame, tengo que volver al taller.
No pienso irme a ninguna parte.
-Por qu me haces esto?
-Porque es lo mejor.
-Lo mejor para quin?
-Para todos.
-No, para todos no, eh?
Para todos menos para nosotros.
-A m tambin me gustara que las cosas fueran diferentes, pero no me lo pongas ms difcil.
-No me voy a casar con Cristina para que la gente conserve su puesto de trabajo, Ana.
No puedo.
Salgo ahora mismo y le digo a todo el mundo que pare las mquinas y maana cierro la empresa.
-Si hicieras eso no seras el hombre del que me enamor.
-Pinsalo, por favor, el resto de tu vida vindome entrar por la puerta de las galeras de la mano de Cristina.
Puedes soportarlo?
Porque yo no puedo.
-Tengo que hacerlo.
-Entonces, a lo mejor, es que no me quieres tanto.
-Es verdad.
No te quiero tanto.
Pero ya seguro que s lo har.
[ msica de drama] -Qu has hecho?
Es una locura, la gente puede encontrar otro trabajo.
-No es tan fcil, lo sabes.
-Bueno, pues saldremos adelante.
Pero t te vas a arrepentir toda tu vida.
[suspira] [grita] -Perdn, Alberto.
Intent que tu secretaria te avisase antes de entrar, pero no tienes secretaria.
-Se march.
Y t deberas de hacer lo mismo, Cristina.
No es un buen momento.
Djalo.
Djalo.
-No queremos que nadie se corte, verdad?
-Por qu has venido, Cristina?
-No quiero ni imaginarme por lo que ests pasando, Alberto.
Perder a tu padre y tenerte que hacer cargo de una empresa.
Y hacerlo solo.
Pero no tienes que hacerlo solo.
Maana ltima funcin en el teatro principal.
El mejor palco.
Pens que a lo mejor te apeteca.
-Gracias, pero... seguro que encuentras mejor compaa que yo.
-No lo creo.
Alberto, no tienes que ser siempre el hombre del traje impecable y la sonrisa encantadora.
No conmigo.
Eso djalo para las clientas.
Si cambias de opinin, llmame.
-Dicen que le ha puesto un piso en pleno barrio de Salamanca.
-Seguro que es ella?
La misma que nos hemos encontrado al entrar?
-La misma.
-No doy crdito.
-Y ya ves cmo va, ni que fuera la reina de Saba.
Como si fuera la mujer ms digna del mundo.
-Con un hombre casado.
Y le da igual.
Se pasea por aqu como si nada.
-Lo siento, doa Cayetana.
-Ten un poquito ms de cuidado, querida.
Es que hay gente que no tiene moral.
Era lo que le faltaba a Alberto.
Si ya despus de la muerte de su padre y con las noticias que aparecen en los peridicos han perdido clientela, y la encima se llena esto de desvergonzadas -Ya me dirs t.
-Ya est.
-Perfecto.
Solo me queda elegir la tela para forrar los zapatos y ya hemos terminado.
-La rosa entonces, no?
-S, s.
-Seda salvaje, rosa.
-Pues lo siento mucho, doa Cayetana, pero creo que no tenemos esa tela ahora mismo.
-Ah, bueno, no importa.
La marrn, la marrn.
Tambin estaba bien?
-No.
-Te queda alguna de las que me has enseado?
-S.
Claro -S.
-Cul?
-Esta.
-Solo esa?
-Es que ha llegado tarde el pedido de telas, pero si quiere usted volver la prxima semana.
-No, no, no, no, no.
Esa est bien.
Voy a cambiarme.
-No te preocupes.
Si estarn todas en el taller esperando a que vuelva.
Nadie va a estar pendiente de la puerta.
Vamos.
To, qu hace aqu?
-Eso debera preguntrtelo yo, no te parece?
Aunque tal vez me pueda responder alguna de tus compaeras, saben de ti bastante ms que yo.
-No quera dar explicaciones.
-Una respuesta sincera es de agradecer.
Has vuelto para quedarte?
Esta es tu casa, mientras siga abierta.
-Gracias.
-No hablar de los problemas no hace que desaparezcan.
-Luisa.
Ya.
Corre.
-Est bien?
-S, perdname.
-No debera correr tan rpido y sobre todo sin mirar.
-Luisa, verdad?
-S.
-Me alegro de verla, cre que ya no trabajaba aqu.
-No, s, por eso salgo del taller, tengo que hacer un recado.
-Y visto lo visto, tena mucha prisa.
Se ha puesto un poco plida, por qu no me acompaa -y se tomar un vasito de agua?
-Que sepas que esto no va a quedar as, me han odo?
-Doa Blanca, hgame el favor y convnzala -para que -Disculpe, don Francisco?
-Ha enviado alguna de sus modistas a hacer algn recado?
-El nico recado que tienen que hacer mis modistas es coser, don Francisco.
Y ahora s me disculpa.
Buenos das.
-Por supuesto.
Buenos das.
-Le ofrecera una copa, don Francisco, pero por desgracia se ha acabado el whisky.
-No te preocupes, es demasiado pronto para m.
-Pues usted dir.
-Es sobre una de las modistas, Luisa.
-Hay algn problema con ella?
-Mi mujer y yo estbamos muy satisfechos con ella, pero, por desgracia, parece que la han despedido.
-Acabo de incorporarme y, si le digo la verdad, no estoy informado de la situacin.
-Ya, supongo que tendrs mucho trabajo que hacer.
Al parecer, la pobre muchacha ha pasado por un mal momento y cometi un grave error llevndose unas telas que no eran suyas.
Pero est muy arrepentida y necesita el trabajo.
-Y quiere que...?
-Quiero que la readmitas.
-Don Francisco, lo lamento, s...
Le juro que si pudiese, lo hara, pero ahora mismo no estamos en posicin de contratar a nadie, y mucho menos a una persona que est acusada de robo, entindame.
-No supondr ningn gasto.
Todo lo contrario.
-Qu es esto?
La cantidad que va a gastar mi mujer en ropa esta temporada en las Galeras Velvet.
Que nos gustara que atendiese Luisa.
Estoy seguro de que cubrir con creces su salario.
-Lo siento, seora.
Ya le he dicho que solo cumplo rdenes.
Don Alberto Mrquez ya ha sido notificado.
-Pero esto no puede ser.
Y cmo quiere que trabajemos?
-Qu est pasando aqu?
-El pedido de telas no va a llegar.
Y se estn llevando las que recibimos la semana pasada.
Lamento haberle molestado, pero me ha sido imposible localizar a Don Alberto.
Y como puede ver, es importante.
-No se preocupe.
A hecho lo correcto.
Don Alberto no ha venido en toda la maana?
-Ha venido, s, pero ahora no est por ninguna parte.
Y su coche sigue fuera.
-Escchenme todas!
Hemos de mantener la calma.
Esta situacin se solucionar en breve.
-Y qu hacemos mientras?
-Seguro que pueden seguir trabajando en otros pedidos.
-Otros pedidos en los que no haya que utilizar tela?
-Cierto, doa Blanca.
Otros pedidos donde no haya que utilizar tela.
Por cierto... tengo una modista ms para hacer esa labor.
-Qu hace usted aqu?
-Luisa, por favor, ocupe su puesto.
-Cmo lo has hecho?
-No he sido yo, he sido el marido de doa Cayetana.
Le cont mi situacin y se ofreci a ayudarme.
-Ah s?
Sin ms?
-Pues s.
-Don Mateo, no puede hacer esto!
-Por supuesto que puedo, doa Blanca.
Por si lo ha olvidado, ahora soy el subdirector -de estas galeras.
-Entonces sabr que esa joven viol las normas de esta casa.
-Por desesperacin.
Porque necesitaba dinero para ayudar a su marido.
No estara de ms que de vez en cuando fuera usted capaz de anteponer el sentido comn a la norma.
-El sentido comn me dice que perdonarla no sera dar un buen ejemplo al resto de modistas.
-Entonces deje el sentido comn a un lado y limites a seguir mis rdenes.
Puede que ahora no lo entienda, pero crame, es lo mejor para la empresa.
Te est buscando todo el mundo.
-Por eso estoy aqu, para que no me encuentren.
Lo siento, no tengo hielo.
-Tranquilo, hemos bebido cosas peores.
Qu te pasa?
-Que qu me pasa?
Que mi vida es un infierno, Mateo.
-Eso es lo que me pasa.
-Por qu?
-Estaba a punto de casarme con la mujer de mi vida y de repente me pide que me case con otra.
-Ana te ha pedido que te cases con otra?
-Con Cristina Otegi.
Para que su padre nos pague las deudas de las galeras.
-Creme, podra ser peor.
Podras no tener ninguna mujer que quisiera casarse contigo, ni unas galeras arruinadas, ni depender de tu mejor amigo que est a punto de emborracharse en una azotea mientras su negocio se hunde.
Por cierto, uno de los proveedores de telas acaba de negarse a entregarnos un pedido.
He ordenado que sigan con lo que puedan, pero vamos Alberto, que esto no puede continuar as.
-Ya lo s.
-S que esto es muy duro para ti, pero a lo mejor la solucin de Ana no es tan mala.
-Has perdido la cabeza o qu?
-Al menos arregla uno de los problemas, no crees?
-Has perdido la cabeza, Mateo.
Un matrimonio no es un negocio.
-Ah, no?
Siempre pens que era justamente eso.
-A ti lo del amor no se te ha pasado por la cabeza.
-Me enamoro cada cinco minutos.
Mira, si te digo la verdad, solo veo dos opciones.
Salvar las galeras o estar con Ana.
Y parece que a Ana ya la has perdido.
T decides.
[ msica suave] -Me ha sorprendido mucho tu llamada, sobre todo despus de que ni te dignaras a responder a mi propuesta.
-No le voy a engaar, don Gerardo, Cristina es una gran chica, pero... -Lo es, con muchos pretendientes de muy buena familia, a los que he ido diciendo uno a uno que no.
Y ambos sabemos por qu.
-Ambos sabemos que yo le tengo mucho cario, pero... -Escchame bien, hijo.
Invertir en tu negocio es poner en riesgo mi dinero, y estaba dispuesto a hacerlo a cambio de la felicidad de mi hija.
No creo que te est pidiendo nada desorbitado.
Adems, t sabes que ella es una chica maravillosa.
-S, no se trat de eso.
-De qu se trata entonces?
No creo que tengamos nada ms que hablar.
-Espere.
Bien.
S que ltimamente han odo muchas cosas sobre el futuro de las galeras.
Se han publicado noticias, se han odo rumores, y es lgico que todos ustedes estn viviendo estos momentos con inquietud.
Me alegra poder decirles que pueden estar tranquilos.
Todos van a conservar sus puestos de trabajo y sus salarios.
Vamos a tener que hacer una serie de sacrificios, pero a ustedes solo les vamos a pedir que, por favor, sigan trabajando con la misma ilusin y dedicacin.
Como prueba de ello, maana le dedicaremos un pequeo homenaje a mi padre.
Don Rafael, aqu en las galeras.
Por supuesto, estn todos invitados.
Muchas gracias.
-As que al final lo has conseguido.
-Sonra, doa Gloria, que parece que no se alegra.
-Cmo no me voy a alegrar si esta empresa tambin es ma?
-Y ma.
Aunque tenga que enterarme de las noticias al mismo tiempo que los empleados.
-Disfruta de las buenas noticias.
Te aseguro que no han sido fciles de conseguir.
-Y claro, supongo que detrs de todo esto ests t.
-El hijo de un buen amigo me ha pedido ayuda y no poda negarme.
Los Otegui y los Mrquez son amigos desde hace... -Muchos, muchos aos.
No me lo recuerdes -que no quiero sentirme vieja.
-No deberas.
Ests tan guapa como cuando te conoc.
-Al final me voy a alegrar de que seas t.
-A pesar de que fuiste a pedrselo a Pilar Mrquez antes de llamar a mi puerta.
-Bueno, yo creo que en una situacin como esta lo normal es recurrir en primer lugar a la familia, no crees?
Pero bueno, tambin estars informado de que Alberto no estuvo de acuerdo con las condiciones.
Y supongo que las tuyas son mejores.
-Yo no apuesto condiciones, querida.
-Ah, no?
Y eso por qu?
Y dime la verdad, Gerardo.
Por qu una cosa es la amistad... y otra poner en riesgo toda tu fortuna.
-Estoy convencido de que sacar el negocio adelante.
Y dentro de un ao estaremos aqu brindando por los beneficios.
-No va a cambiar ni siquiera el rictus, doa Blanca?
-Mi cara es la que es, don Emilio.
-Pues le aseguro que las dos o tres veces que le he visto rer en estos aos pareca otra.
-Eso es un piropo?
-No.
Es la alegra de conservar mi trabajo de 30 aos.
Y a nadie le extraara que usted se alegrase tambin un poco.
-Lo hago, pero a diferencia de usted no creo que mis sentimientos tengan que ser pblicos.
-An as, me alegro de saber que los tiene.
-Qu tal si dejamos de hablar de mis sentimientos -y nos ocupamos del homenaje?
-Por supuesto.
-Supongo que Don Alberto querr exponer algunos de nuestros vestidos ms emblemticos.
Har que se los busquen y los suban a tienda.
-Gracias, doa Blanca.
-Vamos, se acabaron las celebraciones.
Todava queda media hora de trabajo.
-Has hecho lo correcto.
-Ya te lo dir dentro de 5 aos.
-El cheque.
-Es la mitad, el resto me lo dan en la boda.
-Fantstico.
-Llama a los proveedores de las telas y diles que van a cobrar todo lo que se les debe.
Que sean los primeros en cobrar pero que nos traigan las telas ya, vale?
Y consgueme el telfono del periodista que public lo de la ruina.
Quiero invitarla a que cubra el homenaje de mi padre.
-Quieres organizar un homenaje, buscar secretarias, contratar vendedores?
Desde luego esta empresa no parece que est arruinada.
-De eso se trata Mateo?
-El mundo de las apariencias.
-S.
El mundo de las apariencias va a hacer que esta empresa vuelva a ser lo que era.
[ msica suave] Disculpe, seorita.
-Qu pasa?
-Han puesto anuncio buscando nuevos dependientes y una secretaria.
-Por qu no te presentas?
-Si ayer te pareca mal que me quisiera quedar en Madrid para tener ms oportunidades, y hoy me animas para que me haga secretaria.
-No, no, porque yo quiero lo que t quieras.
O sea, si t quieres mejorar, yo te apoyo y te ayudo mucho, eh?
T no has hecho un curso de secretariado de esos?
-S, bueno, pero por correo.
-Pues por intentarlo no se pierde nada.
T siempre me lo dices, no?
El que no lo intenta no lo consigue.
-Qu te parece, Rita, que me est animando para que me presente al puesto de secretaria?
T sabes qu le pasa a ste y qu ha hecho con mi novio?
-Yo?
No, ni idea.
-Claro, si no le pasa nada.
A qu no, cuada?
-Bueno, sea lo que sea, bienvenido, si te ha hecho abrir esa cabecita.
Me voy a hablar con Don Alberto.
-Me voy a mi cuarto.
-Rita, Rita, Rita, espera un segundo.
Un segundo, por favor, que tengo que hablar contigo de una cosa, Rita.
-Pues es que ahora mismo no puedo, Pedro, porque me pillas con mucho lo.
-Oye, venga, Rita, qu tienes que hacer?
-Pues que si tengo que subir a lo de Doa Blanca y luego bajar a cortar un encargo al bies, que cortar al bies es complicado porque, claro, la pobre seora es un poco como... Y hay que hacer el corte con cuidado porque si no, va a parecer un barco mercante forrado de lana.
Y ahora imagnate t la que se me puede caer encima.
Ana!
Que tengo que cortar una cosa al bies.
-Qu?
-S.
-S.
S.
S.
-Adems, no lo has hecho ya?
-No.
-Bueno, pues no pasa nada.
Hazlo y lo hablamos otro da.
-Mejor.
-Qu est pasando, Rita?
-Nada, mujer.
Qu va a pasar?
Pues nada.
-Rita... -He hecho una cosa horrible.
-Venga, no ser para tanto.
-Anoche Pedro y yo nos dimos un beso.
-Qu?
-Vamos, que empec yo y l se dej, ya sabes lo que quiero decir.
-Pero, a ti cmo se te ocurre?
-Ya, ya, ya, ya, ya lo s.
Es el novio de mi hermana y soy una persona horrible.
Yo no s qu me pas, Ana, pero pens que las galeras se iban a cerrar y que no iba a volver a verle y que era mi ltima oportunidad y que... -Y qu le quieres?
-No tena que haber pasado.
Nunca, no deba hacerlo.
Pedro adora a mi hermana.
Y se arrepiente muchsimo.
-Ya has hablado con l?
-Pero si no hace falta.
T no lo ves cmo est con mi hermana, que no hace nada ms que bailar el agua.
Y luego conmigo, queriendo fingir que aqu no ha pasado nada y... No s si voy a poder hacerlo.
Yo no s si voy a poder volver a estar como antes.
Y verlos juntos todos los das y que vengan a contarme sus problemas y hacer como si no me importase.
-Te entiendo, Rita.
-Crees que se puede olvidar?
Tenindolos ah delante un da detrs de otro.
-Espero que s.
Tmate una tila, anda, que te va a venir bien.
-S, voy a lavarme la tila y tomarme una cara.
Bueno, ya entendis lo que quiero decir.
[ msica suave] -Podra hablar con Cristina, por favor?
De Alberto Mrquez.
-Adelante.
-Lamento molestar don Alberto.
-Y yo lamento no ser la persona que estaba buscando.
-Lo siento, don Mateo, no quera interrumpir.
Estaba buscando a Don Alberto.
-Se ha ido, pero quiz yo pueda ayudarla.
-Bueno, en realidad quera transmitirle a Don Alberto mi inters por el puesto de secretaria.
He odo que va a quedar vacante.
-Ha odo bien.
Su nombre es?
-Clara.
Clara Montesinos Martn.
-Ah, Clara.
-No la conozco de algo?
-No.
O bueno, s.
Trabajo aqu.
-Ah, s, de dependiente.
-S, no era muy difcil adivinar.
-Seccin de seoras a primera hora.
De maana suele atender en perfumera.
Y antes del almuerzo es fcil verla ayudar a clientas en joyera.
Me equivoco?
-No, no, no se equivoca.
Es usted muy observador.
-As que quiere cambiar de oficio, Clara?
Tiene alguna experiencia?
-No.
No tengo mucha experiencia, pero tengo mucho inters.
-Muy bien, le transmitir a Don Alberto ese inters.
A ver si con l inters es suficiente.
-Gracias.
-No hay de qu, Clara sin experiencia.
[carraspea) -Oculta en su abrigo, le cantaba nanas y no se acostaba sin decir "Que pases una buena noche, querida".
-Espera, Pedro, ms despacio.
Ms despacio, a ver.
Oculta en sus abrigos.
-"Que pases una buena noche, querida".
-Pedro.
-"El mundo est lleno de mujeres como Beth.
Tmidas y tranquilas, que se entregan a los dems con tanta alegra que nadie ve su sacrificio".
[ msica suave] -Ah, es usted.
-S, doa Blanca.
-Crea que alguno de los jvenes se haba equivocado de pasillo.
-Pues puede irse a dormir tranquila.
Los jvenes estn en los cuartos que les corresponden.
Y maana tenemos un da complicado.
-Hablando de das complicados, sepa que es imposible dar con el vestido estrella de nuestra primera coleccin.
-Yo le ayudar a buscarlo.
-Gracias, don Emilio.
Me deja mucho ms tranquila.
-He dormido fatal, eh?
-Uy, yo tengo mucho sueo.
-Buenas das, chicas.
-Buenas das.
-Ya voy.
Ya voy.
-Les vamos a ir llamando de uno en uno para entrevistarlos.
Mientras tanto, por favor, les ruego que esperen en silencio.
Eh?
Por favor.
-Esto es intolerable.
Pero cmo quiere que trabajen mis oficialas con este bullicio?
-Cierran las puertas, doa Blanca.
Para eso estn.
-Saque a toda esta gente del pasillo de mis talleres inmediatamente.
-Y dnde los meto?
En la tienda?
-Ah es donde van a acabar, no?
Este es mi territorio y aqu estn los vestidos de colecciones pasadas para el homenaje de don Rafael.
En resumen, todos ustedes estorban.
-Sganme, por favor.
Por aqu.
Sganme!
Por aqu!
-Se preguntar por qu le he llamado.
-No voy a decirle que no, me ha sorprendido.
-Usted public la semana pasada que nuestras galeras se encontraban en la ruina.
-Tena pruebas de ello.
-As?
Quin le proporciono esas pruebas?
-No suelo revelar mis fuentes.
-Me alegro de que usted sea una persona ntegra.
-An no me ha dicho para qu me ha llamado.
-Voy a darle una exclusiva.
-Cunteme lo que sea y yo decidir si su informacin merece ser publicada.
-Quiero que usted sea el primero en saber que la salud de las galeras es extraordinaria y que el negocio se encuentra en plena expansin.
-Don Alberto, tengo cifras que demuestran lo contrario.
-Este es un negocio vivo.
Las cosas cambian un da para otro.
-Y quin ha conseguido ese cambio?
-Venga al homenaje a mi padre y lo sabr.
Ser testigo del nacimiento de las nuevas Galeras Velvet.
Sus lectores le estarn agradecidos, solo lo podrn leer en su peridico.
-Don Alberto.
[murmullos] -Muchas gracias.
-Gracias a usted.
Bien, seoritas, vamos a empezar con las pruebas.
Milagros Rodrguez.
[ msica animada] Amanda Surez Collado.
-Gracias.
-A usted.
Digna Lago?
[ msica animada] -Gracias.
-A usted.
Bien.
Clara, sin experiencia, solo me falta usted.
Bien.
Vamos all.
Este mismo.
Para la mujer elegante.
Tecle.
"La moderna corsetera nos ofrece cada temporada nuevos y sugestivos modelos de ajustadores.
Ajustadores con o sin encaje, nylon, cut, brazo, sencillos o con armadura de espuma".
No se preocupe, a m tampoco me gustan los de espuma.
Cut lleva tilde.
-Tilde?
-S.
-Claro, acento.
-"Perfectos para la mujer moderna".
"La mujer moderna".
Bien.
Ya es suficiente, me hago una idea.
-Ya s que hoy no lo he hecho muy bien, pero puedo mejorar.
-Me temo que no tenemos mucho tiempo.
-Seguramente encontrar a alguien que escriba mejor que yo a mquina, pero no va a encontrar a nadie que conozca mejor que yo estas galeras.
O que sepa cul es la diferencia que hay entre el "tule", el "crepe", o el nombre de las hijas de las clientas, o cul es la persona de contacto en las casas de proveedores.
-Y cree que debera considerarla por eso?
-Pues s, por eso y por mil razones ms que ya ir conociendo.
Llevo cinco aos trabajando en estas galeras y durante ese tiempo he sido la mejor vendedora.
Cuando miro a alguien a los ojos s perfectamente lo que quiere y yo se lo consigo.
-Ah, s?
Y qu es lo que quiero yo ahora?
-Contratarme.
-Para un momento, por favor, que tengo que hablar contigo.
-Ya, ahora tienes tiempo, no, Rita?
-Pedro!
-Qu?
-Yo no paro de darle vueltas a lo que pas.
-Pues ya somos dos.
-Yo creo que estars de acuerdo conmigo que lo del otro da fue un error.
-Mira, yo no s... no s cmo pudo pasar.
-Me dej llevar.
-Rita, es que nunca te he visto como una mujer... Mujer.
-Ah, no?
Y cmo me ves?
-Pues... Pues como una amiga, que cada vez que tengo algn problema con Clara es la primera en escucharme y en entenderme.
Que al fin y al cabo eres como mi hermana.
Y encima eres la hermana de Clara, que eso no lo quiero perder.
-No, y yo tampoco quiero perder eso, si es que adems eso de ser hermanos no se elige.
-Bueno, ya sabes lo que quiero decir.
-S, s.
-En el fondo me alegro de que pensemos igual, eh?
Porque... -Qu?
-Por un momento he pensado... -Qu has pensado?
Que me gustabas?
-Tontera.
-Pues s.
Pero cmo me vas a gustar si eres el novio de mi hermana.
-Pedro.
Pedro, no te lo vas a creer?
-Qu pasa?
-Soy la nueva secretaria.
-Te han dado el puesto!
[risa] -A usted cul le gustara?
-Este.
Es bonito pero discreto.
Con una lnea clsica nunca va a pasar de moda.
Y el brillo del diamante es maravilloso.
-Me lo dijo Carmen, que Don Alberto se llev uno de los anillos de compromiso ms caros que tienen.
E hizo una reserva para dos en un restaurante.
-Qu pasa?
-Cotilleos, solo eso.
-Qu cotilleos?
-Don Alberto, al parecer se va a cenar con la seorita Cristina al restaurante ese tan bueno de la calle Capitn Blasco.
-Es un hombre libre, puede cenar con quien quiera.
-Ana.
-La decisin est tomada.
-Despus de esta noche ya no hay vuelta atrs.
-Luisa, hay que subir un pedido.
Quieren que lo hagas t.
-Cul?
-El de doa Cayetana.
-Como ve, tengo ocho aos de experiencia -en diferentes sectores.
-Y ningn puesto de dependiente en todo este tiempo?
-Nadie me ha dado la oportunidad hasta ahora, pero le aseguro que tengo facilidad para el trato con la gente.
-S?
Est bien.
Demustremelo.
-No, no me gusta.
No me parece el vestido adecuado para el homenaje a mi padre.
-Pues, le he enseado todos los vestidos de la coleccin.
Perdona que me entrometa, seorita.
Pero creo que no est apreciando las virtudes del traje que le ensea mi compaera.
-Y qu es lo que no estoy apreciando exactamente?
-Que es un vestido hecho para alguien como usted.
Se necesita una cintura fina y marcada para poder llevarlo.
Y si quiere, puede acompaarlo con algo que cubra su cuello.
Sencillo, pero elegante.
Para que se aprecie lo que importa de verdad.
Usted.
Y qu le hace pensar que yo quiero llamar ms la atencin que mi vestido?
-Sera una tontera si no lo hiciera.
Quiere buscar unos zapatos a juego antes de llevrselo?
-Quin le ha dicho que voy a llevrmelo?
Todava no me ha convencido.
-Pues yo estoy de acuerdo con el caballero.
Adems, quiz tambin le apetezca probarse estos estupendos zapatos que acaban de llegar de Pars.
-Puede usted explicarme por qu no va vestido de uniforme?
Claro, tampoco sabe quin soy.
-Lamento no tener respuestas para una mujer tan bonita y elegante.
-Bueno, bueno, ya la hemos escuchado bastante.
-Emilio, contrtelo.
Ha demostrado lo que vale.
Y en cuanto a usted, ms vale que recuerde mi cara y mi nombre.
Soy Patricia Mrquez y junto con mi familia somos dueos de este sitio.
La espero en mi probador.
-Sgame, le mostrar la zona de residencia y le buscaremos una habitacin donde instalarse.
Y de ahora en adelante, si quiere conservar el empleo, le sugiero que deje de coquetear con compaeras y clientas.
Este es un trabajo, un trabajo serio, no la feria de su pueblo.
Sgame.
-Y si tiene cualquier problema, cuando se lo pruebe ya sabe dnde estoy.
-Estoy seguro de que no lo tendr.
Quiere dejarlo en mi coche, por favor?
Gracias, Luisa.
-Don Francisco, quera agradecerle lo que ha hecho por m.
-No tiene que agradecerme en nada.
-Claro que tengo.
No sabe lo importante que ha sido para mi marido y para m.
-Lo s, no se preocupe por eso.
Pero no lo ande contando por ah.
No quiero que la gente piense que soy una hermanita de la caridad.
-No, hombre, no.
-Ni queremos que mi esposa crea que lo hago por un motivo equivocado.
-No, por supuesto que no.
-Estupendo.
Entonces la ver pronto.
-Claro, don Francisco.
-Y dele recuerdos a su marido de mi parte, por favor.
-Muchsimas gracias.
-Lo siento, seorita, estamos cerrando.
No, no, no, no vengo a comprar.
Vengo a buscar a Don Alberto.
-Disculpe, debe estar en su despacho.
-Sabe dnde es?
-S, gracias.
-Cristina, qu casualidad.
-He venido a recoger a Alberto, me ha invitado a cenar.
-Ah!
Qu sorpresa, no?
-No se lo ha dicho?
-No, no.
Bueno, se le debe haber olvidado, como tiene tantas cosas que hacer.
Y qu?
Vais a hacer algo especial?
-Pues vamos a ir al teatro y despus a cenar.
-Ah!
Bueno, pues que lo pasis bien.
-S, seguro que ser una noche perfecta.
-El taller se ha cerrado hace una hora, vamos a ver si tenemos suerte.
Es posible que se haya quedado alguien trabajando.
Ana.
La seorita Otegui ha tenido un accidente.
Necesita ayuda.
-Claro.
En qu puedo ayudarle, seorita?
-Ay, qu alivio!
Pens que no tendra arreglo.
-Pues ya casi est terminado.
-Ana, verdad?
Ana, eres mi salvacin.
No sabes cunto tiempo llevo esperando esta invitacin y justo hoy voy y engancho el vestido?
Menos mal que al final lo has podido arreglar.
T sabes cundo sientes que la vida te da una segunda oportunidad y no la puedes perder?
Pues yo hoy no la voy a perder.
-Se puede?
-Pasa.
-Me dijeron que estabas aqu, pero si no habis terminado, mejor vuelvo... -No se preocupe, Don Alberto.
Este ya est.
-Tienes unas manos de oro, Ana.
-Gracias.
-De nada, seorita.
-Un percance en el camino, por suerte estaba aqu Ana para salvarme la vida.
Qu tal me queda?
Alberto.
-Ests preciosa.
Vamos?
-Ana.
-Estoy bien, Luisa, no te preocupes.
Debe estar pidindole que se case con l.
-Mira, Ana, antes no te he insistido porque estaban las dems delante, pero no sera una buena amiga si no te dijera esto.
Hay oportunidades que solamente pasan una vez.
No dejes que se comprometa con ella.
Ve y pralo antes de que sea demasiado tarde.
-No puedo hacer eso, Luisa.
-Pero cmo que no puedes?
Le quieres?
-Ms que nada en el mundo.
-Pues entonces corre, Ana.
Corre.
[ msica romntica] -Las puertas se cierran a las 11:00.
Espero que sean puntuales.
No se permite a los hombres el acceso al pasillo de las mujeres.
Sganme, por favor.
-Ana!
Ana!
[trueno] -Ya lo tienes todo listo para el homenaje a tu padre?
-No, faltan algunos detalles, ha sido todo muy precipitado, pero al final creo que todo saldr bien.
-Seguro que s.
-Hemos invitado a los mejores clientes, amigos de la familia y a la prensa.
Despus de todo lo que han publicado, no nos vendr mal dar una buena imagen.
-Entonces tendrs que posar conmigo.
Soy muy fotognica.
-No lo dudo.
-Mira.
Lo ves?
Mi cara de foto.
No te ras.
Me ha costado mucho tiempo encontrarla, pero ahora es infalible.
Me alegro mucho de que me hayas invitado a cenar.
-Han sido das muy duros, Cristina.
-Lo s.
-Y t has estado ah todo el tiempo, pendiente de mi familia y de m.
Sobre todo de m.
-Llevo mucho tiempo hacindolo, aunque t no te hayas dado cuenta.
-Me imagino que a veces uno necesita un golpe de realidad para verlo claro.
Quiz en estos ltimos aos no he estado muy atento o no ha sido lo que t esperabas.
[suspira] Pero eso va a cambiar.
[ msica romntica] Un momento.
Ana!
Ana!
Ana!
[ msica de drama] -Alberto, qu ha pasado?
Ests bien?
-S.
-Ests empapado?
-Me ha parecido ver a alguien.
Estoy bien.
Tranquila.
-Rita.
Rita!
Gracias, Rita.
-Hace diez minutos que deberas estar dentro.
Rita, vuelve a su cuarto, por favor.
Bbetela.
Solo falta que cojas una pulmona.
No vas a decirme de dnde vienes a estas horas?
-Ya no soy una nia, to.
Puedo salir sola de noche.
-Siempre supe que esto acabara as.
Escchame bien, porque solo una vez voy a poder decirte esto.
Mrchate.
-A dnde?
-A donde sea, pero lejos de aqu.
-Usted es mi familia, esta es mi casa.
-Crees que no lo s?
Y crees que no me duele tener que decrtelo?
Pero es lo mejor para ti.
-Alberto... -Don Alberto.
Don Alberto.
l seguir haciendo su vida y se casar con una de su clase y t estars ah cosindole el vestido de novia o el del bautizo de su hijo, ah, siempre ah, pero detrs, recordando.
Tengo un amigo en Barcelona, trabaja en una sastrera.
Seguro que puede encontrar trabajo para una buena cortadora.
[ msica suave] -Pero de dnde ha salido el vestido?
Me he vuelto loca buscndolo!
-Lo ha trado Don Alberto.
Creo que estaba en una coleccin privada.
-Buenos das.
Ayer mi hija volvi muy contenta de la cena.
-Fue una cena muy agradable.
-Claro que, a decir verdad, yo no estoy tan contento con lo que sucedi anoche.
Esperaba que mi hija volviera con un anillo de compromiso en el dedo.
-Ya, bueno, lo cierto es que me pareci todo un poco precipitado.
Quera tomarme las cosas con ms calma.
-Sin embargo, no te tomaste tanto tiempo para disponer de mi dinero.
-Son cosas distintas, por favor, don Gerardo.
Me gusta hacer las cosas con calma y hacerlas bien, y creo que Cristina se lo merece.
-En eso estamos de acuerdo.
Y no se me ocurre un sitio mejor para que Cristina y t formalicis vuestro compromiso que el homenaje a tu padre.
Por qu desaprovechar la oportunidad que se nos brinda con la presencia de la prensa y la alta sociedad?
-Hoy es un homenaje a mi padre, don Gerardo.
Yo creo que l debera de ser el protagonista.
-Tu padre... estara muy feliz de verte con ella.
Y lo sabes.
-Me alegro de que est usted bien don Guillermo.
S, mi to est perfectamente tambin, gracias.
No le llamaba por eso.
Ver, es que estoy pensando en irme a vivir a Barcelona y me haba dicho que quiz usted estara interesada en una cortadora para su taller.
Bueno, si mi to no le va a decir que yo soy la mejor cortadora, quin podra decrselo?
Cuanto antes mejor, la verdad.
"Te espero en la azotea".
[ msica suave] -No te vas a acercar?
No te voy a montar ningn nmero.
Eras t, verdad?
-Quin?
-La que entr en el restaurante.
Eras t.
-Qu restaurante?
-No te hagas la tonta.
Estaba a punto de sacar un anillo para pedirle que se casara conmigo.
-Lo hiciste.
-No, no puedo.
Me quiero casar contigo, no me quiero casar con ella.
Es que no lo entiendo, la verdad.
No entiendo por qu haces esto.
-Porque soy una cobarde.
No eres ninguna cobarde, Ana.
Eres mucho ms valiente que yo.
-Si fuera valiente no habra ido all.
-Pens que no eras t.
-Tiene que haber una solucin.
-No la hay.
-Lo he estado pensando.
Escchame, necesito un ao.
Cojo el dinero de Gerardo, lanzo la nueva coleccin y salvo las galeras.
No me tengo por qu casar con Cristina.
No me quieres esperar?
-Te esper siete aos, te esperara toda la vida, Alberto.
Pero as no puedo, tenas tu razn.
No puedo verte entrar y salir con ella de la mano.
Cmo la llevas a cenar?
No puedo, es muy difcil.
Habl con un amigo de mi to que tiene un taller en Barcelona y necesita cortadoras.
-Te vas?
-S.
Escchame.
Coge el dinero, salva las galeras y ven a por m.
[ msica suave] -Pngase bien la corbata.
-Es que si me la aprieto ms me ahogo.
-Que prefiere que lo haga yo?
Lo de ahogar, le digo.
Pngase bien la corbata!
Por favor, colquese en lnea.
Las de costuras al centro.
-Hola.
-Hola.
-Soy Max.
-Carmen.
-Carmen, sabe dnde est Doa Blanca, la jefa del taller?
Me han dicho que me tiene que tomar medidas.
-S.
Sgueme.
Doa Blanca, disculpe.
-Qu hacen ustedes aqu?
-Es uno de los nuevos empleados, viene por el uniforme.
-Es una talla mediana, algn uniforme habr en el almacn que le podamos ajustar, voy a tomarle medidas para que se le hagan al menos un par de camisas, grese.
46.
49.
Doble el brazo.
64.
Dese la vuelta y desabroche la camisa.
Carmen, suba a tienda.
-Si es igual, yo le ayudo.
-Suba!
-Adis, gracias por acompaarme.
-Le gusta mi colgante?
Lo tengo de toda la vida.
No creo que valga mucho dinero, pero valor sentimental s tiene.
-Suba los brazos.
Cmo se llama?
-Maximiliano Espsito, pero me puede llamar Max.
-Muy bien, en un rato tendr el uniforme.
-Ya est?
-S, ya est.
Y ahora vyase que tengo trabajo.
-Doa Blanca, tienes ya el calendario de las entregas?
-Se encuentra bien?
-S, don Emilio, ha sido solo un mareo.
-Le traigo un poco de agua o...?
-No, no hace falta, ya estoy bien.
Gracias.
-Adems del collar, tenemos esta pulsera que acaba de llegar.
Oro blanco y cristal de silesia.
Si me permite mi opinin, creo que estara espectacular en el homenaje a don Rafael.
Por supuesto, el collar y los pendientes favoreceran su cuello, ahora con ese nuevo corte de pelo tan favorecedor.
-Gracias, seorita.
-Podemos ver los pendientes, por favor?
-Ahora mismo, seorita Patricia.
Manufacturados en Londres.
Son obra del diseador de moda de la aristocracia inglesa, ahora mismo.
-Son preciosos.
-Y son de la misma coleccin que el anillo que ha comprado su hermano.
Perdn, he dicho algo inoportuno?
-No, por supuesto que no.
[golpes a la puerta] -Ya est todo preparado.
-Todo menos yo.
-Ojal pudiera ayudarte de alguna manera.
-Ya me ayudas, Mateo.
-Si quieres yo puedo casarme con la Otegui.
-A su padre le dara un infarto.
-Oye, soy un buen partido.
-La pena es esa fama de mujeriego que te has creado.
-Habladuras de la gente, ya sabes cmo son.
-Vamos?
-Vamos.
-Ya est todo preparado para el homenaje, don Alberto.
-Gracias.
-Se le est dando bien esto, Clara sin experiencia.
Puede recoger ya.
Le vemos ahora en el homenaje.
-Si no necesitan nada ms.
-La has escogido por el fsico?
-Pero por quin me tomas?
[aplausos] -Buenas noches.
Gracias.
Gracias a todos por venir al homenaje a mi padre.
Mi padre, don Rafael Mrquez, fue el gran creador e impulsor de Galeras Velvet.
Gracias a su trabajo, a su esfuerzo, a su entrega, a su ilusin, gracias a todo ello hizo que la alta costura en este pas ocupara el lugar que se merece hoy en da.
Y por eso hemos querido brindarle este pequeo homenaje.
[aplausos] Quiero que este acto sirva tambin para dar a conocer la nueva lnea que Galeras Velvet iniciar a partir de hoy.
En Galeras Velvet vamos a modernizarnos, vamos a adaptarnos a los tiempos que corren.
Vamos a crear una lnea innovadora que estamos seguros revolucionar la forma de vestir en este pas.
[aplausos] Las Galeras Velvet forman parte de mi familia, de mi vida.
Aqu he crecido, aqu he aprendido todo lo que s y sobre todo aqu he conocido gente maravillosa a la que nunca voy a poder olvidar.
[aplausos] Y ahora?
No se me ocurre un momento mejor que este.
Y una compaa mejor que la de todos ustedes.
Cristina, acrcate un momento, por favor.
-Yo?
Para qu?
-Cristina... Has estado conmigo desde el principio de este viaje.
Y deseara que estuvieras a mi lado el resto de mi vida.
Cristina... Me concederas el honor de ser mi esposa?
-Yo no esperaba esto, Alberto.
-Quieres ser mi esposa?
-S.
S quiero.
[ msica suave] [aplausos] -A la estacin de Atocha, por favor.
[ msica triste] -Le felicito por su compromiso Don Alberto.
-Gracias.
Don Emilio.
Quera que supiera Nunca hubiera querido que las cosas sucedieran de esta forma.
-No siempre podemos hacer lo que queremos.
[ msica triste] -No he podido irme.
-No quiero que te vayas.
-Pero no s qu hago aqu, Alberto.
Esto solo nos va a hacer ms dao.
-Me duele ms pensar que no te voy a volver a ver.
Promteme que no te vas a volver a marchar.
-Te lo prometo.
[ msica suave] -Buenos das seorita.
-Buenos das Don Alberto.
-Tienes un poco de carmn en los labios.
Lo tuyo con Ana aqu es un error de principiante.
-Queras que hiciera?
-Todos tenemos mucho que perder -si esto sale a la luz.
-Se deca que haban visto a Alberto con una muchacha en el funeral de su padre.
-Qu poco necesita una cotilla para montar un romance de un simple incidente.
-Y no te preocupa?
Porque llegaron a decir que era su amante.
-Desde que la conozco es la primera vez que no est en su puesto de trabajo 10 minutos antes de la hora.
Comprender que me haya preocupado.
-Pues no tiene de qu, ya lo vi.
No pretenders aparecer aqu por las buenas y que me comporte como si fueras mi... -Hijo.
-Creo que deberas marcharte.
-He venido aqu para quedarme.
-Es una pena que quiera quedarse porque podra acompaarme a cenar algo al Alcal?
-Don Mateo te invit a cenar y t has dicho que s?
-Por favor, no le digas a Pedro nada.
Te prometo que no va a pasar nada con don Mateo.
-Luisa.
-Don Francisco?
-Qu hace usted aqu?
-Necesitaba verla a usted.
-Creo que no le entiendo.
-S que me entiende Luisa.
-Buenos das Don Emilio.
-Debera llamar a la polica.
-Alberto me ha pedido matrimonio y he pedido que seas t la que se encargue de todos los preparativos de la boda.
Y de todo lo que me haga falta.
-De lo que le haga falta?
-Creo que me das buena suerte.
-Alberto, eres t?
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