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Butterfly Wings
10/04/24 | 1h 13m 8s | Rating: TV-MA
When Don Rafael presents his latest collection, his son returns home from his studies abroad. Alberto doubts his father’s business strategies and refuses to abandon his love for Ana--a seamstress at the emporium.
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Butterfly Wings
[ Alba Llibre: "Falling in Love"] -El mundo de la alta costura est de enhorabuena.
Dentro de una hora comienza el desfile inaugural de temporada que, como cada ao, celebran las conocidas Galeras Velvet y al que acudirn algunos de los ms importantes personalidades del pas.
Los mejores diseadores del momento como Pertegaz, Balenciaga o Yves Saint Laurent, firman modelos en exclusiva para Velvet.
Situadas en el mismo corazn de la capital, las Galeras Velvet demuestran un ao ms porque son sinnimo de calidad, lujo y elegancia.
-Para el Diario Ya.
Cmo se encuentra?
-Feliz, feliz e ilusionado.
Muchas gracias.
-Ha regresado su hijo despus de mucho tiempo fuera.
Son ciertos los rumores de que va a dejar el negocio en sus manos?
-Si creen que alguien va a retirar a mi padre, es que no le conocen.
-Una ltima pregunta, por favor.
Qu espera con este desfile?
-Rafael, Rafael!
-Don Rafael!
-Hacer felices a nuestras clientas, lo que hemos conseguido siempre.
Y ahora, si nos disculpan... [ msica suave] -Tengo dos chicas fuera, si vas a sumarte puedo conseguir otras dos.
-Cmo ests, Mateo?
-Feliz de que ests aqu.
-Alberto!
-Un segundo.
-Luego nos vemos.
-Ests preparado?
Esta noche quiero que seas t el que haga la presentacin del desfile.
[suspiro] -Podemos hablar un momento, padre, por favor?
-Qu sucede?
-Aqu no.
[ msica suave] [campanilla] [ msica suave] [campanilla] [conversaciones indistintas] [campanilla] -Parece que las cosas no van bien con pap.
-Ya tema que tu padre te hubiese secuestrado toda la noche.
-Hola, Cristina.
Cmo ests?
-Estas fiestas son un autntico aburrimiento, menos mal que ya te tengo a ti aqu para hacerme compaa.
-Tampoco te creas que yo soy ms divertido.
-Bueno, eso djame decidirlo a m.
Adems, si nos aburrimos podemos buscar algn otro tipo de entretenimiento.
Por qu no nos vamos a un sitio ms tranquilo?
-El desfile est a punto de empezar.
-No se lo digas a tu padre.
Pero no he venido por los vestidos.
[ msica suave] -A qu piso van?
-Al tercero.
-Al tocador.
-S, al tocador, al cuarto.
Debe de ser la nica mujer en esta fiesta que no sabe en qu planta est el tocador.
No conoce nuestras galeras?
Pero lleva uno de los vestos ms emblemticos de nuestra coleccin.
Me equivoco, seorita?
Ah, vale, vale, que no va a contestar a mis preguntas.
Pues tendr que adivinarlas.
Por el acento es espaola.
Tampoco tiene ninguna alianza, o sea que no hay ningn marido que le est esperando en la fiesta.
Y no lleva joyas, eso dice mucho de usted.
Es una mujer sencilla.
Estoy acertando?
Estoy acertando.
-Es usted muy observador.
-S, s.
Mira, una cosa que tenemos en comn.
Porque confesar que a usted le gusta observar tanto como a m.
-En eso tiene razn.
-Entonces reconocer que me estaba mirando.
-No le miraba a usted, miraba a la fiesta.
Por cierto, felicite a su padre por ella.
Y aunque no lo crea, no todo gira a su alrededor.
[ msica suave] -Qu guapa!
Qu ests haciendo?
-Mejor no pregunte, Rita.
-Te vas?
-S.
Dale esto a mi to, por favor.
Te quiero.
-Yo tambin, nena.
-Cudate mucho.
[ msica suave] -Te ha seguido a alguien?
-No.
-Ests segura?
-S.
Arranca.
[ msica suave] -T confas en m, s o no?
-S.
-Te prometo que todo va a salir bien.
Ya lo vers.
[neumticos chirran] [estruendo] [ msica suave] -Habindose dignado el omnipotente Dios sacar de este mundo a nuestra hermana Carmen, ahora difunta, nosotros encomendamos su cuerpo a la tierra.
Tierra a la tierra, ceniza a la ceniza, polvo al polvo.
Con la confianza segura de la resurreccin de la vida eterna mediante nuestro Seor Jesucristo, el cual transformar nuestro cuerpo para que sea semejante a su glorioso cuerpo.
[ msica suave] Ya es la hora, Ana.
-Prefiero quedarme aqu, padre Andrs.
No quiero ir a la capital.
-Hay veces en la vida en que uno no puede elegir.
Es el hermano de tu madre, tu nica familia.
Y es un buen hombre, ya vers.
Adems has tenido suerte, en la vida le ha ido mucho mejor que a todos nosotros, tiene un buen trabajo, es el dueo de unas grandes galeras de moda, lo sabas?
Cuidar bien de ti, ya lo vers.
[ msica suave] [claxon] [bullicio] [ msica suave] [conversaciones indistintas] [ msica suave] -Te pareces a tu madre.
-Gracias.
-Han parado en Astorga?
Buenas mantecadas.
[ msica suave] Estas son las galeras, eh?
No, no, no, no, por aqu no, por aqu.
[ msica suave] Vamos, no distraigas a las chicas.
A doa Blanca no le gusta.
Vamos.
Ven.
Pasa.
Puedes guardar tu ropa en el armario, yo apenas lo uso.
-El padre Andrs dijo que era usted el dueo de estas galeras.
-Ve deshaciendo la maleta.
No, no, no, ah no, en el colchn.
[ msica suave] -Aparta tus manos mugrientas de ese vestido!
Pero sabes cunto vale esa tela, seda trada de Londres?
Ni toda tu vida podras reunir el dinero para pagar un metro.
Quin te ha dado permiso para entrar aqu, eh?
-Pensaba que no haba nadie.
-Ya, e ibas a robar, no?
-No.
-Oye, encima, no se te ocurra hablarme con esa prepotencia.
-Algn problema, doa Blanca?
-Ella es el problema, la he encontrado en mi taller.
Voy a llamar a la polica.
-No hace falta, es mi sobrina.
-Su sobrina?
Y qu hace aqu?
Cree que puede meter aqu a una chiquilla como si esta fuera su casa?
-Sus padres han fallecido, no tiene otro sitio donde ir.
-Pues aqu tampoco.
Bsquese la vida, como hemos hecho el resto.
-Si no me equivoco, su hija s tiene una abuela con la que quedarse.
-Las normas son las normas, y estn para cumplirlas.
-Puedo hablar con don Rafael?
-Est ocupado, si quiere esperarle... -Gracias.
Sintate.
-A quin vamos a ver?
-A don Rafael, el dueo de los almacenes.
-Le jur que yo no iba a robar nada.
-No debiste entrar all sin permiso, ni all ni en ningn otro sitio.
[balbuceos] -Buenos das.
[ msica suave] Alberto!
-Quin es?
-El seorito Alberto, el hijo de don Rafael.
-Don Emilio, cuando quiera puede pasar.
-Gracias.
Vamos.
-No podemos permitir que los almacenes Oxford consigan ese acuerdo.
Adelante!
Si tengo que decirle lo que tiene que hacer para evitarlo, entonces para qu le pago?
-Con su permiso, don Rafael.
-Pase, Emilio.
Por el amor de Dios, no se disculpe.
Quin es esa jovencita?
-Es mi sobrina, es la hija de mi nica hermana.
Est aqu porque su madre ha fallecido esta semana.
-Vaya, cuanto lo siento.
Si necesita algo, cualquier cosa, si est dentro de mis posibilidades, estar encantado de ayudarle.
-De eso precisamente quera hablarle, don Rafael.
Mirad, la nia no tiene ms familia que yo y haba pensado si puede quedarse a vivir conmigo.
-Aqu, en las galeras?
Emilio, esto es un negocio, tenemos unas normas y si las tenemos es por un motivo.
Si le permito a usted, que adems es el jefe de dependientes que se quede con ella aqu, con qu derecho puede decir a otros empleados que no pueden traer a sus hijos, sobrinos o hermanos?
-Y qu hago con ella?
La dejo en la calle o en un orfanato?
-Me gustara poder ayudarle, pero no puedo, lo siento.
-Mande.
[timbre de telfono] Esprame, sintate aqu.
Quieta ah.
-No hemos terminado la conversacin?
-No, yo no.
Sabe que respeto a su familia y sabe que le respeto a usted.
Hemos pasado muchas cosas juntos, unas buenas, otras no tanto.
Pero siempre les he sido leal.
-Y por eso tiene usted mi consideracin, Emilio.
-Y espero tener tambin su ayuda.
Nunca le he pedido nada.
-As que eso es lo que cuesta su fidelidad y su silencio.
[ msica suave] -Qu hacen?
-Estn preparndolo todo para el desfile de presentacin de temporada de esta noche, es el primer ao que lo hacen y estn histricos.
-Cmo te llamas?
-Ana.
-Yo soy... -Alberto, el hijo de don Rafael.
-Alberto!
Alberto!
Dnde ests?
-Tu madre.
-No es mi madre.
Es mi madrastra.
Mi madre est muerta.
-La ma tambin.
-Ese vestido me encanta.
-Lo has cosido t?
-El dobladillo.
Solo me dejan coser los dobladillos.
Pero mi to dice que si me esfuerzo mucho un da voy a ser cortadora.
Y a lo mejor hasta trabaj con un diseador.
-Con quin?
-No s, con uno que sea famoso entonces.
Uno como Phillipe Ray.
-Quin es Phillipe Ray?
-Nadie, pero a que suena bien.
Es un buen hombre.
Francs.
Todos los buenos modistos son franceses.
Trabajan en Pars... -As vamos a tener que irnos a vivir a Pars.
-Eso parece.
T sabes hablar en francs?
-Lo que me ensean en el instituto.
-Pues yo no voy a ir al instituto, as que vas a tener que ensearme t.
[ msica suave] [aplausos] Tengo que volver al taller a ayudar a las chicas.
[ msica suave] -Rpido!
Cuntas veces tengo que repetirte las cosas?
[ msica suave] -Vamos.
-Adnde exactamente?
Parece mentira.
Y con la sobrina de Emilio, el jefe de dependientes.
Dime, qu voy a hacer contigo?
-La quiero, padre.
Quiero estar con ella.
-Te lo he dicho de mil maneras.
Las cosas no son tan sencillas!
Hay barreras que no se deben saltar y mundos que no se deben mezclar.
-Me da igual quin sea.
-Esto se acab.
-Qu va a hacer?
Va a echarla?
-Maana mismo te vas a Londres.
-Usted no es quien para decirme lo que debo o no debo hacer.
-T hars lo que yo te diga!
-No puede obligarme.
-Puedo porque soy tu padre!
Todo lo que tienes me lo debes a m!
-Yo no le debo nada!
-Ni l entiende por qu no echas a esa chica y a su to de aqu, Rafael.
Ni l.
-Ana!
Ana!
Ana!
[golpes en la puerta] Ana!
Ana!
Ana!
Ana!
[sollozos] breme!
Ana!
Ana!
[ msica suave] -Ana!
Ana, que llegamos tarde otra vez.
-Ya voy!
-Ya es ya, no maana!
-Estaba terminando de hilvanarlo.
-No s cmo, despus de todas las horas que pasamos aqu, an tienes ganas de hacerte tu ropa.
-Doa Blanca ya estar en el taller.
Queris que nos doble el trabajo?
-Y ese vestido?
-Quin te ha dicho que es para m?
-Entonces?
-Cinco pesetas por arreglo.
-Pero t ests loca?
Si doa Blanca se entera, puede despedirte.
-Se lo vas a decir t?
-Esas medidas son de cristal?
-S, me las compr ayer.
Te gusta?
-S, que te d as el sueldo.
-Tampoco te creas, pero tengo una hermana estupenda que me hace los vestidos.
-Pues seguro que tambin le gustan unas medidas como esas.
-Ya te regalar unas.
-Ya.
Se quejar.
Trabaja la mitad que nosotras y cobra el doble.
Esto es as.
Cuando nacimos Dios reparti la suerte y le dio la buena a mi hermana.
-Pero bueno, chicas!
Cmo nadie me haba dicho antes que haban puesto un jardn de flores en las galeras?
-Porque as se aseguraban de que ningn torpn lo pisaba.
-Mira, si alguien se atreve a pisar una flor tan bonita como esta mujer, se las tendra que ver conmigo.
Preciosa!
-Pedro, las cartas le esperan en la entrada.
-Perdn, don Emilio.
-Todos a sus puestos.
Esta semana es importante para las Galeras Velvet.
Demostrmosles a los almacenes Oxford quines somos.
[ msica alegre] -Seoritas, no escucho las mquinas de coser ni las tijeras.
El modelo de Caroline Dubac, vamos, a qu estn esperando?
-Recuerden, aqu no vendemos ropa, vendemos alta costura, exclusividad, calidad, clase.
Y nuestras clientas no vienen aqu solo por todo eso, sino por el trato que nosotros sabemos que merecen y que, por supuesto, les vamos a dar.
Es la hora.
Caballeros, abran las puertas.
[ msica alegre] -Quin ha cosido el tocado?
-He sido yo, doa Blanca.
-Y usted se lo ha dado por bueno?
-Lo di por bueno porque considero que est bien.
-De verdad?
Esta le parece manera de coser un tocado de alta costura?
Usted es la responsable del modelo.
Si una de sus oficialas no cumple con su trabajo, ya sabe quin asume el error.
Empiecen otra vez desde el principio.
-Con todos mis respetos, doa Blanca, no estoy de acuerdo con usted.
-Perdona?
Qu ha dicho?
-Que est bien hecho.
Seguimos el patrn del diseador, indica claramente cmo hacerlo.
Puede comprobarlo usted misma.
-Sigues siendo la misma nia engreda que lleg a estas galeras.
No tengo nada que mirar.
Si yo digo que se vuelve a hacer, se vuelve a hacer sin discusin.
Entendido?
Entendido?
-S, doa Blanca.
[al unsono] -S, doa Blanca.
-Y ahora a trabajar.
Quiero que todo funcione como un reloj.
Si nunca podemos permitirnos errores, maana muchsimo menos.
Cada pequeo fallo aqu abajo se multiplicar por diez all arriba en el desfile.
Y si eso sucede, juro que la responsable terminar en la calle con una carta de despido antes de que acabe la semana.
-Disculpe, doa Blanca.
Ha llegado un telegrama para usted.
-Gracias, Pedro.
Vamos, seoritas.
No tenemos todo el da.
[ msica suave] [timbre de telfono] -S?
-Don Rafael, doa Blanca necesita verle.
-Que venga ms tarde.
-Dice que es muy importante.
-Est bien, que pase.
-Se puede?
-Pase, pase usted.
Ests bien, Blanca?
-Lelo t mismo.
-Y esto qu quiere decir?
-No lo s.
No s cmo me ha encontrado.
-Ha llegado ya Alberto?
Ah, perdona, Blanca.
-No se preocupe, yo ya me marcho, doa Gloria.
-S, ocpese de todo, luego continuaremos.
-Cre que el vuelo haba llegado haca ya una hora.
-Se habr retrasado, he mandado un coche a recogerlo.
-Qu prisa tienes de que se incorpore a la empresa.
-Gloria, necesito a alguien que se ocupe de la gestin.
Y no va a haber nadie mejor que mi hijo.
Ha estudiado para ello y ha trabajado en una de las mejores galeras de Londres.
Por algo le hemos mandado fuera estos aos, para que percuta nuestro negocio.
-Yo crea que haban sido otros los motivos.
-Cuando yo falte, mi hijo heredar el negocio.
-l y tu hija, no?
Que tambin tienes una hija, Rafael, recurdalo.
-Ya hemos hablado de eso.
-No, cario, lo has hablado t.
Y siempre tengo la misma sensacin que no piensas lo suficiente en ella.
-Patricia no est preparada.
-Pero s ha estudiado en los mejores colegios, cario.
Y adems se ha criado aqu.
Ha llevado todos tus vestidos, conoce perfectamente las galeras.
-No ha trabajado nunca.
-Eso tiene muy fcil solucin.
-Alberto ha cogido experiencia en el extranjero.
Y adems es un hombre, un hombre con las ideas claras.
Patricia no sabe ni lo que quiere hacer.
-Se lo has preguntado?
-Es demasiado joven.
-Tiene la misma edad que tenas t cuando empezaste con tu primer negocio, no?
-Aquel con el que me arruin?
-Ah t vers, Rafael.
Ahora solo te digo una cosa, eh?
Ojal no te equivoques, porque como te vuelva a defraudar tu hijo, esta vez no voy a estar yo all para consolarte, ya lo sabes.
-Le ha dicho que no, se lo dije.
-Sois sus hijos los dos por igual.
Y no voy a permitir que te deje fuera de las galeras.
-No se engae, madre.
Nunca hemos sido iguales para l.
Solo que Alberto no estaba.
Pero ahora que ha vuelto, todo volver a ser como antes.
-Don Emilio?
-Dgame, Carmen.
-Doa Cayetana tiene una prueba, pero he llamado a los talleres y mi madre... Quiero decir, doa Blanca, no contesta.
-No se preocupe, Carmen, yo me encargo.
Rita, doa Blanca?
-Acaba de salir justo en este momento, don Emilio, pero si le puedo ayudar yo en algo, dgame.
-Quiero dos modistas para que vayan a atender a una clienta.
-En estos momentos es un poco complicado, porque estn todas ocupadas con los ltimos remates de la coleccin.
Y adems usted sabe que a doa Blanca no le gusta que nos movamos sin su permiso.
-Doa Blanca est aqu ahora?
-No.
-Subid y atended a la clienta.
-S, don Emilio.
-Yo creo que la vea tan mola que... -Cunto tiempo tengo que tener una clienta esperando para hacer la ltima prueba?
-Haba mucho trabajo en el taller, vinimos en cuanto pudimos.
-No me cuentes tu vida, no me importa.
Est estupenda.
-Gracias, querida.
A ver qu opina mi marido.
Francisco!
Francisco, ven a mirarme el vestido!
Qu te parece?
-Ests maravillosa, querida.
-El corte es perfecto.
-Ni que lo digas.
-Uno de los mejores modistos del momento.
Y tenemos la exclusividad de sus modelos en Espaa.
-Ah.
-Fjese esta noche en el desfile porque hay un par de ellos que parecen pensados para usted.
-Lo har.
-Yo tambin.
Y mi chequera.
-Adems, me han dicho que este ao hay una sorpresa para el desfile.
El hijo de don Rafael, Alberto.
No viene de Londres para la presentacin?
Ay!
-Perdn, doa Cayetana.
-No, no importa.
-Pues s.
Llegaba esta maana, segn tengo entendido.
-Un chico estupendo, Alberto.
-Seora Salgado, buenos das.
No deberas estar aqu.
-Por qu no me dijo que llegaba hoy?
-No saba que tena que tenerte al corriente de las decisiones de la familia Mrquez.
Pero s, vuelve.
Por desgracia.
Porque cuanto ms lejos estuviese, mejor sera para todos.
Te importa?
-No.
-Entonces no hay ningn problema.
-Cundo llega?
-No lo s, y si no te importa no deberas preguntarlo.
Vuelve al taller.
Y qudate ah.
Hazme caso.
[ msica alegre] -Emilio.
Cmo est?
-Bien, gracias.
Me alegro de que est de vuelta.
-Qu tal todo por aqu?
-Bueno, la competencia de los almacenes Oxford es muy fuerte, pero resistiremos.
-Y mi padre?
-En su despacho.
Quiere que le avise?
-No, no, no se preocupe.
Me s el camino.
No ha cambiado nada por aqu.
-Bueno, ya sabe lo que se dice, "Las cosas no cambian, cambiamos nosotros".
-Me alegro de verle, Emilio.
Hasta luego.
-Hasta luego.
[ msica alegre] -Disclpenme.
Buenas tardes.
-Buenas.
-Buenas tardes.
-Tendrs que pasar por encima de mi cadver si quieres quedarte con las Galeras Velvet.
-Para ser as de obstinado se ha de poder cumplir lo que se promete, querido.
Y por lo que yo s... -T no sabes absolutamente nada.
-S que los almacenes Oxford han ido aumentando y aumentando sus ventas en los ltimos tres aos.
Adivinas a quin estamos quitando los clientes?
-Fuera de mis galeras!
Ahora mismo!
-No pierdas las formas de esa manera, Rafael.
Imagnate qu dira la gente si supiese que has echado a tu propia hermana de malas maneras.
Yo te he ofrecido mi ayuda.
Haya t si no quieres aceptarla.
Pero t decides.
Vender tus galeras.
O que desaparezcan.
-Sabes?
Yo no podra dormir por las noches si dedicase mi vida a aprovecharme de la desgracia ajena.
-T tienes algo que nos hace diferentes.
Se llama moral cristiana.
-Alberto!
-Ta.
Cmo le va?
-Muy bien.
As que era verdad que venas para ayudar a tu padre.
-Cmo est?
-Bien.
Cundo vas a venir a visitarnos?
-Qu quiere, que me desherede?
-Nos veremos pronto.
-Don Rafae... -Y ahora qu pasa?
-No me esperaba tan buen recibimiento.
-Alberto.
Hijo.
-Qu tal, padre?
-Has entrado as en las Galeras?
-Es la moda londinense, no le gusta?
Fue usted el que me oblig a estudiar all.
Y tambin me animo a... -Sin duda tendra que haber elegido Pars.
-Sigue en forma, eh, padre?
-Por suerte he pedido a sastrera que te hiciesen un traje para la fiesta de maana.
-Qu tal van los preparativos del desfile?
-Bien, bien.
-Y los modelos?
-Quieres verlos?
-Claro.
-Ven.
-Y este es el ltimo, modelo segn el patrn de Pertegaz.
Va con estola de piel y guantes.
-Gracias, Blanca.
Podra dejarnos a solas?
Qu?
No dices nada?
Tanto inters en ver ya la coleccin y ya te has quedado mudo.
-Es fiel al estilo de las Galeras.
-Muy diplomtico.
Pero de que triunfe o no depende de nuestras ventas del prximo ao.
Y de las ventas, los beneficios.
Esta temporada la competencia est siendo especialmente dura.
-Ya lo s, ya lo s, padre, por eso creo que es importante hacer algo que sea distinto.
Algo que sea nuevo.
-Y t crees que esto no es nuevo?
Adelante, dime, te escucho.
Qu has pensado?
-Pierre Cardin.
-El del traje de la burbuja?
-Despus de lo que ha hecho ese hombre con la moda, nada va a ser lo mismo.
-Venga, por favor, Alberto.
Ese hombre no cose para nuestras clientas, Alberto.
-Tambin dijeron lo mismo de Dior cuando cre el New Look y mira.
Si queremos que nuestro negocio avance, tenemos que avanzar nosotros con l.
Y la nica forma es arriesgando y apostando.
Yo apuesto por Pierre Cardin.
-Hijo, nosotros no ofrecemos novedad, sino exclusividad.
Alta costura.
-Es alta costura.
-Bueno, veremos por cunto tiempo.
-Usted para qu me ha llamado?
No deca que confiaba en mi visin?
-Ya, pero yo esperaba que tuvieras una visin ms de acorde con el espritu de nuestro negocio, hijo.
-Ya.
-Alberto, confo en ti, de verdad.
Mucho.
S que vas a volver a atraer el xito a nuestra empresa.
Solo tienes que encontrar la forma de hacerlo con lo que tienes.
Intntalo [ msica suave] -Ests bien?
-Y me sonre.
-Y cmo sonre, hija.
-La verdad es que tenas razn, a su padre no se parece.
-Oye!
Que ests casada!
-Bueno ya lo s, pero est en Santoa, adems ojos tengo no?
Y con todo lo que nos ha hablado de l.
-Bueno, da igual, ya no me importa.
-Luisa!
-S?
-Tienes una llamada.
-No sigis sin m.
-No te importa.
-[inaudible].
-S?
S, soy yo, dgame.
Tena la revisin, y el mdico dice que se ha puesto peor.
-Ya vers como todo mejora.
-No s qu voy a hacer sin l.
-Ay, no digas eso, Luisa.
-Hace dos aos estaba feliz pensando que bamos a tener hijos y ahora mrame.
-Bueno, la vida puede cambiar a mejor.
-Para nosotras.
Y encima yo aqu que no puedo ni estar con l.
-Pero ests aqu por l.
-Yo no s si merece la pena, me vine para pagar los mdicos, pero el nico tratamiento que hay para l no puedo pagarlo.
Ni pidiendo limosnas.
-Buenas tardes.
-Hola, Alberto.
-Hola, Gloria.
Cmo est?
-Bien.
Tu hermana y yo no hemos querido esperar a la cena para verte, verdad?
Bueno, ests...?
-Mal vestido?
Ya se ha encargado mi padre de decrmelo, no se preocupe.
Espero que no te revisen el vestuario todos los das.
-No hace falta.
-Hasta luego.
-Te marchas?
-S, he quedado con unos amigos.
-Alberto, llama a Cristina, la hija de don Gerardo.
Me encontr con ella la semana pasada y me pregunt por ti.
Le dije que llegabas hoy, que la llamaras.
-Ya la llamar, padre, hay tiempo.
[suspiro] -No vais a salir?
Por m no os quedis, eh.
Iros a tomar algo.
Yo voy a llamar a casa y me voy a acostar.
-Pues te esperamos y te vienes.
-Qu no, hombre, qu no.
Iros vosotras.
Y a ti, Ana, que te va a venir bien airarte.
-Venga, aunque sea un rato.
– A las 22: 30 estamos de vuelta.
-Gracias.
-Pensaba que no ibas a salir.
-Qu haces aqu, Alberto?
-Esperarte.
Hola.
-Hola, Alberto.
-Te puedo invitar a tomar algo?
-No, me voy con mi amiga.
-Pero si hace mucho que no nos vemos.
-Pues yo no me he movido de aqu en todo este tiempo.
-Me estabas esperando a m?
-Ms quisieras.
-Era una broma, mujer.
No te vayas.
-Oye, de verdad, que no importa, Ana.
Que no te preocupes.
Que ya voy yo sola al bar.
Que seguro que tienes muchas cosas de las que hablar.
-No.
-No te enfades!
-[inaudible] la pista.
-Perdn, est equivocado.
No hemos pedido nada.
-S, se lo enva aquel caballero de all.
-Dgale, por favor... Rita!
-Es un San Francisco, me encanta el San Francisco.
-Podemos hablar un momento?
-No.
Y el hecho de que nos invites a una copa no quiere decir que te la puedas tomar con nosotras.
-Camarero!
-Lo siento, pero el bar est cerrado.
Tienen que marcharse.
-Pues vaya.
-Ustedes no, seoritas.
-Y eso?
-Venga, vamos.
-Se lo ha dicho Alberto.
-Vamos.
-Puedo ser muy pesado y pedirte que te tomes algo conmigo todos los das hasta que me digas que s.
As que t veras.
-Que no.
-Hija, si tiene tanto inters... -Rita.
-Qu quieres?
Que cierre todos los bares de Madrid?
-No.
Djame.
-Di que s, guapa.
Deja a este mindundi y vente conmigo.
-Caballero, est molestando a la seorita.
-Eso tendr que decrmelo ella.
-Tendra que aprender un poquito ms de educacin.
-Me vas a venir t a m a hablar de educacin?
-Vas a tomar algo conmigo as o no?
-Eh?
-Alberto, djalo.
Alberto, djalo!
Alberto!
Alberto.
Duele?
-No.
[quejido] S, un poco, un poco, s.
Pues al final he conseguido que hables conmigo.
No te imaginaba por aqu, la verdad.
Te imaginaba en Pars.
Trabajando para el modisto este que te gusta a ti.
-Claro, pero de momento tengo que conformarme con ver las colecciones en las revistas.
A lo mejor con un poco de suerte un da Doa Blanca se jubila, soy yo la que viaja con tu padre a Pars a elegir los modelitos.
Bienvenido al mundo real.
T qu esperabas, Alberto?
Que te recibiera con una sonrisa?
-Que te alegrases de verme.
-Siete aos esperando por ti, por una carta, por una llamada, por algo.
-Te escrib una carta todos los meses durante el primer ao.
Ana, te escrib todos los meses, te lo juro.
Que mi padre o tu to no te quisiera dar las cartas es otra cosa, pero te juro que te escrib.
Ana, Ana.
A m me mandaron a Londres para que me olvidase de ti y yo no me he olvidado de ti.
Y t?
Te has olvidado de m?
-No es un poco tarde para estar aqu?
-Disclpela, ha sido cosa ma, he tenido un accidente.
-Ya.
-Buenas noches.
-Qu voy a hacer contigo?
-Me escribi?
-Quin?
-Alberto.
-Ni una sola vez.
-Y por qu l dice que s?
-T qu crees?
Escchame, l es el seorito, el dueo, y t eres su empleada.
El seorito ha viajado, ha estudiado, ha conocido unas cuantas seoras, unas cuantas, y seguro que a todas las ha dejado con una cara muy parecida a la que t tienes en este momento.
Te dije que te apartars de l.
-Fue l el que vino a buscarme.
-l no estuvo aqu esos aos, oyndote llorar por las noches.
Fui yo.
-Lo s.
-Y quieres volver a sentir lo mismo?
Pues es cosa tuya.
Antes era mi responsabilidad.
Ahora, si cometes un error, t cargas con las consecuencias.
Don Rafael puede perdonar una vez, pero no perdona dos.
Y yo tampoco.
-Hola.
Buenas noches.
-Al menos te has dignado a aparecer.
-No saba que tenamos visita, padre.
Qu sorpresa, Cristina.
Me dijiste que me ibas a avisar cuando llegases a Madrid y al final me he tenido que enterar por tu padre.
-Si llegu esta tarde, no me ha dado tiempo.
-Lo s.
Que no, que es broma.
Es que tuve que ir a las Galeras a recoger mi traje para maana y tu padre insisti en que viniese a saludar.
-Te quedars a cenar, verdad, Cristina?
-Muchas gracias a los dos, pero creo que hoy es una noche para cenar en familia.
Adems, nos veremos maana en la presentacin.
-Alberto, hijo, por qu no acompaas a Cristina a la puerta?
-S.
Claro.
-Estudiar fuera te ha sentado muy bien.
-A ti Madrid te ha sentado muy bien tambin.
-Pues mira, has tenido suerte.
Esta semana la tengo bastante libre para cenar.
Y despus, hasta puede que te deje llevarme a tomar una copa.
Nos vemos maana en el desfile.
-Hasta maana!
[golpes en la puerta] -Luisa, has visto a Rita?
Qu haces?
-Ya lo s, pero es que no encuentro otra manera de conseguir el dinero.
Entindeme, t tambin lo haces.
-Y estas telas?
-Del taller.
-Pero t ests loca?
Yo hago arreglos, no confecciono ni cojo patrones del taller y muchsimo menos telas, que doa Blanca sabe perfectamente los metros que tiene.
-Son telas de la temporada pasada, no tienen por qu enterarse, no las vamos a usar.
[golpes en la puerta] -Luisa?
Abre inmediatamente.
-Abre, abre.
Ya no es hora de estar en el cuarto de ninguna compaera.
Vamos.
Y Rita?
-Creo que est en el bao, doa Blanca.
-Cree que nac ayer?
Vamos a su cuarto.
-Luces apagadas!
Crees que no me he dado cuenta de que te has recortado la falda?
El uniforme es igual para todas.
Ese es el nico sentido que tiene.
-Se habr encogido al lavarla, madre.
-Ese tejido no encoge.
Deberas saberlo.
Y saber tambin que el hecho de que don Emilio no se haya dado cuenta no quiere decir que puedas engaarme a m tambin.
Cundo entenders lo importante que es no llamar la atencin en el trabajo?
-Y cundo entender que a diferencia de usted, para m hay cosas ms importantes que estas Galeras?
-Deberas ser ms agradecida por tener un techo bajo el que vivir y un trabajo digno.
Y no ser como una de esas que espera que venga un hombre a sacarlas de aqu.
-Sabe que yo no soy una de esas.
-Eso espero.
No te eduque para eso.
-Buenas noches, madre.
-Que descanses.
Luces apagadas!
[ladridos] [golpes en la ventana] -Ana!
[golpes en la ventana] Ana!
[golpes en la ventana] Ana!
-Dnde estabas?
Que doa Blanca sabe que no has llegado.
-Pero qu hora es?
-Las doce.
-Ya?
Algn da ser tan rica que no tendr ni relojes en casa.
Qu tal con Alberto?
-Ojal no hubiera vuelto, Rita.
-Te queda chocolate?
-Venga, seoritas, no tenemos todo el da.
Quedan 12 horas para el desfile.
Rita?
-S, doa Blanca.
-Dichosos los ojos.
-Doa Blanca, yo s que ayer pas por mi cuarto y no estaba, pero le prometo que volv a tiempo, solo que estaba en el bao.
-Y por qu no la vi cuando fui a mirar all?
-Porque estaba en el de arriba.
Los de las Galeras estaban cerrados y usted no sabe lo mal que me he encontrado.
-Hgase un favor a s misma y cllese.
Estoy harta de sus excusas.
Si quiere vivir aqu cumpla las normas, porque la prxima vez que haga la ronda y no est en su cuarto, soy yo quien le pone las maletas en la calle.
Entendido?
-S, doa Blanca.
-A partir de hoy la quiero todos los das una hora antes en el taller.
-Todos los das?
Y hasta cundo?
-Hasta que yo lo diga.
[silbidos] -Ana, ha llegado un paquete y te lo he dejado en tu cuarto.
-Un paquete para m?
-S, yo no s ms, que simplemente soy un recadero.
-Gracias.
-De nada.
[ msica suave] -Es el que siempre te ha gustado, no?
-Qu haces aqu, Alberto?
-Traerte un regalo.
-Este vestido no es para m.
Vete antes de que te vea mi to.
-Ana, escchame, por favor.
-Qu quieres que te escuche?
Ms mentiras?
-Pero qu mentiras?
Cundo te he mentido yo a ti?
-No s, dmelo t.
-Nunca.
Nunca!
-A qu has venido, Alberto?
Te crees que por venir aqu con un vestido y decirme que el mundo va a cambiar te voy a creer?
-Yo me hubiera ido contigo!
-No!
Ya no te creo!
-Yo me hubiera ido contigo!
Qu pasa?
Que no te acuerdas?
Has buscado las cartas?
-Cartas?
Qu cartas?
No hay cartas!
-Joder con el cartero, por favor, Ana!
-Ya no est el mismo cartero.
-De las de hace tiempo no, pero te escrib hace un mes para decirte que vena, Ana.
Es que no entiendo, por qu piensas que te estoy mintiendo?
-Porque nunca me demostraste lo contrario!
-Las cartas las firmaba a nombre de Phillipe Ray.
Te he trado ese vestido porque quiero que vengas conmigo al desfile y porque me da igual lo que piense la gente.
Si vienes al desfile empezamos de cero.
Si no te juro que no te voy a volver a molestar.
Pero busca las cartas, por favor.
-Seoritas, no se detengan.
No queremos que les coja el fro.
Recuerden, paso lento, mirada al frente.
Y no se olviden de mostrar bien su nmero para que las clientas puedan hacer sus encargos.
-Dense prisa.
Pedro, la alfombra al centro, las sillas a ambos lados, diez centmetros de separacin, ni uno ms ni uno menos.
Cuidado.
Con cuidado!
[ msica suave] -Rafael!
-Don Rafael, Don Rafael!
Por favor, para el Diario Ya.
Cmo se encuentra?
-Feliz.
Feliz e ilusionado.
Muchas gracias.
-Ha regresado su hijo despus de mucho tiempo fuera.
Son ciertos los rumores de que va a dejar el negocio en sus manos?
-Si creen que alguien va a retirar a mi padre es que no le conocen.
-Una ltima pregunta, por favor.
Qu espera con este desfile?
-Don Rafael!
-Hacer felices a nuestras clientas, lo que hemos conseguido siempre.
Y ahora, si nos disculpan... [ msica suave] Alberto!
-Un segundo.
-Luego nos vemos.
-Ests preparado?
Esta noche quiero que seas t el que haga la presentacin del desfile.
[suspiro] -Podemos hablar un momento, padre, por favor.
-Qu sucede?
-Aqu no.
-Tan importante es esa conversacin que no puede esperar a maana?
-No puede esperar.
-Muy bien, hijo, pues, t dirs.
-Lo siento, padre, pero no voy a hacer la presentacin de esta noche.
-Por qu?
-Porque no me voy a hacer cargo de la empresa.
-Alberto, hijo, has terminado tus estudios y ahora es el momento de que colabores con la familia.
-Y de que me case.
Se le ha olvidado decir eso tambin.
-Cuando yo tena tu edad, ya tena un hijo de cinco aos.
-Pero es que esta no es su vida, padre.
Es mi vida.
-Alberto, hijo, nunca te he obligado a nada.
Solo he intentado guiarte... -Pues si no me obliga a nada, entonces aceptar que no me quiera hacer cargo de la empresa.
Esto va a seguir siempre igual, padre.
Y tenemos formas muy distintas de ver la vida y la empresa.
-Y t cmo la ves?
-La vida o la empresa?
Yo creo que a esta empresa le vendra bien ampliar el espectro de ventas y atraer a la gente joven, y con una presentacin como la de hoy no lo va a hacer.
-La gente joven no compra alta costura.
-Porque no hay alta costura para ella, a la gente joven no le gustan sus vestidos.
-A ti no te gusta.
-Ni a m ni a nadie que viva en el mundo de hoy.
-Muy bien.
Pues si tan claro lo tienes, coge tu dinero e invirtelo.
Arrisgate a perderlo todo.
Esa es la forma de gestionar una empresa.
Ya me canso, Alberto.
Ya me canso de tener que recordarte que vivimos de esas clientas.
Precisamente hoy que hacemos la presentacin de la nueva coleccin.
-Nueva?
Pero si llevamos diez aos haciendo lo mismo.
Nuestras clientas... -Mis clientas!
Son mis clientas!
-Sus clientas se mueren!
-Llevo 30 aos!
60 temporadas de alta costura!
Vas a venir t a decirme lo que les gusta a mis clientas!
-Usted no me quiere en esta empresa, padre.
Y yo tampoco me quiero quedar aqu.
Yo no he estudiado diez aos para recibir rdenes.
As no puedo.
Me voy.
-Adnde?
-A cualquier sitio donde pueda decidir sobre mi vida.
-Tiene razn tu madre contigo.
-Ella no es mi madre.
[puerta se cierra] [ msica alegre] -Venga, deprisa!
-Y doa Blanca?
Pero, y a ti cmo se te ocurre esto?
Nos van a poner de patitas en la calle!
Lo estoy viendo!
-No tiene por qu enterarse, yo no se lo voy a decir.
-Yo tampoco.
-Ni yo.
-Imbciles.
Y t de dnde has sacado el champn?
-Pues de dnde va a ser.
Los de arriba tienen preparadas cientos de botellas para la fiesta despus del desfile y no creo yo que van a echar de menos un par de ellas.
-Es cierto.
Quiz anoche no faltan las botellas, pero yo pienso decrselo a doa Blanca.
-Estbamos celebrando que hemos terminado a tiempo el trabajo.
-Pues brindad, brindad, ahora que an podis.
Os echar de menos cuando os despiden maana.
-Carmen, no se lo digas a doa Blanca.
-Y por qu no iba a hacerlo?
-O bueno, dselo.
Seguramente pensar que t no estabas en la fiesta y que el champn cay por casualidad en tu uniforme.
-Mala pcora.
Te voy a hundir la vida.
-Intntalo.
Por vosotras!
-Oye, pero bueno, qu pasa?
El champn abierto y aqu nadie me dice nada.
Esto qu es, por favor?
Oye, nos vamos a tomar unos vermut y echamos unos bailes?
-No me digas dnde.
-Dnde?
-Donde Luis.
-Bueno, qu malo tiene lo de Luis?
Eh?
-Nada, nada, Pedro.
Es un sitio muy sofisticado.
-Como si fuese por m.
Yo te llevaba y... Y te llevaba a otro sitio, pero ms lujoso, no?
Pero tenemos que ahorrar para nuestro futuro, para nuestros hijos, y as vemos a t hermana bailar, no?
-Para eso tendra que invitarme un chico guapo, que yo no bailo con cualquiera.
-Venga, vamos a donde Luis.
-Vamos a donde Luis.
-Nos vemos a donde Luis, eh?
-Chao.
-Pedro.
-Dime?
-Sabes si ha llegado alguna carta para m este mes?
-El qu?
Perdona.
-Que si ha llegado alguna carta para m este mes.
-No s, es que llegan un montn de cartas, Ana.
Lo siento.
-Mira, esta... El remite era de Phillipe Ray, una revista de moda de Londres.
-Phillipe?
Ah, s, s.
Lleg, pero se lo di a tu to.
No te lo ha dado?
-No.
[ msica suave] -Acabo de llegar a Londres y lo nico que pienso es que no ests aqu.
Te echo de menos.
Han pasado ya tres meses sin una carta tuya.
Dime que no me has olvidado.
Aqu todo es gris.
Las casas... Yo no dejo de pensar en ti.
Da igual cunto me separen de ti.
Eso no va a hacer que dejemos... Por favor, Ana, escrbeme.
Necesito saber que ests bien.
En fin, vuelvo a Madrid.
Quera que fueses la primera persona a enterarte, Ana.
[ msica suave] -Cre que no habas echado de menos las Galeras?
-Un poco.
-Ah, un poco.
-Y t me has echado de menos a m?
-Un poco.
Cmo es Londres, Alberto?
-Precioso.
A ti te encantara.
-Cmo viste la gente all?
-Eso es lo nico que te importa?
-Bueno, la ropa dice mucho de la gente que la lleva.
-Vente conmigo a Londres, Ana.
-Ests loco.
-Lo que estoy es cansado de hacer lo que se supone que tengo que hacer, y no lo que quiero hacer.
Ya no tenemos quince aos, Ana.
Quieres venir o no?
Te ha seguido a alguien?
-No.
-Ests segura?
-S.
Arranca.
[ msica suave] [golpes en la puerta] [golpes en la puerta] -Don Rafael?
Don Rafael?
[golpes en la puerta] Don Rafael?
Disculpe que le moleste a esta hora, Don Rafa... [gritos] [ msica suave] -Ay, Dios mo.
-Interrumpimos la programacin para informarles de un terrible acontecimiento del que acabamos de tener noticia.
Don Rafael Mrquez, dueo de las Galeras Velvet, ha sido hallado muerto esta misma noche.
[resuello] [neumticos chirran] [estruendo] -Ayuda!
Ayuda, por favor!
-Tiene un golpe bastante fuerte en la cabeza y es imposible determinar el alcance de la lesin hasta que no recupere la conciencia.
-Tu padre se cay desde la ventana del despacho.
-Eso es imposible.
En esa ventana hay una barandilla y nadie se cae a no ser que le tiris.
-Tu padre se ha suicidado.
-Ojal pudiera volver atrs y cambiar todo lo que le dije.
-Me encantara estar ah contigo, Alberto.
-Lo s, lo s.
Pero t tienes que descansar.
-Ana!
Ana!
-Estos das han sido muy difciles, Ana.
Yo no quiero huir ms de nadie.
Ya estoy cansado de tener que esconderme.
-Qu haces, Alberto?
-Hasta cundo piensas seguir avergonzndonos?
-Esto es amor!
No sabes de lo que te estoy hablando.
-Ah, y t s?
-S.
-Sabe que desapruebo tanto como usted esta decisin.
-Y por eso espero que me ayude a solucionarlo.
-Don Alberto, qu puede decirnos sobre la situacin econmica de las Galeras?
-No tengo nada que decir.
-Se rumorea que su padre no sufri un accidente.
-Cmo se pueden haber enterado?
Si no nos conceden este prstamo, estamos hundidos, Mateo.
-Diez millones suponen un compromiso para m.
Y quiero que t tambin te comprometas.
Mi hija y t tenis la misma edad, la misma educacin.
Ella est muy ilusionada contigo.
Si quieres ese dinero, ya sabes lo que tienes que hacer.
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