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Returning
-En Madrid!
Que viene a vernos!
-Cundo?
-Maana, maana viene Luisa!
-La Luisa!
Mi Luisa?
Luisa, que soy Jons!
Cmo ests?
-He odo que Velvet pretende hacer negocios con los Alcocer.
Averigua de qu se trata.
-Valentn!
-Y aqu tenemos varias ideas del diseo de joyas.
-T qu opinas, Patricia?
-Yo por lo menos no vivo a escondidas.
-Perdn?
-La vi la otra noche, en la habitacin de Isabel.
Pero igual no era usted.
Y lo que tengo que hacer es avisar a don Emilio y que registe en el cuarto, a ver si localizan a la intrusa.
-Ha sido solo una idea.
-Los estampados pertenecen al da.
Son luz en estado puro.
Me pertenecen a m.
-A ti estas galeras y esa coleccin de joyas te da exactamente igual.
Te has venido a destrozar mi relacin con Alberto.
-Aunque te hayas quitado la bata, recuerda que sigues siendo mi empleada.
-Mira, Pedro, que ser tu madre, pero no la aguanto ms.
Que ni s dnde tengo las bragas.
-Bueno, estn detrs de las suyas.
-Me vas a hacer trabajar como si fuese una criada.
-Vas a trabajar de modista.
-Les presento a Luca Mrquez.
Rita, usted se har cargo de ella.
-Menuda maestra.
-Viene a ocupar la plaza de Luisa Rivas.
-Seorita Rivas, por favor.
Qu hay de cierto en los rumores que le unen a su representante?
-Estoy enamorada de l, Jons.
Te mereces ser muy feliz.
-Estamos as porque desde que ha llegado usted no ha parado de entrometerse en todo.
-Pero si yo no he hecho nada.
-Ha hecho todo, madre.
Le ha faltado decir cmo tiene que coser a Rita.
-Me lo ha dicho.
-Por Airsa y por Velvet.
-Salud.
Nueva York es cosa del pasado.
No conozco el compromiso ni me interesa.
Qu siente alguien que est casado con la mujer perfecta y enamorado de su empleada ms atractiva y pasando un buen rato con su socia.
-Necesitamos dinero para la prxima coleccin.
-Estoy en ello.
-Ah, s?
Tengo una idea.
Si gano yo recupero todo mi dinero.
-Y si pierde?
-Usted se queda con Velvet.
-Acepto.
-Pker de jotas.
Nuestras chicas nos esperan.
[ msica en ingls] -Contrato con Cafiero cerrado.
La mujer de mi vida me est esperando en casa, Mateo.
Hoy es mi da de suerte.
-Tu da de suerte.
Si en vez de una jota hubiera salido un tres habras perdido hasta la camisa.
-Un detalle que nos vamos a quedar para los dos, eh?
-S, para los dos.
Un pequeo detalle, nada ms.
Oye, una cosa importante.
Me marcho.
No eres el nico al que esperan en casa.
-No hagas nada que yo no hara.
Clara?
Soy yo.
Ya he llegado.
-Ana?
-Clara?
Clara?
Clara?
Clarita?
-Est exactamente igual que cuando me pediste matrimonio.
-Eso quiere decir que te vienes a vivir conmigo?
-Ven.
En todos estos aos nos han pasado un montn de cosas.
Unas buenas y otras malas.
Yo siempre me he sentido la mujer ms afortunada del mundo.
Porque t siempre estabas conmigo.
Pero no puedo vivir contigo.
-Pero por qu?
Por qu, Ana?
-No puedo vivir contigo aqu, Alberto.
Esta casa ha sido de tu padre y de Gloria.
Luego tuya y de Cristina.
Est llena de cosas suyas por todas partes.
-Las tirar todas.
-No, no, no.
Aunque no quedara ni una.
Est llena de recuerdos.
Alberto, yo quiero un lugar nuevo.
Quiero empezar de cero una vida contigo.
-Entonces eso... significa que... -Que a partir de ahora vamos a tener que mirar los anuncios de casas del peridico todos los das.
-Me habas asustado.
-Espera, que todava falta algo.
-Te quiero mucho, Ana.
-Y yo a ti.
Pero te debo una.
[ msica alegre] -Yo llamaba precisamente para desapuntarme, seorita.
Eh?
No, lo siento mucho, pero las dos primeras clases no... vamos, que no han funcionado y no... me temo que no voy a volver.
S, es definitivo, s, seorita.
Muchas gracias.
Adis.
Adis.
-Buenos das.
Est todo bien?
Una revisin mdica de rutina que me han... que me han cambiado la hora.
Y t?
Acabas de llegar?
-S.
Y de eso precisamente quera hablarle.
Alberto y yo queremos ir a vivir juntos.
-Estis seguros?
Todava no habis conseguido la nulidad y no va a ser sencillo.
Las cosas se pueden complicar y mucho.
No podais esperar un poco ms?
-To.
Llevamos toda la vida esperando.
La nulidad cada vez est ms cerca.
Queremos una casa.
Y formar nuestra propia familia.
-Ni una palabra ms, hija.
Yo soy feliz si t eres feliz.
Y te prometo que esta vez no voy a echarme atrs.
No, ya no.
Lo que no voy a poder prometerte jams es... dejar de preocuparme por ti.
-Gracias.
-Vas a contrselo a tus amigas?
-S.
-Adelante.
-Y encima justo ahora que yo pensaba que todo iba mejor que nunca entre nosotros.
-A ver, Clara, no nos precipitemos.
Igual solo es un malentendido.
-Es que la tonta soy yo.
Yo pensaba que estaba organizando un hogar para formar una familia conmigo.
Y llego all y veo una mesa de pker y una de billar.
Lo que se ha hecho es un pisito de soltero.
Y encima ha estado viviendo all con esa.
-Pero mujer, que tampoco sabes si ha pasado algo entre ellos.
Porque lo mismo solo le est dando un techo a la cra.
-Rita, que la he visto con mis propios ojos.
Si es que con Mateo siempre es igual, no cambia.
-Lo siento mucho, Clara.
-No cambian, primo.
Las mujeres son todas iguales.
Primero te dicen que les gustas, despus te engatusan y cuando por fin ests convencido aparece otro y si te he visto no me acuerdo.
-A lo mejor es que no mereca tanto la pena, primo.
Si t lo que tienes que hacer es cambiar de pgina y te buscas a otra.
Bueno, t lo tienes fcil.
Adems tampoco llevas tanto tiempo.
-El suficiente, primo.
El suficiente como para enamorarme de ella.
-Lo siento mucho, primo.
Ay, Clara, que no sabes que...!
Mateo?
-Mateo.
Y t qu tal anoche?
-Vamos a buscar una casa nueva para vivir juntos.
-Ay, Ana, no sabes cunto me alegro.
Oye, y lo que te voy a echar de menos tambin te lo digo, pero por ahora me alegro mucho.
-Gracias, Rita.
-Ojal Clara tuviera la misma suerte con el desgraciado de Mateo.
-Pero tan grave ha sido.
-Mira, no me hagas hablar porque... -Eh, t!
Qu significa esto?
-Esto es un babero.
El de mi hija completamente.
-Muy bien, y qu haca en casa de Mateo?
-Y t?
Qu hacas t en casa de Mateo?
No me digas que habis estado haciendo cochinadas, eh?
Clarita, que no ests casada.
Si es que nos has salido muy ligera.
-Te estoy preguntando qu hacas hoy.
-Es normal que se me haya olvidado alguna cosa.
Despus de un mes viviendo all.
-De qu ests hablando?
-Ay, que no lo sabas?
Cunto lo siento.
Qu raro, a m Mateo me lo contaba todo.
-Pero t qu te has credo, somarrana?
-Eh, eh, eh!
Vigila esa lengua bonita.
Que yo solo he aceptado una invitacin.
Es l el que ha metido a otra en casa.
Aunque tienes que concederle que tiene muy buen gusto para elegir compaera, no crees?
-Clara, qu haces!
Clara, te has vuelto loca!
-Es verdad que Brbara estaba viviendo en tu casa?
-Qu dices?
De dnde has sacado esa tontera?
-De esto y del que me lo ha dicho ella.
-Mateo, no tiene ningn sentido que sigas fingiendo.
Te ha cogido.
-Clara, Clara, escchame.
-No os preocupis, ya cojo el siguiente.
-Clara, escchame.
Brbara estaba sola, con una hija.
No poda dejarla en la calle.
Te juro que yo no estaba viviendo con ella.
Qu queras que hiciera?
-Contrmelo.
-Te lo estoy contando ahora.
Clara, lo siento.
Lo siento mucho.
Perdona, debera habrtelo contado antes.
Lo siento.
-Ha pasado algo entre vosotros?
-Qu?
No, no.
No, no, no, no.
De verdad, te lo juro.
Te lo juro, tienes que quererme.
No vas a decir nada ms?
Clara, somos una pareja.
Las parejas arreglan sus problemas hablando.
-Lo nuestro se ha acabado.
[ msica triste] -Ests bien, Clara?
Te pasa algo?
-Que soy una imbcil, eso es lo que me pasa.
Mateo me ha ocultado que Brbara lleva un mes viviendo en su casa.
Y hemos roto.
Cuando pensaba que las cosas no podan ir mejor, resulta que van peor que nunca.
-Oye, lo siento.
No s qu decir.
-Claro que no, que t no me tienes que decir nada, que soy yo quien necesito desahogarme.
Y sabes qu es lo peor?
Que ahora le voy a tener que ver todos los das.
Y encima le tengo que obedecer y as yo no me puedo olvidar de todo lo que le quiero.
Hazme caso.
Nunca, nunca, nunca te enamores de tu jefe.
De tu jefa.
-Lurdes?
Doa Brbara?
-No la he visto, don Mateo.
-Dnde se ha metido esa?
-A ver, a ver, Mateo.
Esa quin es?
No soy... -Tu amiguita.
Dnde est?
Te juro que la voy a matar.
La muy desgraciada no ha parado hasta separarme de Clara.
Yo la ayudo y as me lo paga.
No se puede ser ms mala.
-Yo no soy Brbara, Mateo, por si no te has dado cuenta.
Y esa historia ni la conozco ni me interesa.
As que si te quieres desahogar te vas a buscar a tu amiguito y le lloras a l.
Buenos das.
-Buenos das.
-Necesito tres copias del contrato de los Alcocer.
Vienen en una hora.
-Claro.
Quera darte esto.
Son dulces de Santa Clara.
Son tpicos de Valladolid.
Estn muy ricos.
Con azcar por encima y... Eres golosa?
No s, crea que te gustara probarlos, pero a lo mejor no he hecho bien.
Quera tener un detalle contigo y no se me ocurri otra cosa.
-Gracias, no tenas por qu.
-No, es una tontera.
Es que despus de lo de noche, bueno, la noche anterior, quera que supieras que estuve muy a gusto.
-Yo tambin.
-S?
Quieres que esta noche...?
-Vctor, el contrato.
-Claro.
Buenos das, doa Brbara.
-Otro madrugn de estos y te juro que no lo cuento.
– Son las 10: 00 de la maana, Brbara.
-Bueno, pero es que no sabes la noche que me ha dado Lourditas.
-No te quejes que no eres la nica que no ha pegado ojo.
-Ah!
As que por fin.
-Toda la noche.
-Ay, es que ests en racha, Cristina.
Cuando se abre la veda se caza con los ojos cerrados.
Y esto qu es?
Un regalo de tu ltima conquista?
-No.
No, no, no es de l, es de Vctor.
S, de... son de Valladolid.
Estaba agradecido, quera darme las gracias por contratarle, por todo eso.
-Y qu, quiere hacerte la pelota?
Claro, como sabe que conmigo no tiene nada que hacer, pues te quiere de su lado.
Fjate, lechn, con tarjetita y todo.
Vamos a ver qu dice.
"Lo de anoche fue increble.
Si me necesitas, ya sabes dnde encontrarme".
Ah!
El lechn.
Te has acostado con el lechn de Valladolid?
Mira, cuando te dije que buscaras a otra persona que no fuera Miguel, no me refera a algo como esto.
Porque dime que solo ha sido una vez.
Cristina, dime que solo te has acostado una vez.
Ay, madre!
-Lo intent con Miguel y no pude, Brbara.
Con Vctor es todo mucho ms sencillo, ms cmodo.
-Y por qu no me lo has contado antes?
-Pues porque saba que te ibas a poner as, porque piensas que es un cateto.
-Es un cateto y un ridculo, un hortera, un mindundi!
Y pues si fuera poco es tu empleado, Cristina.
Qu pasa, si en ves de coger yo la tarjeta hubiera venido, no s, Alberto?
-Bueno, a partir de ahora tendremos ms cuidado.
-A partir de ahora?
Piensas repetir?
Mira, Cristina, o me dices que este hombre es una bestia salvaje en la cama o te juro que no lo entiendo.
No.
No, bscate a otro.
-Mira, Brbara, tena que elegir a alguien para que me dejase embarazada y lo he hecho.
As que no voy a parar hasta que no lo consiga.
Djate de darme lecciones y ocpate de tus asuntos con Mateo.
-Cuando llegue a la estacin, ten mucho cuidado porque eso est lleno de carteristas.
Y cuando vaya a coger un asiento en un autobs, coge siempre el del pasillo.
Porque cuando coges la ventana, entra el sol y usted que duerme, y se pega con el cristal, vamos apallados.
Y cuando llegue al pueblo, por favor, llmeme, porque yo me quiero quedar tranquilo.
-Que se va al pueblo, hombre, no al frente.
-Si alguien se preocupara por l como se preocupa l por m, mejor le ira.
-Madre?
-Qu es broma, tonta?
Te he dejado una pizca de matanza en el ltimo cajn, eh?
-La voy a echar mucho de menos, madre.
-Ay, yo a vosotros.
-Buen viaje, Doa Conchi.
-Adis.
-Ten cuidado.
Y gracias por cuidrmelo.
T y yo no nos parecemos, pero s que lo haces feliz.
Y es una cuestin de tiempo que t y yo nos llevemos bien, eh?
Ya vers.
-Tenga buen viaje.
-Adis.
Ande, tire.
Adis.
-Buen viaje.
-Ests pensando lo mismo que yo?
[ msica animada] Pero Pedro, que este no es nuestro cuarto es de Isabel.
-A m me da igual, pero aqu ya no hay nadie.
Nadie, estamos t y yo solos.
Espera.
-Qu?
-Has odo ese ruido?
-Yo solo te oigo a ti.
-Ponte en encima.
Ponte en encima, ponte en encima.
Esprate, me desabrocho.
-Ay, que te desabrocho yo.
Espera.
-El armario.
-Qu, qu?
-Que es abierto solo la puerta del armario, Rita.
-Ay, no digas bobadas, ser un golpe de aire.
-Cmo que, cmo que golpe de aire?
Que estamos todos solos.
Est todo cerrado, Rita.
Que no estamos aqu solos.
Aqu hay una presencia.
Me voy, me voy, me voy.
Me voy, me voy, me voy.
-Dnde vas?
-Lo ms lejos posible.
Adentro, ah, ah.
Ah adentro hay una presencia.
No me lo puedo... Isabel, es Isabel.
-Eso ni en broma.
Por ya... -Que me da mucho susto, de verdad.
Si no se me olvidara en el pueblo, en la casa de doa Filomena.
Pero si yo vi el espritu.
Estaba vestido de blanco.
Jons quiso llamarle.
Y yo estuve dos semanas... -Reljate, alma de cntaro.
-No, no, yo no me puedo relajar.
Don Emilio tiene que saberlo.
-Por qu no seguimos en nuestro dormitorio, eh?
Y yo te protejo de los fantasma.
-Que no, que con l ms all, poca broma.
Rita, poca broma.
-Ya s que su madre le ha contado lo de la clase de baile.
Si viene a insistirme para que vuelva, le advierto que est perdiendo el tiempo.
-Ha dejado las clases?
Pero si era su sueo.
-Seor Infantes, si yo acud a esas clases en su momento, fue por la memoria de Isabel.
Creo que no ha perdido usted la fea costumbre de interrumpirme cuando hablo.
Como lo deca, seor Infantes, yo fui a esas clases por Isabel.
Le haba prometido que hara todo lo posible por recuperar aquellas cosas que me decan feliz y no convertirlas en un sainete.
-Con un sainete... -Le ha quedado claro, seor Infantes?
-S, me ha quedado claro.
Y ahora de qu quera hablar conmigo?
-Nada, quiero decir que no tiene importancia.
-No la tiene?
Bien.
-Todo bien?
Ay, mi madre!
Una presencia aqu?
-S, pero no una cualquiera.
Doa Isabel, primo.
Y es que despus de lo de Doa Filomena -No la menciones, no la menciones, que no se... -S, s, s.
-Pero oye, t ests seguro?
-Claro que estoy seguro, pero yo solo no estoy seguro.
Est tambin Pepita, que vive al lado.
Que dice que he escuchado ruidos raros todo el rato.
-Pero dentro de la habitacin?
-Que s, en la habitacin.
Que se piensa que son ratas.
Yo le he dicho que las ratas no van abriendo por ah puertas de armario.
Buenas tardes.
Yo lo he visto con mis propios ojos.
Primo, te ests riendo de lo que yo te estoy diciendo?
Te estoy hablando de fantasmas de verdad.
Sabes que me da muchsimo miedo esto.
-Pero mrate si ests cagado de miedo.
Que yo no creo en fantasmas, primo.
-Pero si me... y todo lo que me ests diciendo aqu...?
-No se preocupe, seor Cafiero.
Hoy mismo le mando los catlogos y hablamos en cuanto los tenga.
No, no pienso jugarme los pedidos al pker.
Ya tent suficiente la suerte.
Muy bien.
Que tenga un buen viaje.
Chao.
Est dispuesto a distribuir las colecciones anteriores y quiere ver los diseos de sta en cuanto los tengamos.
No te parece increble?
-Est muy bien, s.
-Est muy bien?
Est muy bien.
El mismo Enzo Cafiero.
Quiero convertir Velvet en un fenmeno internacional y a ti lo nico que se te ocurre decir es que "est muy bien".
-Clara se ha enterado de lo de Brbara.
No, cllate.
Ya s lo que me vas a decir.
Que la culpa es ma, que ya me lo habas avisado, que no tengo que estar mintiendo tanto, que soy un idiota Crtame cuando quieras.
-Sigue, sigue, vas muy bien.
-No estoy para bromas, Alberto.
Y sabes lo peor de todo?
Que no pude negarlo.
Clara se encontr un babero de Lourditas en el sof.
-Pero ibas a negarlo y ese es el problema, que en vez de querer solucionar las cosas te empeas en seguir mintiendo.
-Esta es tu manera de ayudarme?
-Algn da te dars cuenta que es lo que estoy haciendo, compaero.
-Tenemos que hablar.
Enrique no fue quien rob los diseos de De la Riva.
-De qu ests hablando?
-Estbamos intentando fichar a Valentina Alcocer en exclusiva como proveedor para la coleccin de joyas cuando Oxford hizo una oferta mejor.
Demasiada casualidad.
-Crees que saban que estabais negociando con l?
-S.
Alguien se lo dijo y no pudo ser Enrique.
l ya no est.
As que el topo sigue en Velvet.
T te equivocaste.
-Has venido a eso?
-No.
He venido para pedirte que hagas algo para proteger mi negocio.
-Muy bien, qu hacemos?
-De momento nada.
Solo lo sabemos nosotros tres y as tiene que seguir siendo.
Que no salga de aqu.
Andaros con mil ojos.
Y si os enteris de algo me lo decs.
Clara.
-Don Alberto.
Cuando llegue Don Esteban a las galeras avseme, por favor.
Sin Enrique, mi to es el nico sospechoso.
-Luca!
Luca!
Vamos a llegar tarde por tu culpa.
-Hay una forma de no llegar tarde y es no llegar.
Venga, pap.
Como broma no ha estado mal.
Pero no querrs que hoy vuelva a ese taller infecto, verdad?
-No vamos a tener otra vez esta conversacin.
Venga, vamos.
-A mam le habra horrorizado verme trabajar all.
-Tu madre no soportara ver a lo que te has convertido.
-No puedes ignorarme durante aos y ahora a presentarte como el padre perfecto.
No sabes lo que me gusta.
No sabes lo que quiero en la vida y no tienes ni idea de quin soy.
No vas a hacerme pasar por el aro.
-Blanca lo har.
-Tpico de ti.
Sentarte y esperar que los dems resuelvan tus problemas.
-Luca, estoy perdiendo la paciencia.
-No creo que puedas humillarme ms de lo que ests haciendo.
-No tientes a la suerte.
Crees que no te conozco.
La que no me conoces eres t a m.
-Buenos das, Esteban.
-Buenos das, Blanca.
-Buenos das, Luca.
-Dejaron de ser buenos cuando sal de casa.
-Pues s cree que van a mejorar a partir de ahora.
Est muy equivocada.
La entrada de empleados es por el otro lado.
Ya lo sabe.
No lo dir ms veces.
Sgame.
-Esteban.
Te estaba buscando.
-Lo siento, acabamos de llegar.
Es tu prima, Luca.
-Hola, Luca.
Soy tu primo, Alberto.
No puedo creer que nos estemos conociendo a estas alturas.
Encantado.
-Al menos uno de los dos lo est.
-Perdona si no te pude recibir ayer.
Fue un da muy complicado.
-El mo fue un infierno.
-El primer da es normal.
Deberas agradecer a tu primo la oportunidad que te est dando.
-La oportunidad de pasarme todo el da encerrada en este antro?
Muchas gracias, Alberto.
-Luca.
Disclpala, son muchos cambios.
-Podemos hablar a solas en mi despacho?
-S, claro.
-Ni se le ocurra dar un paso ms.
-Buenos das.
-Buenos das.
-Qu madrugadora, no?
Habamos quedado dentro una hora, si no me equivoco.
-A Phillipe Ray le cuento ms la maana.
-A m me pasa lo mismo.
-Ral, he estado pensando... -Ana, espero que lo que vayas a decir a continuacin tenga que ver con trabajo.
No quiero escuchar una historia ms sobre Alberto y t.
-Es solo trabajo.
El otro tema lo has sacado t, no yo.
He pensado que podemos usar telas antiguas del almacn para hacer prediseos cuando tomamos los primeros bocetos.
-Quieres perder el tiempo cosiendo modelos que no van a ser concluyentes?
-Perderamos tiempo por un lado, pero lo ganaramos por otro.
Si hubiera algo que modificar, lo haramos sobre ellos.
-Y afinaramos an ms a la hora de cerrar un diseo definitivo.
Buena idea, seor Ray.
Doa Blanca, necesito a alguien que baje al almacn y traiga telas antiguas.
-S, por supuesto.
Ahora mismo aviso a Pepita para que... -No, no hay tiempo de buscar a Pepita ni a nadie.
Usted?
La nueva.
No le importa que se la robe, verdad?
Quizs sea ms conveniente que yo me haga... -Necesito que baje al almacn del stano y traiga todas las sedas que encuentre.
-No.
-Perdn?
-He dicho que no.
Desde que ha llegado, lo nico que hago es cargar telas de un lado para otro y yo no he venido a trabajar de mozo.
-Luca, el seor De la Riva es nuestro diseador.
-No, no, no.
-Usted har lo que l diga.
-Doa Blanca, no se moleste.
La princesita est cansada de dar vueltas.
Pues esto no ha hecho ms que empezar, querida.
Vas a desear ser mozo.
-Disclpese ahora mismo, Luca.
-Me haban hablado del genio de Ral de la Riva, pero nunca lo haba sufrido.
Con la de dinero que me he gastado en sus diseos, podra tratarme con un poco de respeto.
-No la veo usted de ningn probador.
La veo trabajando en un taller.
As que, nia malcriada, mientras lleve usted puesta esa bata, no vuelva a dirigirse a m en esos trminos.
-Seor de la Riva, lo siento muchsimo.
No volver a ocurrir.
Yo me hago cargo.
Ven aqu ahora mismo.
Vamos!
-Me ests haciendo dao.
Sultame.
Que me sueltes!
-Escchame bien.
Como se te ocurra volverle a hablar as a alguien de estas galeras.
-Qu vas a hacer?
Echarme?
-Ya te gustara, ya.
Mira, Luca, he tenido que enfrentarme a chicas mucho ms difciles que t.
Y todas han acabado mansas como corderitas.
No me gusta ser la niera de nadie, pero si me obligas, no voy a tener ms remedio.
Quiero que ordenes los catlogos de hilos alfabticamente.
Despus seguirs con los de telas y proveedores.
Y al terminar la jornada, recogers el taller.
Desde hoy hasta nueva orden.
Y todo lo hars con una sonrisa en los labios.
Entendido?
He dicho, con una sonrisa.
-Como usted ordene.
Lucifer.
-Cierra la puerta.
Disculpa tanto secretismo, pero es importante que nadie escuche esta conversacin.
Enrique no fue quien rob los diseos de De la Riva.
Y quien lo hiciese sigue en las galeras.
-Cmo?
-Hemos estado a punto de perder un contrato con la familia Alcocer.
Tenamos un acuerdo en exclusiva, prcticamente cerrado.
Pero alguien avis a Oxford.
Hicieron una contraoferta.
Creo que me debes una explicacin, Esteban.
Fuiste t el que me aseguraste que Enrique era el culpable de todo.
Fuiste t el que me dijiste que mi ta estaba detrs de todo esto.
-Y te juro que as fue.
Pilar nos ha mentido a todos.
Te estoy dando mi palabra, Alberto.
-Llmala y demustrame que puedo confiar en ti.
-S?
-Pilar, soy yo.
-Ha pasado algo?
-Eres una cnica mentirosa.
-Cmo?
-Me dijiste que haba sido Enrique.
Me fui de ti, di la cara y ahora.
-Es verdad, Esteban?
No s de qu me ests hablando.
-Me aseguraste que fue l quien rob los diseos de De la Riva.
-Eso dije?
Vaya.
Y seguro que t fuiste corriendo a decirlo a Alberto.
Eres muy ingenuo, Esteban.
Por qu iba a reconocer haber hecho algo que no hice?
-Sabes que esa coleccin es de Ral De La Riva.
Eres una mentirosa.
Todo lo que sale de tu boca es veneno.
Alberto me acusa de traidor.
Qu quieres, arruinarme la vida?
Eres mi hermana, Pilar.
-Y tambin tengo que sacar adelante una empresa.
La familia y los negocios nunca fueron buenos compaeros de viaje.
-Las cosas no son as.
-Alguna vez han sido de otra manera?
A diferencia de ti, Esteban, yo tengo... -Mi padre siempre deca que mi ta era una sinvergenza.
Se quedaba corto.
Lo siento, Esteban.
Nos estamos jugando mucho.
Y el no saber qu es lo que est pasando me est volviendo loco.
-Siento que mis errores del pasado sigan pesando aqu.
Mi hermana siempre ha sido igual.
Tena que haberlo sabido.
-Por lo menos lo sabemos los dos ahora.
Y el contrato con la familia Alcocer sigue adelante.
[ msica alegre] -Bienvenido a Velvet, Valentn.
-Bueno, pues esto habr que celebrarlo, no?
Nos vamos a asegurar de que ni tu madre ni t os arrepintis de esta decisin.
-Lo s.
-No, para m no, Brbara.
-Mujer, aunque solo sea para mojarte los labios.
-Gracias.
-Por las Galeras Velvet y la familia Alcocer.
Por una relacin larga y fructfera.
Y por las nuevas amistades.
Y ahora, si me disculpis, debera irme.
Tengo que dar una mala noticia a las Galeras Oxford.
-Vctor te acompaar a la puerta.
-Me temo que Vctor est ocupado en el archivo.
Baja t.
-Pues voy a tener que acompaarte yo.
As estoy segura de que no te me pierdes.
Gracias.
Gracias por todo lo que has hecho.
-Anoche formamos un gran equipo.
Mi madre tuvo que rendirse ante ti.
Aunque no fue la nica.
Por qu no cenamos esta noche?
T y yo solos.
Mi madre se puede quedar en casa esta noche.
Y bueno, celebraramos el contrato y... -Me encantara, pero tengo un compromiso.
Lo siento.
-Vaya, yo s que lo siento.
Haba comprado algo para drtelo esta noche, pero... Bueno, pero visto lo visto...
Lo har ahora.
S.
-Esto es para m?
-S, y lo que hay dentro tambin.
brela.
Te gusta?
-Es preciosa.
No haca falta.
-Me alegro que te guste.
Lo puedo poner?
-S.
Claro.
-Maravillosa.
Ni la reina del Nilo lo llevara con tanta elegancia como t.
Y lo mismo en la prxima cita?
Te vuelvo a sorprender con algo nuevo?
-Pues tendr que cancelar mi compromiso.
A qu hora quedamos?
– A las 08: 00.
Te parece bien?
-Perfecto.
-Perfecto.
-Te acompao a la puerta.
-S.
-Buenas tardes, doa Blanca.
Necesito este vestido para esta noche.
-Por supuesto, seorita Patricia.
Luca, Rita.
Pasen al probador con la seorita Mrquez y ajstenle este vestido lo antes posible.
-As que t eres Luca, la hija de Esteban.
-Y supongo que t sers Patricia.
-Ahora coses aqu.
Ya saba yo que t llegaras lejos.
-Por lo menos tengo trabajo.
-Un trabajo estupendo.
-Bueno, ya sabrs qu es esto.
Tengo entendido que no hace mucho eras dependienta.
Y fue muy comentado.
Cmo es eso de atender a las Miravelles?
-Luca!
-No se preocupe, doa Blanca.
La familia de Luca siempre ha sido muy de envidiar a la ma.
Lo que es normal.
Su padre siempre fue la oveja negra y ella no poda salir de otro color.
-Prefiere que busque a otra persona para que la atienda?
-En absoluto.
Quin me va a servir mejor que alguien de mi familia?
Venga, prima, que tengo prisa.
A qu es bonito?
Esta noche tengo una cena con el hijo de los Alcocer.
-Lo que le gusta el billete.
-Qu has hecho, Rita?
-Que esto ya est, doa Patricia.
-Mejor as.
Lo quiero para esta tarde.
Me voy a cambiar.
Me acompaas?
-Trae el costurero, anda.
-Lo iba a guardar yo.
-Y esa amabilidad de repente?
Que los he llevado yo solita.
Qu haces?
-Nada.
-Se acab, Luca.
Esto era ya lo que me faltaba.
-Rita, no digas nada.
Ya has visto como me ha tratado Patricia.
Me desprecia.
A m y a mi padre.
-Y esa es razn para robarle el colgante?
-A Patricia no le importas nada para que hagas algo tan bondadoso por ella.
Imagina lo que diera de ti.
-Pero si no me lo imagino.
Lo s.
Hablar como me hablas t a m.
Que tienes una lengua y una mano que, conocindote poco, me parece lo que te ha dicho.
-No me conoces.
No sabes nada de mi vida.
-Seguro que ha sido una vida dursima.
Verdad?
Todo el da comprando vestidos y yendo a comer a los restaurantes de lujo y viajando por el mundo como una marquesa.
Pobrecita ma.
-No tienes ni idea.
Si soy as es porque estoy desesperada.
Mi padre no me aguanta.
Lo nico que quiere es librarse de m.
Llevo media vida sola y es por su culpa.
-Te voy a decir dos cositas.
-Qu est ocurriendo aqu?
-Nada.
-Ya.
Vuelva al taller.
Qu ha pasado, Luca?
Conozco perfectamente a Rita y s que algo me est ocultando.
Qu ha pasado?
-Ya has odo a Rita.
No hay ms que decir.
-Gracias, doa Blanca.
-En dos horas lo tendr listo.
-Perfecto.
-Pase a recoger el vestido.
-Si llego a saber que esto de trabajar es tan fcil hubiera empezado antes.
La de veces que ha llegado Enrique agotado a casa.
Pues sera por la fulanas que se cepillaba, porque otra cosa.
-Que hayamos firmado no significa que est todo hecho, Brbara.
Necesitamos dinero para pagarle las piedras preciosas a Valentn.
Y hasta que no vendamos la coleccin de joyas no vamos a ver ni un cntimo.
-Bueno, pues scalo de la cartera de tu marido y listo.
-A ti te parece que estamos en un momento como para pedirle nada a Alberto?
No, Brbara.
Vamos a tener que pedir un prstamo.
-Y a quin se lo vamos a pedir?
Conoces algn excntrico millonario dispuesto a drnoslo?
Si es guapo mejor que mejor.
-Al banco, Brbara.
Al banco.
-Chica, yo soy buena gastndome el dinero, no buscndolo.
Pero bueno, vamos al banco y en cuanto vean que eres la mujer del seor Mrquez nos harn el pasello.
-No.
No vamos a ir al banco de Alberto.
No quiero que sepa que vamos a pedir un prstamo.
-Es el director de las galeras, te recuerdo.
-Necesito demostrarle que somos capaces de hacer esto solas.
Mi padre me dej a m las acciones, no?
Pues esto es cosa nuestra.
-Retiro lo dicho.
Trabajar es sufrir.
-Qu cantidad de polvo tiene esto, por Dios!
No s si habr sido buena idea, eh?
-Qu dices?
A Ral le ha encantado, no?
Pues ya est.
T, carga y calla.
Parece que las cosas van mejor entre vosotros.
-Bueno, poco a poco, no te creas.
Hay veces que parece que s, pero luego se vuelve a cerrar otra vez.
-Bueno, si quieres puedo volver a hablar con l, que la ltima vez no se dio mal.
Yo tengo un don para eso.
-Ay, Rita, no.
Bastante mal estn ya las cosas como para que te pongas t por el medio.
-Pepita me ha dicho que estabais aqu.
Qu hacis con todas estas antiguallas?
-La ltima idea genial de Phillipe Ray, ya te enterar ya.
-Y t, qu?
Cmo ests?
-Ms tranquila.
Hacindome la idea de que esta vez ya se ha acabado de verdad.
-Seguro?
Que este cuento ya me lo s, Clarita.
Bueno, ya nos lo sabemos todos.
-Que Brbara lleva un mes durmiendo en su casa y Mateo me lo ha ocultado, Rita.
Que esta vez es de verdad.
-Ay, de verdad.
Por qu nos lo tiene que poner tan difcil la vida?
-Pero al final se consigue.
Si no, mrame a m.
-Os ayudo con eso?
-Estoy pensando hacer una parte de arriba con esta tela y ponerle una falda con esta otra.
Qu te parece?
-No est mal.
Y esto?
Seguramente acabe reducindole el lazo, pero... pensado en esta tela, porque brilla pero no deslumbra, sigue siendo elegante.
-No est mal?
-No est mal, no est mal, no est mal.
Es lo mejor que has visto en tu vida y lo sabes.
-Es lo mejor que he visto en mi vida.
Elegante, delicado.
-S, claro.
Ahora me haces la rosca porque te piensas que me voy a ablandar con eso.
-No, es verdad.
Ests en tu mejor momento, Ral.
Y cualquiera que entienda de esto lo sabe.
-Ay, qu bien verlos as de contentos.
Si ya saba yo que antes o despus os ibais a arreglar.
-No se equivoque, Rita.
Esto sigue siendo trabajo, nada ms que trabajo.
-Es que como les he visto as con la sonrisilla en la boca.
Ay, lo siento.
-Seora Otegui.
-Buenos das.
-Y usted debe ser...?
-Brbara de Senillosa.
Un placer.
-Al gusto es mo.
Bien, si entend bien, por telfono necesita un prstamo para arrancar su negocio.
-Se trata de una coleccin de joyas para las Galeras Velvet.
Una empresa de sobrada solvencia, como sabr.
-Por favor.
Eso es todo en cuanto al nmero de cuotas fijas.
[voces indistintas] [ msica animada] Bien, pues ya estara todo.
Solo tiene que firmar aqu, doa Cristina.
Previa autorizacin firmada de su marido, por supuesto.
-La firma de Alberto?
-Como ya le coment a la seora Otegui, para concederle un prstamo necesitamos que su esposo le firme una autorizacin.
Es el protocolo habitual en todos los bancos.
-Por supuesto.
Aqu la tiene.
-Alberto Mrquez, sus datos y su firma.
Eso s que es rapidez?
-Mi marido es un hombre muy ocupado.
Como comprender, no puede perder toda la maana conmigo aqu en el banco.
Pens que as ahorraramos tiempo.
-Como bien dice, la solvencia de Velvet est ms que acreditada.
-Brbara, ya somos empresarias.
T y yo vamos a cerrar muchas bocas.
-Si es que el destino de la mujer es comerse el mundo.
Gracias.
-Gracias.
-Don Alberto, tiene una visita.
-Quin es?
-Una visita sorpresa.
-Sara, cmo ests?
-Bien.
Y t ests estupenda.
-Hola, Sara.
-Gracias, usted tambin.
Bueno, yo les dejo solos.
-No, Ana, qudate.
Contigo tambin quera hablar.
-Todo bien?
-Muy bien.
De hecho, esta semana es el dcimo aniversario de Airsa y hemos organizado una fiesta en uno de nuestros hangares.
As que vena a invitar a mi diseadora favorita y a sus mecenas.
-Vaya, gracias, Sara.
No s qu decir?
-Di que s.
Y t tambin, Alberto, no puedes negarte.
-Estar encantado.
Admiro mucho a tu padre y me gustara dar las gracias en persona.
-Me temo que no va a ser posible.
Mi padre se encuentra de viaje y no podr acompaarnos esta noche.
-Qu lstima.
-Pero podrs conocer a nuestro nuevo socio, el seor Granados.
Tiene muchas ganas de conocerte.
Bueno, de conoceros a ti tambin, Ana.
-Pues ser un honor, verdad?
-El honor es mo.
Hiciste un grandsimo trabajo con la coleccin.
No te mereces menos.
Ya me han contado que ahora trabajas para Phillipe Ray.
No vas a contarme quin es, verdad?
-Secreto profesional.
Dos copas de champn esta noche en la fiesta y acabars contndome.
-Ir a la fiesta, pero mis labios estn sellados.
Les dejo solos, Don Alberto.
Hablemos luego.
-Vale.
-Hasta esta noche.
-Hasta esta noche.
-Parece que te da miedo que venga a verte.
-Es que eres la ltima persona que me esperaba hoy por aqu.
-He venido a invitarte a la fiesta.
El pasado, pasado est, el presente solo es Airsa.
Vente a la fiesta.
Trete a Cristina y enterramos el hacha de guerra.
-Con respecto a ese tema, han cambiado mucho las cosas desde la ltima vez.
-Vaya, no soy la nica que tiene novedades.
Y si te invito a un caf?
T me dejaste bien claras las cosas la ltima vez que te vi.
Demustrame que es as.
Sin duda, por fin has cogido las riendas de tu vida.
-Con el embarazo de Cristina no va a ser fcil, pero no me voy a echar atrs, Sara.
-Ana es una mujer estupenda.
-Ana es la mujer de mi vida.
-Ests loco por ella.
-Y t qu?
-No eres el nico que va a dar un giro a su vida.
-Ah, no?
Sorprndeme.
-Quiero ser madre.
-T?
-Yo?
-En serio?
-Muy en serio.
-Vaya, me sorprende.
-Por qu?
-Teniendo en cuenta la dedicacin que le tienes a Airsa.
-Ser madre y trabajar no son dos cosas incompatibles.
Aunque en este pas an falte mucho para que pueda entenderse algo as.
-Eres una mujer sorprendente, Sara.
-Y no soy la nica que tienes a tu alrededor.
Ana est destinada a hacer cosas increbles.
Lo supe desde que la vi.
Las mujeres como ella no se contentan con tener un gran hombre a su lado.
Quieren ser grandes por s mismas.
Cuando antes te hagas a la idea.
-Que llegas t y llegan otra vez tus consejos.
Pens que eso formaba parte del pasado.
-Ya ves, hay cosas que nunca cambian.
Vendrs a la fiesta?
Con Ana?
-Con Ana.
-Me alegro.
Gracias por la invitacin, Alberto.
-Ha sido un placer.
-Siempre un caballero.
Mateo Ruiz Lagasca.
-Sara Ortega.
-Dichosos los ojos.
Cmo ests?
-Bueno... digamos que no es mi mejor poca, pero... Ah andamos capeando el temporal.
T por aqu?
-S.
Esta noche ofrecemos una fiesta de Airsa en el aeropuerto y he venido a trasladaros la invitacin.
-Qu bien.
-Trete a quien quieras.
A ser posible alguien que te quite esa cara de funeral.
Seores, me marcho.
-Sara.
-Hasta esta noche.
-Vas a ir la fiesta esa?
-S.
-Y con cul de todas las mujeres de tu vida vas a ir?
-Cuando ests deprimido pierdes todo el humor, Mateo.
Voy a ir con Ana.
-Y crees que es buena idea?
-S.
-Ana no tiene idea de lo de Sara.
Dselo, dselo antes de llevarla, hombre.
-El pasado pasado est.
Esa relacin no signific nada para m, no quiero que Ana sufra.
-Como quieras.
Solo te doy el consejo que un amigo me dio una vez nada.
-Esto no tiene nada que ver con lo de Clara.
-No tiene nada que ver.
Mentir o no mentir a tu novia.
No tiene nada, nada, nada que ver.
Vale.
-Vmonos que necesitas una copa.
Djame que te invita a una copa.
-No.
-Mateo.
-No.
-Djame que te invita a una copa, compaero.
-A ver.
Titulares.
Perfecto.
Porcentaje... Seora, ley bien el contrato antes de firmarlo?
-Por encima.
No haca falta, nos lo explic todo muy bien.
-Y lo entendieron bien.
-Qu quieres decir?
-Estas condiciones son abusivas.
-Cmo de abusivas?
-Van a pagar mucho ms de lo que pedan los Alcocer.
Pueden estar aos endeudadas con el banco.
-Pero el inters est bien?
-Si sumamos la amortizacin anticipada, la tasa de costo efectivo anual.
Seguros.
-Nos han estafado, Brbara.
-Quin?
Quin nos ha estafado?
-El del banco.
No vamos a saldar esta deuda ni en una vida entera.
-Ah, s?
Y eso quin lo dice?
-Vctor.
-Ah, Vctor?
Vctor el Lechn?
Vctor no tiene ni idea.
-Que dejes de meterte con Vctor!
Brbara, que tiene razn, que lo hemos repasado juntos!
El sinvergenza del banco nos vio cara de novatas y se ha aprovechado de nosotras!
-No s, y si se lo decimos a Alberto?
-Pero, Brbara, por favor, que es el director de las galeras.
He falsificado su firma!
Me he saltado su autoridad a la torera!
No se lo puedo decir!
-Qu has dicho?
-Hemos pedido un prstamo al banco y nos han estafado.
-Dime quin no has firmado esto.
Pero por qu no me habis avisado?
Muy bien.
Pues solo se me ocurre una persona para resolver esto.
-No.
No, ni hablar.
-Enrique se mueve como pez en el agua con los bancos y necesitis a alguien con experiencia para resolver el lo en el que os habis metido.
-Si crees que vas a volver a meterte en los pantalones de mi marido, le llevas claro.
Adems, Enrique rob la coleccin de Ral.
Tiene la entrada prohibida en Velvet.
-No fue l.
Valentn recibi una contraoferta de Oxford.
No pudo ser Enrique.
Sea quien sea el topo, no es l.
-Me da igual.
Mi respuesta es no.
-Brbara, por favor.
Es la nica opcin que tenemos.
No podemos recurrir a Alberto.
Por favor.
Brbara.
Brbara.
-Pichn!
-Ha sido un buen da hoy.
-No cantes victoria que esto solamente es el comienzo.
Queda mucho trabajo por hacer.
Realmente luego lo nico que importa es cmo recibe el pblico el trabajo terminado.
-Bueno, es mi primera coleccin y an no s lo que me espera afuera.
-Tienes razn, ha sido un buen comienzo.
Y un buen da siempre es una victoria.
Ya vers cmo al final sale todo muy bien.
Bueno, aqu he terminado.
Hasta maana.
-Hasta maana.
-Qu hace aqu?
-Intentar convencerle de que vuelva a las clases.
-Pues ha hecho el viaje en balde, seorita... -Ins, llmeme Ins.
-Ins, no voy a cambiar de idea.
-Pues el otro da pareca muy convencido.
Fue por esa seora?
-No, por favor, no, no.
Lo he estado pensando mejor y... Estas cosas ya no son para m.
-Espere, por favor, pinselo.
Si fue usted quien dijo que el baile era muy importante para usted?
-Y lo es.
Ver, yo comparta mi aficin al baile con una persona muy querida para m, que desgraciadamente ya no est.
Acud a su clase como si ella me estuviera esperando.
Y luego pas... Pas lo que pas.
Si me hubiera visto... No.
No puedo transformar un bellsimo recuerdo en una ridcula payasada.
-Mis clases no son una payasada.
Es ms, he visto como el baile ayudaba a mucha gente.
A m la primera de todas.
Por qu no deja que el baile le ayude a usted tambin?
-Ins?
-S.
-Bien.
Lo pensar, Ins.
Lo pensar.
-Quin era?
-Una conocida.
Voy a preparar los turnos de maana.
[ msica de nostalgia] Te voy a echar mucho de menos.
-Eso espero.
-Te fuiste demasiado pronto, Isabel.
Demasiado.
-Dnde vas con tanta prisa, primo?
Qu quieres, prenderle fuego a las galeras?
-No digas tonteras, voy a hacer una limpieza.
-Y no prefieres un cubo y un mocho?
-Una limpieza de esas no.
Una o de las otras.
-Todava con eso, primo?
Isabel, que en paz descanse.
Descanse en paz, punto.
-Y el ruido?
Y el armario?
Yo te digo que en esa habitacin hay algo.
Hay algo... -Primo, primo, primo.
Te voy a contar una cosa, pero me tienes que prometer que no se lo vas a decir a nadie.
-S.
-Ah adentro hay una presencia.
Rubia.
Con ojos azules.
Unas caderas anchas.
Unas curvas de infarto.
-Qu ests diciendo?
Ests viendo el espritu?
Lo ests viendo.
-Deja esto ya, primo.
Qu rubia de infarto.
Qu pasa si llega a ser don Emilio el que te encuentra con esto?
-Que le mato de un disgusto.
Y luego me muero yo por haber sido tan bruto con l.
S, tienes razn, primo.
Tienes razn.
Pero es que a m lo de los espritus me deja a m una cosa aqu en el estmago, que... -Ya, ya, ya.
Pero mejor dejar la memoria de Isabel tranquila.
Que don Emilio no merece menos.
-Tienes razn.
Voy a poner una ramita de Romero que siempre viene bien.
[timbre telefnico] -Galeras Velvet?
Dime, Vctor.
Un cigarrillo?
Pues no me vendra mal ahora.
Voy.
-Veo que el pelele no desaprovecha la ocasin.
-Si va a necesitar algo, tendr que esperar.
Es mi hora de descanso.
-Clara, espera.
Por favor, es importante.
Espera, espera.
Que... Que esta noche es la fiesta de Airsa.
Ven conmigo, por favor.
Dame una oportunidad para arreglar las cosas.
-Vaya con su antigua inquilina.
-Mejor?
Ms tranquila?
-S.
Aunque sigo dndole vueltas al tema de Mateo.
Pues ya est.
Mateo es historia, se acab.
-Historia antigua.
Gracias, Vctor.
Ya s que nos conocemos desde hace poco, pero ya te considero un amigo.
-Y yo.
Mucho ms que eso, incluso.
Desde que llegu eres la persona que mejor se ha portado conmigo.
Desde el primer da me has ayudado en todo y siempre con una sonrisa.
Si no hubieras estado, yo no s si an seguira aqu.
Creo que Mira, Clara, quiero decirte algo y no s cmo.
Cuando antes lo diga, mejor.
-Mira, no me digas nada porque me pareces encantador.
Aunque lo hayas dejado con Mateo, me sigue gustando.
Entre nosotros no puede pasar nada.
-Clara, que no, que no.
No, no me gustas.
Me gusta a alguien, pero t no.
-Oiga, pues qu alivio.
Es que pens que... -No, no, culpa ma.
Me he explicado fatal.
No es eso.
-No, no, que no te guste.
Ya lo que me faltaba para rematar el da.
-A ver, que eres una mujer de categora.
Una cosa no quita a la otra, pero... No, el tema es que... Es que me gusta alguien de aqu, de las galeras y... est casada.
Y yo tengo novia.
-No, no, si te gusta mucho.
-Mucho.
-Pues si te gusta de verdad, lo mejor es que no le compliques la vida y no hagas nada con ella.
Ya, que ya lo has hecho.
Pues djala.
Ya s que es duro, pero tienes que dejarla.
Porque el amor a tres bandas nunca funciona, creme.
-Todava ests aqu?
Con lo que tardas en cambiarte vas a llegar tarde a la fiesta.
-T crees que yo tengo cuerpo para fiestas?
-Bueno, ser una discusin de nada.
Siempre estis igual, como el perro y el gato.
-Esta vez me ha dejado para siempre.
-Anda, ponme una de esas y luego te acompao.
-No, no.
No te preocupes, estar bien.
Tu bourbon, tu sof, no necesito nada ms.
T tienes una fiesta a la que asistir.
Ana, Sara, t, en fin.
Espero que consiga sobrevivir a esa fiesta.
Venga, vete.
Est todo bien, vete.
-Seoras, no hace falta que se levanten.
-Cmo ha ido?
-Todo arreglado.
Aqu tenis vuestro prstamo con las mejores condiciones del mercado.
-Cmo lo has hecho?
-De verdad tengo que responder a esa pregunta?
Qu se dice?
-Que cuando ganas no hay quien te aguante.
-Muchas gracias, Enrique.
-No tan deprisa.
Todava tenemos que hablar de mis condiciones.
-Condiciones?
-Quiero volver a Velvet.
-Ests loco.
-Si me hubierais hecho caso desde el principio... -Por encima de mi cadver.
-Cario, veo que no me has echado mucho de menos.
Y es una pena porque yo a ti s, y mucho.
-Enrique, nunca se te ha dado bien mentir, as que no lo intentes ahora.
Adems, no puedes importarme menos.
-Pues yo te veo bastante alterada.
Porque ya tengo mi espacio aqu y t has venido a quitrmelo.
Y no pienso dejar que vengas y lo arruines todo.
Y mucho menos que trabajes codo con codo con Patricia.
-O sea que son celos.
-Celos?
Mira, por m como si te cepillas... -Basta.
Enrique, dame ese contrato.
-Vuelvo a Velvet s o no?
-Vuelves.
-To.
-Hola, Ana.
Qu tal?
-Qu es eso?
-Eso qu?
-Lo que acaba de guardar.
Que ya est bien.
Que lleva un da hoy de lo ms raro.
Primero lo del mdico, luego lo de esa mujer que no me quiere decir quin es y ahora esto.
Me puede decir qu pasa?
-Tonteras de viejo, hija.
Tonteras de viejo.
-Muy bien.
Pues no me voy a mover de aqu hasta que me lo cuente.
Y si me tengo que perder la fiesta de Airsa, me la pierdo.
-Me haca ilusin recuperar mis clases de baile.
Esa mujer de antes era la profesora que intentaba convencerme para que volviera.
-Pero to... es una idea genial.
Si a usted siempre le ha gustado muchsimo bailar.
-S, pero ya he ido dos veces y ha sido un desastre.
Yo ya no estoy para esas cosas.
-No diga tonteras.
Si a venido a buscarles por algo.
-No, ha venido porque esa mujer es una contumaz.
O no?
Me la ha mandado Isabel.
Para hacerme entrar en razn.
Como sola hacer conmigo cada vez que yo me emperraba en algo.
-Y si fuera as?
Que usted nunca ha credo en esas cosas, pero quin sabe.
Dese una oportunidad.
Qu pierde?
Qu pierdo?
No s.
Vamos, vamos, que Alberto te est esperando.
Venga.
Vamos.
-Adis.
-Adis.
Qu pierdo?
-Si ya saba yo que esto le iba a pasar la pobre... -Rita.
-Qu?
Que no gano para sustos hoy.
-Te estaba esperando.
-Ah, s?
Y qu quieres?
Como me digas que has vuelto a robar... Una y no ms, Santo Toms.
-Que no.
Solo... Quera darte as gracias por lo de antes.
-Va ser la primera regla de la chica Velvet.
Si te portas bien, igual te enseo el resto.
Hala!
Y esta maana, raterilla.
Que menuda ladronzuela ests hecha!
-Alberto?
-Doa Cristina, puedo ayudarle en algo?
Va todo bien?
-Perfectamente.
Va todo perfectamente.
Gracias, Clara.
[ msica en ingls] -Hola, buenas noches.
-Buenas noches.
-Que impresionante.
-Son famosos por sus fiestas.
Ya lo vers.
-Ana.
-Hola, Sara.
-Alberto.
Qu bien que hayis venido.
El seor Granados tiene muchas ganas de saludaros.
Eso s, os agradecera que no le dijeras que estis juntos.
Lleva una empresa muy moderna, pero en el fondo es un hombre de lo ms conservador.
Bienvenidos.
-Gracias.
Por qu sabe que estamos juntos?
Se lo has dicho t?
-Lo habr notado en la mirada.
-Alguien quiere saludarle?
-Alberto Mrquez.
Pablo Granados.
-Un placer, caballero.
Le presento a Ana Rivera, nuestra diseadora.
-As que usted es la responsable de que esta aerolnea sea la ms elegante de Europa.
-Muchas gracias, encantada de conocerte.
Lo mismo digo.
-Con vuestro permiso, el deber me llama.
-Por cierto, enhorabuena por su futura paternidad.
-Veo que las noticias vuelan.
-Sobre todo en una empresa como esta.
Su mujer no ha venido.
Pens que la conocera.
-Se encuentra indispuesta.
Me ha pedido que le transmita sus disculpas.
-Damas y caballeros.
Buenas noches a todos y muchsimas gracias por estar aqu en una noche tan especial para nuestra empresa.
Hoy se cumplen diez aos de un viaje que empez en Barcelona.
En la cabeza de un hombre que nunca se ha rendido ante las adversidades.
Un hombre que ha peleado cada batalla como si fuera la ltima por poder seguir soando a lo grande.
Ese hombre, por suerte para m, es mi padre.
Y por desgracia no ha podido estar aqu esta noche con nosotros.
Pero est aqu, en representacin suya, el nuevo socio de Airsa, el seor Pablo Granados.
[aplausos] -No hace falta tanta prisa.
No hay moros en la costa.
-T te crees que estas son formas?
-Solo quera avisarla de que... -No hace falta que me avises de nada y desaparece de mi vista.
ltimamente ests hasta en la sopa.
-Por si no lo sabe, llevo todo el da cubrindola.
Pero claro, de desagradecido est el mundo lleno.
Mira, soy una Mrquez.
Y no tengo que agradecerte nada ni a ti ni a nadie.
Bastante que tienes un empleo en mi empresa, paleto.
-"Paleto".
Muy bien.
Pues si usted no le debe nada a nadie, si es tan libre como dice, ahora mismo llamamos a Don Emilio y le decimos que usted vive aqu en las galeras.
Don Emilio!
Don Emilio!
-No lo hagas.
Por favor, no me delates, Jons.
-Jons?
Ahora el paleto ya es historia.
Esto es increble.
-Es que lo estoy pasando muy mal.
Mi hermano me ha dejado en la calle, sin nada.
No sabes lo duro que es tenerlo todo y al da siguiente no tener nada.
-Pues s, s que lo s, porque yo nunca he tenido nada.
-Por favor, Jons.
-Con ese hueso a otro perro.
Para ver una buena interpretacin me voy al teatro.
-Con qu dinero?
Por favor, Jons.
No me delates.
[ msica sensual] [ msica suave] -Gracias a todos.
Gracias.
Esto de los discursos, prefiero dejrselo a tu padre.
-No s yo, a l tampoco le gusta mucho.
-Si no le gusta hablar en pblico, no se ha notado nada.
-Ha estado muy bien, caballero.
-Muchas gracias.
-Qu lstima habrmelo perdido.
-Seora de Mrquez.
Cunto gusto me da conocerla.
-El gusto es mo.
-Debo entender que se encuentra mejor, no?
Bueno, me dijo Alberto que con el embarazo... -S.
-Bueno.
Me encontraba un poco indispuesta, pero a lo largo de la tarde me he ido encontrando mejor, as que he decidido venir.
-Bueno, ms vale tarde que nunca.
Enhorabuena por su embarazo, seora de Mrquez.
-Muchsimas gracias.
Estamos muy contentos.
-Bueno, tengo que ir a saludar a los invitados.
Os veo ahora.
-Claro.
-Se puede saber que ests haciendo aqu?
-Se te olvid invitarme a la fiesta, Alberto?
De verdad pensabas que iba a ser la nica de tus mujeres que se iba a perder una noche tan especial?
-Cristina.
-Y aqu ests.
-Cllate, por favor.
-Rodeado de tus mujeres.
El amor de tu vida, tu esposa y tu amante.
-Cmo?
-No me lo puedo creer.
No lo sabas?
Se acost con Sara la ltima vez que estuvo en Madrid.
A que s?
-Ana, espera, por favor.
-No me toques.
-Escchame.
Te acababa de pedir que volvieses conmigo y t me rechazaste en el Pausa.
No te acuerdas?
Estaba destrozado, Ana.
S que no es excusa, pero lo siento.
-Alberto, qu pasa?
-Alberto Se acost con Sara.
-Ahora se siente como un imbcil.
Porque minti.
-Sigues hablando de ellos, no?
-De quin si no?
-Valentn Alcocer.
Este es tu plan.
Arreglar tu vida con el dinero de los Alcocer.
-No te basta con lo de Ana.
Tambin aqu tienes que actuar a mis espaldas.
-Supongo que ya te has encontrado con Enrique.
-Soy el director de esta empresa, que no se te olvide.
-No es el momento ni el lugar.
-Fue t el que rob los bocetos y dejaste que me echaran la culpa.
He vuelto a las galeras y no pienso parar hasta dar con el culpable.
-Si sales por esa puerta te voy a hundir.
-Hazlo y te llevo por delante.
-Me est diciendo que no sabe nada de Ana desde ayer por la noche?
-Usted me prometi que cuidara de ella.
No voy a esperar un minuto ms.
Voy a llamar a la polica.
-Eres t quien lo ha hecho mal todo desde el principio.
T me engaaste a m.
T engaaste a Ana.
-He dicho que te vayas.
-Mi codiseadora desapareci de la noche a la maana.
Nadie tiene noticias suyas y a Don Emilio le va a dar de un soponcio.
Por favor, te estoy pidiendo un poco de humanidad.
-Voy a ser padre?
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