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Twelfth Night
01/31/25 | 1h 13m s | Rating: TV-MA
Secrets are revealed as Carlos and Ana's relationship grows stronger. Clara takes driving lessons from Lucas after Mateo refuses to let her drive his car. Cristina hosts an eventful Christmas party.
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Twelfth Night
-Enhorabuena.
-Enhorabuena?
Por qu?
-Rosa Mar, hija, la boda.
-Los mayores sois un lo.
T queras a la ta Rita y ella a ti.
Rosa, te quieres casar conmigo?
-T eres?
-Clara.
-Clara est conmigo.
De acuerdo?
-Desde que ramos pequeos, me has quitado todas las novias.
-T lo has dicho, ramos pequeos.
Era un juego de cros.
-Estas Navidades las pasaremos todos juntos en la casa de Baqueira, como la familia bien avenida que deberamos ser.
-Por mucho empeo, hay cosas que no pueden forzarse.
-Cmo ha ido?
-Tu padre quiere que pasemos las Navidades con l, con Enrique y Brbara, la familia feliz.
-No te puedes llegar a imaginar lo retorcida -que puedo llegar a ser.
-Lo tuyo con Patricia se acab.
-Patricia es trabajo.
Estando a su lado, -controlo sus acciones.
-Quiz era lo que pretendas, pero esa nia te hace contigo lo que quiere.
-Eso no es cierto.
-Djala y recupera a tu mujer.
-Yo tambin tuve que renunciar a un hijo.
Me qued embarazada del hermano de don Rafael.
Neg que l fuera el padre y desapareci.
-Pero esa historia no es as.
-Sigo enamorado de ti, Ana.
Nunca ha dejado de estarlo.
Vmonos de aqu, por favor.
-Carlos, sabes que siempre he estado muy condicionada por la anterior relacin que tuve, y ya es hora de que sepas quin es.
Es Alberto, Alberto Mrquez.
[ msica animada] -Queridos Reyes Magos, este ao he sido muy bueno y me he portado muy bien.
He hecho todo lo que me ha dicho mam: me he ido pronto a dormir, me he comido todas las verduras.
Por eso quiero que me traigis muchos regalos para las galeras, que vendan mucho, y para el to Jons, pues una novia, que dice pap que lo necesita mucho.
-Luisa, hola, feliz ao.
las amigas de la ta Rita y para la ta Rita, que tenga mucho trabajo y que nunca les falte de nada, que siempre se porta muy bien conmigo y ltimamente se le ve un poco triste.
-Hola, Rita.
-Esa es la cantidad de encargos que tenemos?
-Hija, las fiestas, -qu quieres?
-Sern para otros, porque lo que es aqu, poca fiesta.
-Anda, deja de quejarte, que ya lo hago yo.
Cuando vengan los Reyes este ao, cargaditos, ya vers qu gusto te da.
-Cmo no traiga modistas nuevas.
[golpes a la puerta] -Hola.
[risas] -Qu?
Un chiste, no?
-Nada.
-S.
Nada.
-Cul, cul, cul?
-Venga va, que nos remos aqu todos.
-Que no.
-Sabes aquel...?
Quera un vestido de lentejuelas con choricillos y morcijuelas.
Bueno, eh?
Sabes, buensimo.
-Trabaja, anda, trabaja.
-Y para m?
Para m, nada.
Ahora que mam y pap se van a casar, ya tengo lo que ms quiero: una familia.
-Y la comida?
-En el restaurante de Joaqun, -que nos hace buen precio.
-El alojamiento?
-En casa de mi madre, que dice que nos hospedemos ah.
Entre eso y el hostal, lo tenemos apaado.
-Y t traje?
-No lo s.
No lo s.
Rosa Mara, de verdad que no lo... -Lo saba, Pedro.
-Es que no tenemos que ir con prisa.
No tenemos fecha para la boda.
El padre Cosme todava no ha llamado.
-Bueno, pero est a punto.
No te me despistes, Pedro Infante.
-No te me despistes.
-Vale, vale, vale.
-Qu ha pasado, hijo?
-Pap, que hecho la carta -de los Reyes?
-Muy bien.
Has pedido muchas cosas.
Muy bien.
T pide que por pedir que no falte.
Vale?
T no te preocupes, que yo me encargo de echarla.
Venga.
Hablando de echar, todo el mundo fuera, -Ay, ya nos vamos.
-Vamos.
[ msica navidea] -Clara, pero cuntas veces te he dicho que toques -antes de entrar, hombre?
-Y que cierres -la puerta despus.
-Perdn, perdn, perdn.
Pero, qu soy, no pasa nada.
A m no tenis que ocultarme nada.
-Pero a todos los dems s.
Que se entere mi primo que estoy aqu y no le he dicho nada y vamos, me echa de la galera.
-Ah, bueno, s.
Fjate t.
Bastante preocupado est l con los preparativos de la boda como para pensar en ti.
Ay, perdona, Rita, que no quera recordar... -No queras qu?
-Nada.
T cose y calla.
-Oye, chicos, que tenemos muchos pedidos y andamos todo el da calle arriba, calle abajo, cargados de vestidos.
Un da nos van a pillar.
-Eso es porque no tenis un repartidor.
Pero yo puedo encargarme de eso.
-T?
-S, yo.
No te ras, que ya s que no tengo mano para coser, pero puedo ser transportista.
-Clara.
No tienes mano para coser, ni tienes coche, ni carnet de conducir -para ser transportista.
-Pues me lo saco.
Que no puede ser tan difcil, si todos los hombres conducen.
Ya lo estoy viendo... "Transportes Montesinos".
No se hable ms.
Me saco el carn de conducir.
Luego os veo, que tengo que trabajar.
Ni caso.
Antes de que salga del ascensor.
Se lo ha olvidado.
-Mateo, tengo que pedirte un favor.
-Oh, para mi Clarita, lo que sea.
T pide por esa boca y lo tendrs.
-Quiero aprender a conducir con tu coche.
-Qu?
A conducir.
Para qu quieres t conducir?
que pidas dicho por esta boca y lo tendr.
Pues quiero aprender a conducir y punto.
Seguro que con tu cochazo aprendo en un abrir y cerrar de ojos.
-Pero vamos a ver, Clara, un momento... Si yo lo hara encantado, pero pinsalo.
Teniendo a m, t no necesitas un coche para nada.
Yo te llevo donde t quieras.
-Y si quiero ir a algn sitio sola?
-Sola?
Dnde quieres ir t sola?
Pudiendo ir con alguien como yo, quiero decir.
-Qu es?
Porque soy mujer?
Qu crees, que voy a estrellar tu coche?
Anda, Mateo, qu te cuesta?
-No me cuesta, si lo hago por ti.
Que no quiero que tengas ningn accidente.
T sabes lo peligroso que es un coche.
Que pinchas una rueda, se te va al volante, tomas mal una curva y... !
pam!
Si te he visto, no me acuerdo, Clara.
-Feliz ao.
lberto.
-A No saba que llegabais hoy.
-Felices fiestas, Mateo.
-Qu tal por Baqueira?
Mucha nieve?
-Todo el da con los esques puestos.
-Todo el da, Todo el da?
Algn ratito nos los hemos quitado, que tenamos otras cosas que hacer.
-Alberto, estas mujeres estn desatadas.
-Qu tal han ido las cosas por aqu?
-Estamos hasta arriba de trabajo.
Estas Navidades estamos vendiendo ms que nunca.
-Pues tranquilo, Mateo, que todava algo de fiesta vas a tener.
Maana celebramos nuestra fiesta de Reyes y, como siempre, habr roscn y migas de doa Concha.
-!
Qu bien!
-Pero mientras tanto, -a trabajar.
Te veo en casa.
-S.
La presentacin de los uniformes est a la vuelta de la esquina y tenemos mucho que preparar.
-Vosotros y Enrique, claro.
-Claro.
-Habis pasado unos das muy buenos en Baqueira, estara bien que se convirtiera en la tnica.
-Ser un buen chico.
-Nada de discusiones.
-Nada.
-Adis, Mateo.
-Adis.
Le aseguro que todas las fiestas son iguales.
Las ventas han sido siempre magnficas.
-Y todava nos faltan los Reyes.
Con un poco de suerte, con estos dos das, venderemos ms que el resto del ao.
-Dentro de unas horas se incorporarn los refuerzos habituales para esta campaa.
-Est todo bajo control.
-Cmo que refuerzos?
No nos podemos permitir un gasto extra ahora que estamos remontando el vuelo.
-Don Enrique, despus del trajn que han supuesto las ventas navideas, los das que faltan para Reyes pueden ser un tiempo incontrolable.
Hgame caso.
Llevo muchos aos en esta empresa.
-Emilio, hgame caso.
Para lo nico que ha servido la experiencia en esta empresa es para arruinarla.
-Buenos das.
Buenos das.
Enrique, te estamos buscando.
Tenemos que hablar de la coleccin cuanto antes.
-Emilio y yo estbamos despachando los Reyes.
-Don Enrique me hace saber que no podemos contar con el personal de apoyo.
-Vamos a tener que renunciar.
-Enrique, no sabes cmo son estos das aqu.
Apaarse no es la opcin.
-Es una oportunidad perfecta para controlar el gasto.
-Enrique tiene razn, Emilio.
Este ao tendremos que dejarlo pasar.
-Bien.
Voy a hablar con los refuerzos.
Deben estar a punto de llegar.
Ver lo que puedo hacer.
-Muchas gracias.
-Gracias por haberme apoyado en esto.
Estoy convencido de que juntos llegaremos mucho ms lejos.
Os espero arriba.
-Qu suave est este, no?
-Alberto Mrquez?
-Lucas?
Qu haces aqu?
-Menudo negocio tenis montado.
-Va bien la cosa, eh?
-Lucas, Lucas?
-El mismo.
!
Alberto!
!
Albert!
[risas] -Cmo ests?
-Bien, como siempre.
Con moderada solvencia.
-Acompame al despacho.
Pero cmo no me has dicho que tu hermano estaba aqu?
-S, te lo dije.
-Todo como siempre, de ac para all con mis fotos.
-Pues dentro de nada tenemos una presentacin.
Estara muy bien que le hicieras las fotos -a las modelos.
-Alberto, no.
-Ser un lujo para las galeras, o no?
-Mi hermano hace otro tipo de fotografa, menos elegante.
Le pones una modelo enfrente y seguro que se derrite.
No te ofendas.
Las cosas no cambian.
-No hagas caso a mi hermano, Alberto.
Si lo dices en serio, me encantar hacer esas fotos.
-Hecho.
-Alberto, no es buena idea.
-No te pongas nerviosa.
-No estoy nervioso.
-S, ests bastante nervioso.
-Un poquito nervioso s que ests.
-Prometo no acercarme demasiado a las modelos.
-S que ese es tu terreno.
-Hola, Lucas.
-Clara.
-Hola, Clara.
-Mateo, tienes un segundo?
Mateo, qu efusividad.
-No hay que esconder nada.
Todo el mundo lo sabe ya.
-Bueno, Clarita, cuntame.
-Aqu?
-Por qu no?
Dime.
-Es sobre las clases.
-Qu clases?
-Pues que quiero aprender a conducir y me gustara que Mateo me enseara, pero no le veo yo muy por la labor.
-Con su coche?
Pero si no le deja el coche ni a los aparcacoches de los restaurantes.
-Bueno, es que realmente el coche de Mateo es un cochazo y es muy arriesgado, Clara.
Yo, si quieres, te puedo ensear.
No es tan bueno como el coche de Mateo, pero para empezar te sobra.
-De verdad que me ensearas a conducir?
-Qu tontera.
No vamos a molestar a Lucas por eso.
No se hable ms.
Aprenders con el mo.
-Genial.
-Clara.
-Por supuesto.
-Como me arae el coche.
-No va a pasar nada.
Clara es una chica muy lista, no?
-La primera clase, por favor, nos la tienes que explicar esta noche en el Pusa.
– A las 10: 00.
– A las 10: 00.
-Hermanito.
[ msica divertida] -Ral?
-Ah, hola, Enrique.
No te haba visto.
Bueno, qu tal Baqueira?
Aqu es un paraso en estas fechas.
-El cielo en la tierra.
Cmo van los diseos?
-Bien.
Muy bien.
Muy bien.
Pronto te ensear algo.
-Eso fue lo que me dijiste la ltima vez.
Y de eso hace dos semanas.
Cundo es "muy pronto"?
-Bueno, sabes que en estas cosas nunca se sabe a ciencia cierta, porque la moda, como cualquier arte, necesita de inspiracin y la inspiracin no entiende de tiempo.
-La inspiracin no, pero yo s.
Quiero ver algo al final del da.
Te parece bien?
-Me parece bastante precipitado, la verdad, al final del da.
Pero bien.
Bien.
Al final del da te ensear algo.
Te vas a quedar helado con lo que te voy a ensear.
-Vengo de Baqueira.
Estoy hecho al fro.
[ msica divertida] -Cul es el ms caro?
Perfecto.
Me lo llevo.
Patricia, querida.
Cunto tiempo?
-Qu tal las vacaciones, Brbara?
-No podan haber sido mejores.
Y las tuyas?
Creo que no has estado muy acompaada, verdad?
-Bueno, hay que saber disfrutar de la soledad.
-Pues no te preocupes, porque te vas a hartar de disfrutar.
Chicos.
Me voy a comprar un par de cositas ms.
-Cmo ests?
-Sorprendida.
Acabo de cruzarme con Brbara.
No s quin llevaba ms bolsas, si ella o los dependientes que le acompaaban.
-Eso quiere decir que lo que vendemos es bueno.
Brbara tiene buen gusto.
oco has tardado en volver bajo sus faldas.
-No te tena por alguien tan inocente.
O te tengo que explicar la importancia de las apariencias?
-No has vuelto con ella?
-S, pero eso no significa que no quiera seguir tenindote cerca.
-Cmo de cerca?
-No tanto.
Eso se ha acabado.
-Ah, s?
-Patricia, no te he valorado por el sexo, o al menos no solo.
Eres rpida, inteligente, astuta.
Una de las personas con ms capacidades para dirigir esto.
-De verdad crees que regalndome el odo vas a conseguir que olvide que me dejaste tirada en cuanto Brbara apareci?
-T y yo hacemos un buen equipo, en todos los sentidos.
-Pap te ha amenazado con unos azotes si te portas mal.
No me lo puedo creer.
No me lo puedo creer.
-Tarde o temprano vas a dirigir estas galeras y lo nico que quiero es que, cuando eso suceda, me dejes estar a tu lado.
-Uy, uy, uy.
Alguien se ha portado -muy bien este ao.
-Ms bien, alguien se ha portado muy mal.
-As es como va a ser?
Enrique va a conseguir tu perdn con cuatro trapos?
-No.
As solo consigue tranquilizarme.
El perdn le va a costar mucho ms.
-Y qu vas a hacer?
-Nada.
Qu pretendes, que me separe?
Mateo, no puedo.
Y aunque pudiera, no lo hara.
Chicos.
No soy la nica que ha cambiado.
-15 minutos esperando.
15.
Y ni un solo vendedor se ha acercado a atendernos.
-Lo siento muchsimo.
En estas fechas estamos desbordados.
Me permiten un segundo, por favor?
Ignacio, atienda a esos seores y hgales el 10 % de descuento en todo lo que compren.
-Faltara ms, Don Emilio.
-Gracias.
Con permiso.
-Todo bien, Don Emilio?
-No, no.
os empleados no dan abasto.
Los clientes lo notan.
Hemos recibido varias quejas a lo largo del da.
-No podemos permitrnoslo.
-Lo que no podemos permitirnos es contratar refuerzos.
Creo que he sido bastante claro al respecto.
-Crea que las cuentas estaban ms saneadas.
-Y lo estn.
Pero si queremos una presentacin que satisfaga a Sara Ortega, no caben gastos extras.
Todo el dinero tiene que ir en la presentacin.
Airsa es la prioridad.
-Cliente que se queja es cliente que no vuelve, Enrique -Tiene razn.
-Si no podemos contar con refuerzos de fuera, tendremos que buscar la solucin dentro.
Y si subimos a las modistas a tienda?
Dejemos las justas para que sigan con los uniformes y el resto que ayude a los vendedores.
Pagarles un pequeo suplemento ser mucho ms barato que tener que contratar nuevos empleados.
-Y los arreglos?
-Ahora mismo, lo ms importante son los pedidos.
-Muy buena idea.
Alberto, ocpate de dar la orden abajo.
-Necesitamos que ayuden a sus compaeros dependientes y cualquier duda o problema que tengan, Don Emilio estar encantado de poder atenderles.
-Pero Alberto, cmo vamos a trabajar en el taller sin chicas?
-La presentacin de los uniformes de Airsa est a la vuelta de la esquina.
-Confen en m, por favor.
-Bueno, pues en ese caso, solamente podramos prescindir de ellas 24 horas como mucho.
-Ser suficiente.
Y no sern todas.
-En todos los aos de esta empresa, jams hemos desatendido el taller.
-Si lo hacemos mal, nos despedirn.
[murmullos] -Seoritas, por favor.
Don Alberto, las chicas no estn formadas -para atender al pblico.
-La decisin est tomada.
Adems, no se preocupen, no vamos a despedir a nadie.
Es ms, se les pagar un suplemento cuando terminen las fiestas.
-Las elegidas para trabajar maana como vendedoras son Pepita, Ins, Laura y Rita.
Pueden pasar a recoger sus uniformes a lo largo del da y maana por la maana, a primera hora, debern estar en la tienda.
Muchas gracias a todas.
-Ya lo han odo.
-De aqu a maana yo tengo que aprender.
[ msica animada] -Pero, y ste.
-Les importa si echo un vistazo?
-No, claro que no, Don Alberto.
-Disculpa.
-Esta es para la capa y la falda.
Y este sera el forro para la chaqueta.
Son telas de primersima calidad.
-Sara Ortega vendr hoy.
Me gustara que tocara estas maravillas.
-S, cuando quiera.
-Son preciosas, Doa Elena.
Muchas gracias.
No sabe cunto me alegro de que est aqu con nosotros.
-Yo tambin estoy feliz.
-Qu tengan buena tarde.
-Igual.
-Doa Elena, vuelvo enseguida.
-S.
-Alberto, gracias por el regalo.
No tenas por qu haberlo hecho.
-Claro.
Siento lo que pas antes de marcharme.
No quera incomodarte.
-No, no te preocupes.
S que no volver a pasar.
-Claro.
S que han pasado muchas cosas ltimamente, Ana.
Pero t no has tenido ganas de hacer lo mismo?
Dejarlo todo y marcharte conmigo.
-!
Alberto!
!
Ana!
Feliz ao a los dos.
-Feliz ao, Sara.
-Feliz ao.
Estbamos hablando de usted en el taller.
Han llegado las telas.
Puede pasar a verlas cuando quiera.
-Mejor subrmelas al despacho.
Gracias, Ana.
-Qu tal han ido las vacaciones?
-Nunca me han gustado las conversaciones de ascensor.
Es alguien que est casado con la mujer perfecta, enamorado de su empleada ms atractiva y pasando un buen rato con su socia.
-Qu siente?
-Sara, lo del otro da... -Tranquilo.
Ya te lo dije una vez.
No he cado rendido a tus pies aunque nunca te haya interesado, Alberto.
Yo tambin tengo una vida.
Pero de qu sirve si no dejas que de vez en cuando te sorprenda?
Despus del desfile me gustara convocar a todos los medios a un cctel.
Y, por supuesto, todos los directivos de la agencia estarn tambin invitados.
Gracias, Mateo.
Aunque puede que el hall se nos quede pequeo con tanto compromiso.
Sabemos de algn club que se puede alquilar -para la ocasin?
-Lo que no sabemos es si Enrique estara dispuesto a pagar todo esto.
Pens que era Alberto el que se encargaba de mis uniformes -y no Enrique.
-Hablando mal de m a mis espaldas?
Qu tal, Sara?
Cmo ests?
-Ultimando los detalles de la presentacin de los uniformes con tus socios, pero parece que no les gusta lo que oyen.
-No, no.
Nos gusta tu propuesta, Sara.
Lo que no sabemos es si nos la vamos a poder permitir.
-Por?
-De qu se trata?
-Desfile ante el pblico y medios, entrevistas, sesiones de fotos, cctel, fiesta multitudinaria.
Sigo?
-Eso es lo que quieres?
Bueno, la felicidad de nuestros clientes es la prioridad absoluta.
Adelante con ello.
-Que si t alguna vez has sentido eso?
Pero Don Alberto vive en otro mundo.
-Y t, qu le has dicho?
-Pues nada.
Qu le voy a decir?
E l est casado y yo estoy con Carlos.
No quiero ni seguir -con esa conversacin.
-Haces bien.
[timbre de telfono] Te estn llamando.
No lo va a coger nadie.
-Yo te veo luego que tengo que seguir trabajando.
-No se preocupe, seoritas.
Ya voy yo.
Que tenemos a Rita para todo.
Galeras Velvet.
Dgame.
Hombre, Padre Cosme.
Cmo est?
Soy Rita, Rita Montesinos.
Ah, pues bien, tirando.
Bueno, ya sabe.
Con Pedro?
Ah, para la fecha de la boda.
Claro.
Pero un momento, a usted no le han dicho nada?
Pues que no va a haber boda.
Como lo oye.
Porque Pedro y Rosa Mari rompieron hace dos das.
S, s, s, s.
Pues cosas de enamorados.
As que... Bueno, la cuestin es que no va a haber boda.
As que si le quiere dar la fecha a los sombrilleros no hay problema.
No, no, no.
No se preocupe porque ya les digo yo cunto lo siento.
Bueno, hasta ms ver.
Padre Cosme.
-Era el padre Cosme?
-Pues s... No, no, no, no.
No era el Padre, Padre.
Era un monaguillo que llamaba de su parte.
Porque... El Padre Cosme est enfermo?
-Enfermo?
Cmo de enfermo?
-Mucho, vamos, muchsimo.
Que le han dado unas fiebres con un virus rarsimo y que el pobre... pues mnimo tiene para tres o cuatro -meses en cama.
-Tres o cuatro meses?
-O un ao?
Porque con los virus, -como son tan chiquitillos... -Son chiquitillos, -chiquitillos.
-Pues no se sabe.
As que ha cancelado las bodas hasta verano, mnimo.
-Yo me muero.
-Ya me sabe mal, mujer, pero vamos, que tampoco os ibais a casar maana, no?
-Claro que no, Rosa Mara.
Nosotros tenemos que estar listos y preparados, no?
-No, no, no.
Esto tiene que tener una solucin.
-Esto lo arreglo yo.
-No, no, pero... No llames al padre Cosme, que est enfermsimo.
-Bueno, t tranquila.
-Djale descansar.
-Madre ma.
Madre ma.
-Qu?
-Pues que la he liado un poco.
Bueno, un poco ms de un poco.
!
Ay Dios mo, que de esta no salgo viva!
-Pero, por Dios, cuenta.
-Llam el padre Cosme, el de la Iglesia de la Concepcin de ah del pueblo.
Pues, que quera hablar con Pedro sobre la boda.
Y le he contao que estos no se casan.
-Qu?
-Y a ellos que el padre est en las ltimas.
Total, que he anulado la boda.
!
Ay, qu horror!
Soy la peor persona del mundo.
-Madre.
-Bueno, hija, qu quieres que te diga?
A m no me parece tan mal.
-No?
-T no queras que Pedro y Rosa Mari se separaran?
Pues ya est, hecho.
Y a lo hecho, pecho.
-Hombre, visto as... -Rita, yo te entiendo.
Que a m me hubiera encantado que Cristina hubiese desaparecido del mapa.
Pero, t sabes lo que has hecho?
-Ya, ya lo s.
Me he equivocado y lo voy a arreglar.
Cmo?
No s.
Cundo?
Tampoco, pero... dadme tiempo, que voy a encontrar -el momento y el valor.
-Seoritas, Clara, preparada para meter marchas?
-Hasta luego, chicas.
No me ibas a ensear a conducir?
-Vmonos, anda.
-Ya luego.
S, s, s, s.
-No te preocupes.
-Vamos a empezar por el principio.
-Esto es un coche.
-A ver, que no soy idiota.
-Arranco ya?
-No, no, no, no.
Clara, sin ninguna experiencia conduciendo.
Vamos por partes.
Paso nmero uno: el asiento.
Bastante cmodo.
-Llegas bien a los pedales y al volante?
Muy bien.
Los espejos.
Tienes que ver todo lo que hay a tu alrededor.
Si no es as... Muy bien.
Muvelo.
Perfecto.
Qu haces, Clara?
-Chico, que me he visto los labios hechos un asco.
Y as no voy a ningn sitio, ni andando ni en coche.
-Dios mo, dame fuerzas.
-No te empieces a quejar que es un momentito.
-Ya est.
– Los pedales: acelerador, freno, embrague.
-Un momento, un momento, que eso es un lo.
Esto es el embrague?
-Y para qu es?
-Para cambiar las marchas.
Por ejemplo, para arrancar.
Dejas pisado el embrague y muy poco a poco, muy poquito a poquito, lo vas soltando y vas apretando el acelerador.
-Poquito.
-Embrague, acelerador.
-Arranco?
-S.
-Pero qu pasa?
Esto no va. -O el coche se ha estropeado por arte de magia o tienes el freno de mano puesto.
-Mateo, eso no me lo has explicado?
-Dnde est ese chisme?
-Est aqu.
Yo lo bajo.
Lista?
-!
Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay!
-Qu ha pasado?
-Tenas una marcha puesta.
-Qu marcha?
-A este paso, -la marcha fnebre, hija ma.
-Mira, Mateo, es que estoy harta ya de tus ironas.
No me lo ests explicando bien.
-Clara.
La conduccin no es lo tuyo.
A ti, como el resto de las mujeres, lo que necesitas es que alguien te cuide, que te lleve a todos los lados, que te trate como una princesa.
Qu digo como una princesa?
Como una reina.
-Se acab.
Ya no quiero aprender.
-Nos volvemos.
-Clara.
-He dicho que nos volvemos.
-Muy bien, pero llevo yo el coche, no?
-Doa Elena, -S.
-Tiene un segundo?
-Claro.
-Bueno, quizs no sea el mejor momento, pero...
He estado pensando en lo que hablamos el otro da.
-S.
-Quiero encontrar a Esteban.
-Yo no quera poner tu vida patas arriba.
-Lo s, lo s.
Pero no puedo seguir haciendo como si no existiera.
Quiero verle.
Quizs ya no tenga sentido, pero si no lo intento, me voy a arrepentir toda la vida.
-Ests segura?
-No.
Pero nos debemos una conversacin.
Necesito hacerlo y no s ni por dnde empezar a buscar.
-Bueno, estaba en Barcelona hace un par de aos.
Me escribi una carta desde all.
Si no me equivoco.
Ven.
La carta deca que estaba como director general de una empresa textil en Barcelona.
-Telas Montero.
-S.
No creo que sea difcil encontrar el nmero de telfono.
A lo mejor est trabajando all todava.
-Gracias.
-Dmelas cuando le hayas encontrado.
Todo va a ir bien.
Tranquila.
-Y si no quiere saber nada de m?
-Creme si te digo que s lo que sientes.
Pero no esperes a que sea demasiado tarde.
-Gracias, Isabel.
-S, creo que era el director comercial.
-Lo siento, pero desde hace dos aos el director comercial es el seor Mata.
-Pero, Esteban Mrquez trabaj all?
-No lo s.
Llevo poco tiempo en esta empresa.
-Mire, seorita, para m es muy importante encontrar a este hombre.
-Si le parece, puedo preguntar a mis superiores.
Dgame su nombre y su telfono y le devuelvo -la llamada en cuanto pueda.
-Gracias.
Tome nota.
-No me diga que est tratando de averiguar lo que hay dentro.
-Disculpe, Don Emilio, es que creo que hay un error, porque viene con remitente de Cuba y a nombre de una tal Isabel Navarro, y aqu no trabaja nadie con ese nombre.
-Bueno, se tratar de un error.
Yo me encargo de arreglarlo.
Usted siga con su trabajo.
Sabes que podan haberte descubierto.
-Emilio ni siquiera saba que terminara llamndome de otra forma.
Eran de mi padre.
-Son preciosos.
-Quiero que los tenga Alberto.
Es la excusa perfecta para decrselo.
No me queda mucho tiempo.
[ msica suave] [gritos] -Ay, por favor, por amor de Dios, !
qu susto me has dado, Ana!
Si llego a tener unas tijeras en la mano, -te las hubiese clavado.
-Pero, qu haces aqu?
!
El turno termin hace horas!
-Cmo?
Qu hago aqu?
Qu haces t aqu?
-Yo pregunt primero.
-El buen jefe es el primero en entrar y el ltimo en salir.
!
Te toca!
Yo... -Qu llevas ah?
-Nada.
-Qu llevas aqu?
Qu es esto?
Ana, a dnde vas con esto?
No estars robando material del taller?
Pero, cmo puedes acusarme de algo as?
-No s.
Quiz porque te acabo de pillar escapando a hurtadillas del taller con unas cremalleras -que no son tuyas.
-Qu iba a devolver maana por la maana, en cuanto abran las tiendas -para comprarlas.
-Y qu vas a hacer con ellas, Ana?
No me mientas.
-Estoy cosiendo para otra tienda.
-Qu?
Qu?
-!
Calla!
Ests cosiendo para otra...?
Para otra tienda?
Lo saba, lo saba, lo saba.
!
Saba que escondas algo!
-Ral, por favor, que si nos pillan, -nos matan.
-Y qu me ests pidiendo?
-Que sea tu cmplice?
-S.
Ral, empec a hacerlo en una poca muy mala.
Lo estaba pasando muy mal.
Necesitaba llenar mi vida con algo, una va de escape.
Y diseando era la nica manera de olvidar un poco mis problemas.
-Yo tambin olvidaba mis problemas as.
Ahora, justo cuando me pongo a dibujar, es cuando aparecen los problemas.
-Pero, qu tontera es esa?
Viniendo de uno de los mejores diseadores de este pas.
-Ya no, Ana.
Puede ser que lo fuera, pero ya no.
Enrique me est esperando arriba y no tengo nada que ensearle.
Estoy vaco.
Y si alguien se entera de esto, estoy acabado.
-Por m no te preocupes.
Por m no se van a enterar.
Te lo prometo.
Y espero que de esto tampoco.
-No, si yo... La verdad es que llevo toda la noche en el taller y no he visto a nadie.
-Ni de qu has visto mis diseos.
-Es que realmente no los he visto.
-Te apetece?
-Pero t eres Phillipe Ray?
T eres Phillipe Ray?
Pero si yo me he estado imaginando continuamente a un gordito afrancesado con bigote.
-Y eres t, Phillipe Ray?
-Pero conoces a Phillipe Ray?
-Querida, todo diseador debe conocer qu se cuece en su ciudad.
Hay que saber quin empieza a despuntar, quin cae en desgracia.
Y eso es algo que usted tendra que empezar a tener en cuenta para el futuro, seor Ray.
-Y qu te parece?
-De verdad quiere conocer mi humilde opinin, seor Ray?
-Soy todo odos.
-Me gusta tu estilo y la ejecucin es perfecta.
Enhorabuena.
Pero... Te falta ambicin.
doa Aurorita de no son las de Velvet.
-Pero suean con serlo.
La gordita suea con ser delgada.
La bajita suea con ser alta.
La pobre suea con ser rica y la rica suea con ser ms rica todava.
Esa es la moda: soar.
Veo tus bocetos y s que ests trabajando duro.
S que ests intentando vestir a todas esas mujeres de doa Aurorita.
No lo hagas.
Piensa en una.
Solo en una.
Y te convertirs en la mejor diseadora de este pas, despus de m, por supuesto.
-Gracias.
-Mira, cuando diseaba mis primeros bocetos lo haca en secreto para Asuncin.
Era una amiga de mi madre.
Era elegante, delgada, etrea.
Ella fue la inspiracin que yo necesitaba.
-Pero Ral, t no necesitas musa.
Lo que te sobra es talento.
-Pero a veces el talento se duerme y hay que volver a despertarlo.
Tengo que encontrar a Asuncin.
seor Ray.as, Tengo que encontrar a Asuncin.
[golpes a la puerta] -Voy.
-Puedo pasar?
-Claro, pasa.
-Molesto?
-No, no.
Solo estaba leyendo.
-Puedes marcar la pgina en la que estabas y dedicarnos un minuto a m y a esta botella de champn.
-Y esto?
-Ya no te acuerdas de nuestro primer brindis?
La noche de Reyes.
Adems, este ao tenemos mucho que celebrar.
Nuevo ao, nueva coleccin, nueva diseadora.
Un brindis solo.
Te lo prometo.
-Un brindis solo.
Est todo tan bonito, Alberto.
Gracias.
-Las cosas cambian, pero no pueden cambiarnos a nosotros.
Porque este ao tenemos muchas cosas que compartir.
Todava me debes una respuesta.
Nunca has pensado en dejarlo todo?
-Alberto.
-Qu?
-Soy el nico que suea con una vida mejor?
-No, yo tambin lo hago.
-Un brindis, caballeros.
-Por el reencuentro.
-Por el reencuentro.
-Pues s que estamos bien.
-Y por esta copa.
Despus de tres semanas a base de mantequilla de yak, -esto es el paraso.
-No sabes lo que te admiro, Lucas.
No tiene que ser fcil coger la mochila y ponerse a dar vueltas por el mundo.
-Deberas probarlo.
Estoy seguro de que te iba a encantar.
Vente.
-No lo descartes.
-Lo mismo digo.
Tanta ciudad me angustia.
No te ras.
Estoy cambiando.
-En serio?
Dselo t, Alberto.
-Est cambiando.
-Est cambiando.
-Mateo, por favor.
T eres incapaz de pasar un solo da -sin tu cera del pelo.
-Perdona.
No eres el nico que tiene la capacidad de sufrimiento aqu.
-Lo dices por las clases de conducir?
-Es verdad.
Qu tal han ido?
-Sobre ruedas.
Clara es una alumna estupenda.
Y te digo que en tres das ser capaz de conducir -con los ojos cerrados.
-Mateo, por favor.
A nosotros no nos puedes mentir.
Nos puedes contar la verdad.
No habis discutido ni un poquito.
-Todo lo contrario.
Nos ha unido muchsimo ms, si es que eso es posible.
-Me alegro.
Veo que sigues teniendo buena mano con las mujeres.
-Ya te he dicho antes que hay cosas que no cambian nunca.
Eso es verdad.
Bueno, Alberto, qu tal?
Qu tal tu vida de casado?
-Otro whisky, por favor.
-Eso es que va muy bien, no?
-!
Ana!
-!
Hija!
-Que no voy a subir ah.
Que no me veo.
Te lo digo, no me veo.
-Pero si vas a estar guapsima, Rita.
Todos los clientes te lo van a querer comprar todo a ti.
-Ya vers.
-Parezco una profesora de matemticas?
Si es que yo no valgo para esto.
-Y ya est.
-Lo vas a hacer fenomenal.
Adems, qu es lo peor que te puede pasar?
Que te devuelvan al taller, pues total, te iban a devolver igual.
Piensa que ests ensayando para un futuro en Phillipe Ray y ya est.
-Venga, que en peores plazas se ha toreado.
[ msica animada] -Fuera.
[ msica animada] Rita, ests guapsima.
-Gracias.
Creo que es la primera vez que me dices algo as.
-Nerviosa?
-S, mucho.
-T tienes mucho desparpajo.
Lo vas a hacer muy bien.
-Pero sabes qu?
Tambin estoy nerviosa por otras cosas.
-Por?
-Tienes un minutito -para hablar?
-S, s, s.
-Es sobre tu boda y lo de que... ya sabes, lo de que no, no os podis casar.
-Ah, bueno, bueno.
Rosa Mara tiene un disgusto.
-Yo realmente... -Pedro, por favor, deja que te lo diga.
Pedro, es que si no... djame que acabe, porque le llevo dando ya muchas vueltas y es importante para m decirte esto, vale?
-Vale, vale.
Pues dime, dime, dime.
-A ver, que... a veces nos equivocamos, verdad?
Porque a veces uno se deja llevar por el impulso y otras veces no, y luego te quedas pensando, qu hubiera pasado si yo hubiera hecho esto o lo otro?
-Te entiendo, te entiendo, pero por favor, dime, dime, dmelo ya.
-Otras veces, el impulso te puede y terminas haciendo cosas que a lo mejor no deberas, porque, porque haces dao a la gente que aprecias.
-Totalmente, totalmente.
Pero por favor, por favor, dime, dmelo.
-Lo que voy a decirte es desde el corazn, y no quiero que te enfades.
-Cmo me voy a enfadar?
-Me alegro porque... -Pedro.
-!
Pedro!
!
Pedro!
!
Pedro!
Resuelto el problema.
Dselo a t, hijo.
-Que hay boda.
-Cmo?
-Cmo que nos casamos?
-S.
-Pero habis hablado con el padre Cosme?
-No, mujer.
Estando enfermo, me lanc a la calle y fui preguntando por las iglesias y encontr una que tiene fecha.
-No me estoy enterando, me acabo de perder.
Nos casamos aqu en Madrid?
-S, bueno, es que era eso o casarnos -dentro de un ao en el pueblo.
-Y qu se viene todo el pueblo aqu a Madrid.
Mi familia, mi familia odia Madrid.
-No te preocupes, porque no les va a dar tiempo.
-Por qu?
- Os casis maana.
-Maana?
Maana son Reyes.
Maana no podemos casarnos.
Maana son Reyes, Manolito.
-Son Reyes Magos.
-Qu mejor regalo para nuestro Manolito?
-Me tengo que ir.
-Oye, Rita, te quiero en primera fila, eh?
-Ponte guapa.
-Rita.
Rita.
qu me ibas decir?
Por favor, dmelo, dmelo.
-Cmo te vas a casar maana?
-Pues, casndome primo, casndome en una iglesia.
-Un cura, un monaguillo.
-Lo que haga falta.
Menos con lo que ms falta hace.
-Tengo el anillo.
-El amor, primo, el amor.
Que t A Rosa Mari no la quieres.
-La tendr que querer de alguna forma.
-Primo, es la madre de mi hijo.
-Ya, pero no es Rita.
-Ya, pero es que a m, a mi Rita no me quiere.
-!
Jons!
!
Jons!
Pnganse en la fila con sus compaeros.
Se puede saber a qu se debe esa cara de carnero degollado?
-No.
Yo estoy, yo estoy muy bien.
Estoy en mi mejor momento.
Vaya.
-Maana me caso.
-Maana?
-Maana.
Usted puede ser mi padrino?
-Es una gran responsabilidad.
Est seguro de qu es lo que quiere?
-Es que no se me ocurre nadie ms responsable que usted.
As que, muchas gracias, Don Emilio.
-Pedro.
-Dgame.
-Todava no le he dicho que s.
-Pero usted no me puede decir que no.
No diga que no.
[ msica de navidad] -Ral?
-Es usted Asuncin?
-La misma.
-Quiere sentarse?
-Claro.
-El gran diseador Ral de la Riva.
La ltima vez que te vi eras un cro enclenque, y mrate ahora, todo un diseador de xito.
Mientras que el resto de nios le daban patadas al baln, t te pasabas la vida viendo viejas revistas de moda de los aos 20.
Dibujabas una y otra vez a esas mujeres preciosas con esos collares largusimos de perlas.
-S, estaba obsesionado con ese estilo.
Los flecos, las boas.
-Todas esas mujeres dibujadas con esos sombreros preciosos.
-Todas esas mujeres eran usted.
-Siempre decas eso, y yo miraba aquellos dibujos y esas mujeres con esas piernas tan largas, tan esbeltas.
Ral, esa mujer no era yo.
Estaba dentro de ti.
Ya me habra gustado a m tener esa figura, pero yo siempre he sido como me ves ahora.
-Asuncin.
-Dime.
-Usted no solo fue mi inspiracin en mi infancia, lo sigue siendo ahora.
Gracias, muchas gracias.
Muchas gracias.
Me gusta el sombrero.
-Hombre, Ral de la Riva, cunto tiempo.
-Lo s.
S que tenamos una cita y no sub, y lo siento.
Lo siento de verdad.
-Me decepcionas, Ral.
Aunque la culpa es ma por haberme creado tantas expectativas.
-Pero no se ha equivocado hacindolo.
Y se dar cuenta cuando le ensee lo que estoy preparando.
-Usted dir.
-Dos das?
Necesito dos das y tendr la mejor coleccin que haya visto jams.
Dos das?
-Dos.
-No se arrepentir, se lo juro.
[ msica de navidad] -Carlos.
Compras navideas de ltima hora.
No te preocupes.
A m me pasa lo mismo.
Por favor, trabajo en unas galeras y todava no le he comprado el regalo a mi mujer.
-Puedes crertelo?
-La verdad es que no.
Hace semanas que tengo el regalo de Ana.
-Qu le has comprado?
A lo mejor me das alguna idea.
-Es una sorpresa.
-No te preocupes.
S guardar los secretos.
-No, eso lo s.
-Cmo?
-Ana me confes que t y ella fuisteis novios.
Me habl de una relacin que tuvo con la que haba sufrido mucho, pero no me dijo que fuera con su jefe.
-Si no te ha dicho nada, es porque no te quiere preocupar.
-Pero por qu iba a preocuparme?
Si de eso hace mucho, no?
ormas, t ahora ests casado y ella me tiene a m.
-Me alegro, Carlos.
No ms que yo.
-Nos vemos esta noche?
-Perdona?
si no te importa.
Cristina me ha invitado a m y a Ana a probar ese magnfico roscn.
-Ana.
-Hola, Alberto.
-Hola, Ana.
Nos vemos esta noche.
-Esta noche?
Por qu?
-Cristina nos ha invitado a una fiesta de Reyes en su casa.
-Y te apetece ir?
-Claro, por qu no?
Lo mejor en estos casos es actuar con normalidad.
Y si t lo has conseguido, por qu no iba a hacerlo yo?
-Me alegro que lleves tan bien que Alberto y yo -hayamos estado juntos.
-Eso no cambia nada.
Simplemente le pongo cara al tipo que te hizo tanto dao.
T lo has superado, verdad?
-S.
-Pues ya est.
No hace falta darle ms vueltas.
[golpes a la puerta] -Adelante.
-Don Alberto.
-Hola, doa Elena.
-Puedo hablar con usted un momento?
-S, por favor.
Sintese.
Usted dir.
-Bueno, esto es para usted.
-Para m?
-Felices Reyes.
Y por qu?
-Bueno, por todo.
No s, porque gracias a usted estoy trabajando y porque tengo una vida otra vez y una ilusin.
-No s qu decir.
-No diga nada, bralo, ande.
-Son preciosos, doa Elena.
Pero esto tiene que haberle costado un dineral.
-Eran de mi padre.
-De su padre?
-Se llamaba Alberto.
En muchas cosas, usted me recuerda a l.
-Pero si eran de su padre, no... tiene que tenerlos alguien de su familia.
No los puedo tener yo.
-Alberto... -Perdn, no saba que estuvieran reunidos.
-Disculpa, Ana, nos puedes esperar fuera?
-Claro.
-No, no, no, no, es que yo ya me voy.
Seguiremos hablando en otro momento.
-Muchas gracias, doa Elena.
-Va todo bien?
-Me los acaba de regalar.
-Son preciosos?
-Eran de su padre.
[golpes a la puerta] -S?
-Doa Elena, puedo pasar?
-S, claro.
Pasa hija.
Vena a disculparme, interrump en su conversacin con Alberto y me dio la impresin de que no haba llegado en buen momento.
-No pasa nada, hija.
-Me ense los gemelos que le regal.
-Son preciosos.
-S, s que lo son.
Por eso quera que los tuviera mi hijo.
-Ana, soy la madre de Alberto.
-La madre de Alberto muri cuando l era un nio y se llamaba Isabel.
-Isabel Navarro, soy yo.
Y llevo todo este tiempo hacindome pasar por otras personas para estar cerca de mi hijo.
-Pero por qu?
Por qu hicieron pensar a todo el mundo que estaba muerta?
-Es una historia muy larga.
Cuando el padre de Alberto, Rafael, se vino para ampliar el negocio aqu y montar las Galeras Velvet, conoci a Gloria.
Regres a Cuba al cabo del tiempo para dejarme y yo ya tena a mi hijo Alberto.
zo creero quit e hi a todos que yo estaba muerta.
-Y ha estado all todo este tiempo?
-Claro, ya se las arregl l para que yo no saliera de Cuba.
As que cuando supe que haba muerto, hice las maletas y me vine para ac.
Si no llega a ser por tu to... -Mi to lo saba?
-Claro, Ana.
Somos amigos de toda la vida.
As que te pido que me guardes este secreto, que sea entre las dos, porque quiero ser yo quien se lo diga.
-Por qu no me lo cont?
Que doa Elena es la madre de Alberto.
-Y t cmo te has enterado?
-Ella misma me lo ha dicho.
Cmo ha podido engaar a todo el mundo durante todo este tiempo?
-Eso es algo entre Isabel y Alberto.
A ti no te incumbe, Ana.
-Se da cuenta de que llevamos toda la vida alimentando una gran mentira.
-T qu habras hecho?
-No lo s.
Lo que fuera.
Pero, qu clase de hombre puede separar a una madre de su hijo?
Don Rafael era un monstruo, pero usted, cmo ha podido ayudarle todos estos aos?
Isabel lleva meses en estas galeras fingiendo ser una persona que no es, engandonos a todos, incluido su hijo.
Por qu?
Por qu no dijo la verdad desde el principio?
-Ella no te ha dicho nada.
-Decirme el qu?
-Isabel se est muriendo.
-Clara.
-Lucas.
Qu haces t por aqu?
-Eso me gustara saber a m.
No tengo ni idea de qu comprarle a mi madre y mis tas.
Estoy un poco sorprendido.
Esto es carsimo.
-Bueno, y qu esperabas?
Esto es alta costura.
-Si Mateo te compra todos tus regalos aqu, debes estar muy contenta.
-S, s.
Contento me tiene.
-Por?
Ha pasado algo?
No fueron bien las clases de conducir?
-Prefiero no hablar del tema.
-Vale, si no quieres.
-No es que fueran mal, es que fueron fatal.
Y cmo van a ir si durante toda la clase me ha tenido ah como si yo fuera una intil.
-Vaya, lo siento mucho.
-S, ms lo siento yo, que no s si voy a ser capaz de volver a coger un coche.
ualmente hoy voy a hacer unas fotos al campo.
Si quieres, cuando acabes, podemos ir a dar unas clases.
Mi coche es una carraca viejsima, pero bueno, para empezar, todava le quedan algunos kilmetros.
-Entonces lo decas en serio?
Haras eso por m?
-Claro que s.
-Muchas gracias, Lucas.
No s cmo compensrtelo.
-Puedes ayudarme a encontrar los regalos de mi madre y mis tas.
-Hombres, ahora que yo con ellas no s si voy a acertar.
-Seguro que s.
-Sgueme.
-Muy bien.
Muy bien.
Espera.
Gira hacia el otro lado.
Un poquito ms por all.
Ah.
-Muy bien.
-!
Qu vergu enza!
-Esto no es lo mo.
-Qu dices?
Lo ests haciendo muy bien.
Clara, ests guapsima con esta luz.
-Pero no bamos a conducir?
-Eh?
Ah, s.
S, s, s.
Perdona, que... es que me he dejado llevar.
-Empezamos?
-S.
-Vale.
-!
Uy!
Al revs.
-Perdn.
-All voy.
-Todo tuyo.
!
Arranca!
-Pero as, sin ms explicacin?
No me vas a contar lo del embrague?
-Las marchas y los espejos.
-Embrague, marchas, espejos?
Sabes que existen?
No?
Suficiente.
Venga.
Clara, puedes conseguir todo lo que quieras.
Solo tienes que confiar en ti.
Y ahora acelera.
!
Frena, frena!
[estruendo] -!
Madre ma!
!
Madre ma!
!
Qu vergu enza!
Lucas, Lucas, lo siento.
-No, no, no, no, no.
Bueno, no pasa nada.
Todo el mundo comete errores.
-Errores?
Si llego a estrellar el coche de Mateo, me mata.
-Ya, pero es que yo no soy Mateo.
-Lo siento, Lucas.
Pues habr que conseguir una gra, no?
-S.
[timbre telefnico] -Galeras Velvet.
-Le llamo de Telas Montero.
Estoy buscando a doa Blanca Soto.
-Quin ha dicho que le llama?
-Satisfecho con las telas que le he mostrado.
-Mucho la calidad de las sedas.
-Doa Blanca, acaban de llamarla por telfono.
-Gracias.
-Pasaba por all y me tom la libertad de coger el recado.
Era una de las secretarias de Telas Montero.
Me piden que le diga que no saben cmo localizar a Don Esteban Mrquez.
Doa Blanca, despus de todo el dao que le hizo, por qu quiere volver a verle?
-E l no fue el culpable de lo que le pas.
Rafael hizo de todo para librarse de Esteban.
E l se enter del embarazo mucho ms tarde, o ya no haba remedio.
-Eso no es posible.
Rafael no pudo ser capaz de hacer eso.
-Rafael era capaz de hacer cosas mucho peores y t lo sabes.
-Lo s.
No hace falta que me lo recuerdes.
Pero tambin s que Esteban no era de fiar.
A m nunca me pareci una buena persona.
Es posible que Rafael le evitara un dao mayor.
-Eso no lo sabe Don Emilio.
Ni yo tampoco.
Por eso necesito volver a verle y enfrentarme a l.
Escuchar su versin de las cosas.
Por no hablar de que Don Rafael no era nadie para decidir sobre mi vida.
-Hace un ao estuvo por aqu.
Quera proponerle un negocio a su hermano.
Don Rafael me orden que le impidiese entrar en los almacenes.
No obstante... no obstante, me entreg una tarjeta por si su hermano cambiaba de parecer.
-Gracias.
Y ahora, si me disculpan.
-Todo esto no va a traer ms que problemas.
-No fue precisamente Esteban el que trajo los problemas a nuestras vidas.
-Rafael?
-S, Rafael.
Rafael te dio trabajo.
S, pero... y todo lo que te ha ido robando por el camino, Emilio?
Abre los ojos.
E l nos ha estado manipulando y utilizando toda la vida.
No le debes nada.
Nada.
[ msica suave] -S, perdn, Esteban Mrquez?
Esteban.
Perdona, no te haba reconocido.
Ha pasado mucho tiempo.
Soy Blanca.
Blanca Soto.
-Manolito, te quieres tranquilizar?
Mira, vamos a ver.
El ans y los polvorones para los Reyes y para los pajes.
La lechuga y el cubo de agua.
Para quin?
-Para los camellos.
-Para los camellos.
Ven aqu.
Anda.
Ven aqu.
-Nervioso?
-No, y t?
-Hombre, ya los mayores no nos ponemos nerviosos por estas cosas.
No.
-Que no.
Que si est nervioso por la boda de maana.
-S, s.
S, porque uno no se casa todos los das.
-Y viviremos juntos?
-Hombre, no s.
Le tendremos que pedir permiso a don Emilio.
-Y si no podemos vivir aqu?
T te iras de las galeras a vivir a otro sitio?
-No lo s, no lo s, Manolito.
Pero lo que s s es que hoy es nuestra primera noche de Reyes juntos.
Pero no va a ser la ltima, a qu no?
No.
Vamos a estar siempre juntos.
Nadie nos va a separar.
Me lo prometes?
Me das un abrazo?
Ven aqu.
Venga, vamos a dormir, que como te pille los Reyes despierto, al final no te regalan nada.
-!
Primo!
-Qu hace aqu el nio?
-Por qu...?
Porque quera pasar la Noche de Reyes con su padre.
-Pero qu noche de Reyes?
Para ti es otra noche.
La ltima como soltero.
Vente para ac.
-Primo, de verdad... T te crees que yo tengo cuerpo para esto?
-Bueno, tena que intentarlo, primo.
Oye, primo, yo no soy mucho de decir esas cosas porque no hablo mucho de mis sentimientos, pero... sepas que me doy cuenta de lo que te est costando esto.
-Realmente me est costando.
-S.
-Pero, bueno, todo lo hago por mi hijo.
Por forjar una familia porque... porque dicen que todo va a ir bien.
-Todo va a ir bien, primo.
Y que estoy aqu para lo que sea, porque eres mi primo de sangre.
Pero es que eres mi mejor amigo tambin, y te quiero, primo.
O sea, de hombre a hombre.
Pero te quiero.
Te quiero.
Oye, te vas a olvidar de Rita y todo esto pasar?
-Buenas noches.
-Pasa Feliz Noche de Reyes.
-Igualmente.
-Carlos.
Perdn por el retraso.
-No te preocupes.
Vamos.
Seorita.
-Est seguro de que esto es buena idea?
-Ana, dea si t sera mala i no hubieras pasado pgina.
Y lo has hecho, verdad?
Porque si no lo has hecho, creo que deberamos hablar de ello.
-No.
S.
Ya est.
-Bien.
Vamos a disfrutar de la cena.
-Y esto?
-Me apeteca.
[ msica animada] [timbre] -Buenas noches.
-Buenas noches.
-Buenas noches, Sara.
Muchas gracias por venir.
-Gracias a ti por invitarnos.
-Alberto, ven.
-Ha llegado Sara y... -Mi marido.
-Encantado.
-Alberto Mrquez y su esposa, Cristina.
-Un placer y un honor tenerle en nuestra casa.
Conozco su obra y soy una gran admiradora.
-Al menos alguien que conoce mis esculturas en este pas.
-Mi marido no es muy conocido en Espaa todava.
-Mi arte es un tanto arriesgado para el pblico espaol.
-Por favor, estis en vuestra casa.
-Bienvenidos.
-Gracias.
-Qu pareja tan curiosa, no?
-Buenas noches.
-Buenas noches.
-Buenas noches.
-Bienvenidos.
-Gracias por la invitacin.
Tenis una casa preciosa.
-Verdad, Ana?
-S, muy bonita.
-Ana conoce la casa.
-S.
La invitamos cuando estaba trabajando en mi vestido de novia.
-Ana, esta noche ests... -Est preciosa, lo s.
-S.
-Gracias.
-Bueno, tenemos champn, roscn.
Por favor, pasad y pasroslo muy bien.
-Gracias.
-Gracias.
-Ana.
Ana.
Ay, perdn.
Me la puedo llevar un momento?
-Puedes.
Puedes.
Siempre y cuando me la devuelvas.
-Muchas gracias.
Muchas gracias, Ana.
Porque he vuelto a disear.
He vuelto a disear.
He vuelto a mis races.
ntr mi musa, la mujer que me inspiraba -en mis primeros diseos.
-Ah, s?
Y?
-Las musas solo existen en la cabeza, solo la tena idealizada, porque no era ni tan alta ni tan delgada ni tan guapa como yo la recordaba, sino ms bien todo lo contrario.
Pero en cuanto la mir a los ojos, me encontr conmigo mismo, con mi propia esencia.
Y apareci la luz.
Y tengo la idea.
-Pues me parece genial, porque as estoy segura de que guardars mi secreto.
-Bueno, mis labios estn sellados, siempre.
-S, si lo de viajar est muy bien, pero no me negars que como en casa, en ningn sitio.
-Puede que en el Tbet o en Guinea no tengan tantas comodidades como nosotros, pero all cada da es una aventura.
-As es.
-Patricia.
Todo esto que te estoy contando te interesa mucho.
-A que s?
-S, s, me interesa muchsimo.
-S?
Conoces a los Nuba?
Es una tribu muy especial.
-Ah, s?
-Viven desnudos.
-Un poco ms de roscn?
-Un trozo ms y exploto.
Vigilando a tu enemiga, supongo.
-Mateo, cmo es que me conoces tan bien?
-No te das por vencida, eh?
-Por alguien que merece la pena, nunca.
-Brbara.
-Mateo, simplemente disfruto viendo cmo te preocupas por m.
No estoy acostumbrada a que nadie me cuide.
Parece que alguien le toca pagar el roscn.
-Quin te ha visto y quin te ve?
Antes eras el terror de las chicas.
-Deben ser cosas de la edad.
Pero vamos, que aqu cada uno tiene sus cosas, no crees?
-Desde que han llegado, Carlos no para de restregarme -lo felices que son.
-Qu poca vergu enza.
Ni que fueran novios.
-Ah, no me vas a apoyar en esto?
-Te estoy apoyando en esto.
Voy a por una copa, vengo ahora.
-Me disculpas un momento?
Me das un trocito?
-Te lo preparo como a ti te gusta, con una guinda y un toque de chocolate.
-Todava te acuerdas?
-Claro.
os gemelos puesto l que te regal doa Elena.
-Es la primera vez que un trabajador me regala algo.
Me haca ilusin.
Ests bien?
-Alberto, hay algo que debes saber.
-Doa Elena no es la mujer que crees que es.
-Cmo?
-Una fiesta estupenda, verdad?
-S, s, pero ya es muy tarde.
Me tengo que ir.
Gracias por todo.
-Ana?
-Si la presentacin tiene la mitad de xito que esta fiesta, todo ir sobre ruedas.
-Me he llevado muchas sorpresas esta noche.
No saba que tenas marido.
-No me lo habas preguntado.
-Hola.
-Se divierte?
-S, bastante.
Es la primera vez que los ves juntos?
-Bueno.
-Su marido es un hombre apuesto.
Y Sara, mi mujer.
Bueno, usted ya la conoce.
Trabajando tan cerca el uno del otro, era lgico que algo pasara.
-Perdn?
-Su marido y mi mujer.
Sara puede hacer lo que quiera.
Nosotros tenemos una relacin abierta.
Y me imagin que ustedes tambin.
-No, yo no.
-Ay, perdn.
Cre que lo saba.
-Mi marido...?
-No hay nada malo en ello.
Nadie puede vivir encadenado a una sola persona.
-Seoras, seores, damas y caballeros, quisiera hacer un brindis por los anfitriones de esta fiesta, que han conseguido que por primera vez en mi vida, la Navidad no me resulte tan terrorfica.
Por los tres Reyes Magos y las migas de doa Concha.
-Perdn.
[ msica de navidad] -Dime que no te has acostado con Sara Ortega.
!
Basta!
No quiero or ni una palabra ms.
-Saba que esta historia iba a acabar mal.
-Fue un error.
La noche no tena que haber terminado as.
-Mateo, qu haces t aqu?
-Vengo a recogerte para llevarte a la iglesia.
-Pero, t qu te has credo?
No voy sola.
Tengo una cita.
-Una cita?
Con quin?
Mi hermano?
-T qu haces?
-Yo, pues nada.
-Qu voy a hacer?
-Vas a venir a la boda?
-S, voy a la boda.
Ya he tomado la decisin -y no hay ms que hablar.
-Pero, qu haces as?
Que la que llega tarde es la novia o el novio.
-T ests nervioso, primo.
-No estoy nervioso.
-Me va a dar un infarto.
-Es que es normal.
Si es que esto es cosa de machos.
-Manolito, el que se casa soy yo.
Quieres que entre y te ayude?
-Sonre.
Te casas.
-Qu hora de Radio Intercontinental.
Que cmo gan el concurso, quieren que vuelva a cantar en San Valentn.
-Pero, Luisa.
-Quieres contarme algo?
-Voy a ver a Esteban.
-Tenga cuidado.
-Usted dir.
-No me llamo Elena.
Soy Isabel Navarro.
Soy tu madre, Alberto.
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